El mismo sacerdote que reescribió el Libro añadió diez capítulos nuevos que forman el Secundus liber . Comenzó a escribirlos el día 28 de abril de 1438, festividad de san Vidal. 88
El narrador del Libro generalmente se refiere a Margery, la protagonista, en tercera persona: ella, esta criatura, dicha criatura .
No pocos estudiosos mantienen que Margery no sabía leer ni escribir, basándose e interpretando al pie de la letra su afirmación de que era una iletrada . 89Confesión que debería reubicarse en el contexto cultural de la época sin interpretarla en ningún caso literalmente.
¿Fue realmente Margery una analfabeta funcional? En el siglo xv, la mayoría de las mujeres pertenecientes a la misma clase social que Margery estaban preparadas para leer en voz alta, las unas a las otras, obras de carácter piadoso, para llevar los documentos de los negocios, para leer la correspondencia básica y probablemente para escribir su propia correspondencia. La sociedad de la época era cada día más culta. Por eso sorprendería que, nacida y criada en una familia de la burguesía aristocrática de Lynn, Margery no aprendiera a leer. ¿Autocalificarse de iletrada no será una simple fórmula de humildad, un tópico literario convencional, como hizo su admirada Juliana de Norwich? 90Puede que se considerara iletrada simplemente porque desconocía la lengua de los hombres cultos: el latín.
¿Realmente Margery recurrió a los amanuenses porque no sabía leer ni escribir? ¿Fue por eso, también, por lo que pidió a terceras personas que le escribieran las cartas para su marido 91o que se sirviera de un joven sacerdote para que le leyera libros durante siete u ocho años, para gran aumento de su conocimiento y de su mérito?92 Sin embargo, Margery no dice que nadie le leyera la carta que le escribió su hijo desde Prusia ni que algún escribano redactara las que ella le envió. 93
Y, en relación con las antedichas lecturas del joven sacerdote, puede que haya que preguntarse si su tarea consistió simplemente en leer unos libros escritos en latín, una lengua que, no se olvide, Margery no entendía, 94o si, además, se los explicó y comentó. 95Si Margery no sabía leer, ¿por qué tenía su libro en la mano al caerle encima la bóveda de la iglesia de santa Margarita de Lynn? 96
Ser iletrada , al menos en el caso de Margery, no parece sinónimo de inculta. Porque, admitiendo que no supiera leer, el Libro aporta pruebas sobradas de que conocía bastante bien y estaba familiarizada con el contenido de la Biblia y de las principales obras espirituales y místicas que circulaban en Inglaterra: la Vida de María de Oignies , el Libro de santa Brígida , el Stimulus Amoris entonces atribuido a san Buenaventura, la Escalera de perfección de Milton, el Incendium Amoris de Hampole y otras parecidas. Dominaba perfectamente bien lo más importante de su contenido gracias a una memoria portentosa. Para escribir el Libro Margery no necesitaba recurrir a ningún documento ni consultar ningún libro. Dictaba lo que en cada momento le venía a la mente mientras el Libro se escribía. 97
Admitiendo, hipotéticamente, que Margery no fuera literalmente una analfabeta funcional, puede que una explicación plausible sobre la utilización de amanuenses esté en su convicción de no dominar suficientemente el lenguaje ni las estrategias formales de la escritura. 98¿Se limitaban los amanuenses de las santas mujeres del medioevo a escribir al dictado o eran ellos quienes elegían las palabras y organizaban el material narrativo bajo la supervisión de la mujer que dictaba? 99
Discuten los críticos si el sacerdote que escribió el Libro de Margery fue un simple amanuense, o si fue el verdadero autor, o algo intermedio. También se ha planteado la posibilidad de que se trate de un escriba de ficción utilizado por «Kempe» para desarrollar y dar autoridad legítima a la santa vida de «Margery». 100Igual que las vidas de ciertas místicas europeas fueron escritas por sus confesores, resultarían plausible que Margery eligiera a alguno de sus numerosos confesores para que escribiera su vida y con su autoridad avalara sus comportamientos, sus experiencias religiosas, sus meditaciones, sus revelaciones, sus visiones y sus profecías. ¿Fue este sacerdote Robert Spryngolde, que vivía todavía en 1436? Es obvio que los escritores no eran meros copistas, sino voces institucionales autorizadas de los textos sobre las vidas de las santas mujeres, los cuales verificaban su santidad.
Actualmente, las principales cuestiones sobre la autoría del Libro de Margery siguen siendo problemas irresueltos. Aún quedan muchos enigmas por aclarar. 101Considerado en su conjunto, el contenido del Libro sugiere que lo escribió algún experto conocedor de las tradiciones y de las tendencias místicas contemporáneas, así como del lenguaje y de las prácticas de la confesión sacramental y de la dirección espiritual. 102Por otra parte, el sacerdote que copió el Libro fue en parte testigo de la santa vida de Margery y por eso la situa en una comunidad donde la obra funciona como muestra de permanencia y autoridad. Acaso por ello, subraya de qué manera él mismo se «convirtió» y se «convenció» de la singular religiosidad de Margery. Este sacerdote, un converso de Margery, real o de ficción, da autoridad al Libro y fe de la santa vida de la protagonista. O, ¿fue el sacerdote quien escribió y dio forma a sus memorias e hizo de ella un personaje prácticamente de ficción?
Conviene considerar una de las tesis más sugerentes y extremas sobre la autoría del Libro: la enunciada y repetida por Lynn Staley. 103Según esta autora el Libro de Margery Kempe no sería ninguna autobiografía, sino una obra de «ficción». ¿La primera «novela»?, se pregunta Lynn Staley, que insiste en subrayar, razonándolo críticamente, la habilidad literaria de «Kempe» como una narradora autoconsciente que eleva a «Margery» a protagonista de la ficción que sería el Libro . Kempe, autora, habría explotado los recursos ordinarios de las biografías de las santas mujeres, de la prosa devocional o los tópicos de género circulantes para relatar y analizar los fundamentos estructurales de la sociedad urbana inglesa bajomedieval. Kempe, autora, habría situado sin ambigüedades el crecimiento espiritual de Margery y su cada vez mayor autonomía personal en el contexto de la ciudad bajomedieval, escrutando implícitamente los fundamentos, las instituciones dominantes, las formas de relacionarse las clases sociales y las circunstancias por las que atravesó la sociedad urbana inglesa durante los reinados de Enrique IV (1366-1413), Enrique V (1387-1422) y Enrique VI (1421-1471). Un período de relativa prosperidad y prestigio de Inglaterra.
Kempe, según Staley, sitúa a Margery no solo en ciudades relacionadas con la herejía de John Wyclif, fundador de los lollardos, sino también en un período de inquietud nacionalista, a partir de las cuestiones sobre la heterodoxia religiosa. Pero como la propia Margery, también serían «ficciones» la presentación de la vida en la ciudad, de la identidad nacional y de las instituciones eclesiásticas, y puede que refleje o no las realidades contemporáneas. Eligiendo una mujer como protagonista, la autora subraya simultáneamente el aspecto revolucionario de su manera de narrar y del contenido de la narración. Al servirse de una mujer como lupa, Kempe puede analizar los auténticos fundamentos de la autoridad en las relaciones sociales y eclesiásticas de la época.
Como ningún otro autor contemporáneo, Staley ha sacado a la luz las claves más determinantes de la «ficción» construida por Kempe: el recurso a los tropos de autoría; la explotación de las convenciones de las biografías sagradas; la utilización del lenguaje de género para explorar los problemas de la autoridad espiritual; y la manipulación de cuestiones importantes contemporáneas como la traducción vernácula y el nacionalismo.
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