Al comprobar el dominico que el arzobispo no la condenaba, pidió que la llevaran ante el duque de Bedford, a lo que el metropolitano se negó. Suspendido el interrogatorio, el fraile fue puesto bajo vigilancia lo mismo que Margery. Poco después, el arzobispo ordenó que condujeran a Margery hasta su cámara, recibiéndola echado en su cama. Eminentes clérigos vertieron más acusaciones contra ella, sin poderlas demostrar, y pidieron al arzobispo que la encarcelara. Pero, como sucedió en los otros procesos, Margery no fue condenada sino que obtuvo del arzobispo un documento con su sello dando fe de que ella misma se había defendido de las acusaciones de todos sus enemigos, que no existía imputación, ni error ni herejía contra ella que pudieran probarse. 62
Después de abandonar Beverly, nada más cruzar el río Humber, Margery fue encarcelada por lollarda. Pero una persona que estuvo presente en el interrogatorio del arzobispo de York se convirtió en garante de que no era lollarda , y de ese modo fue excarcelada.
Tras permanecer algún tiempo en Lynn, viajó con su marido a Londres para conseguir, según se había comprometido con el arzobispo de York, la carta y el sello del nuevo arzobispo de Canterbury. 63Después de obtenerlos, permaneció durante algún tiempo en Londres para admiración de numerosas beneméritas personas.
De vuelta a Lynn, la vida de Margery, que rondaba los cuarenta y cinco años, pasó por circunstancias y momentos extremadamente duros y difíciles. Sus convecinos le causaron mucha humillación, mucha reprobación, mucho desprecio, mucha difamación y mucha maldición debido a sus continuos llantos e incontenibles gritos y alaridos. Incluso Dios, según afirma en el Libro , la castigó con graves enfermedades, especialmente una disentería que a punto estuvo de poner fin su vida, e insoportables dolores de cabeza y de espalda, y un mal desconocido que afectó a su lado derecho y se prolongó durante casi ocho años. Pero, gracias a las cada vez más frecuentes visiones de la Pasión de Cristo y a sus prolongadas conversaciones con nuestro Señor, amén de la paciencia que le concedió el mismo Dios, pudo sobrellevar todas las adversidades, enfermedades y dolores que ella, en su interior, consideraba insignificantes cuando los comparaba con los que sufrió Jesucristo. Durante sus meditaciones sobre la Pasión, Margery se imaginaba real, personal y activamente involucrada en cada uno de de los episodios de la misma: desde la traición en el Huerto de los Olivos hasta la Resurrección. Siempre al lado de la Virgen: sufriendo, ayudando y consolando. Quienes acudían a predicar a Lynn, incluido algún famoso predicador, se negaban a que asistiera a sus sermones por el gran alboroto que provocaba cuando su pensamiento se sumergía en el recuerdo de la Pasión. Lloraba, gritaba y pedía perdón por sus pecados y por los pecados del mundo entero que habían sido la causa de tanto dolor. 64
Por la forma en que se escribió el Libro , no siempre es posible establecer la cronología de los hechos narrados. Por ejemplo, ¿en qué momento de la vida de Maargery un joven sacerdote venido de fuera de Lynn, acompañado por su madre, leyó libros para ella durante siete u ocho años? Obras de carácter espiritual: meditaciones sobre la Pasión de Cristo o las experiencias místicas de sus autores; la Biblia comentada, el Libro de santa Brígida , el Libro de Hilton , 65el Stimulus Amoris atribuido por entonces a san Buenaventura, el Incendium Amoris de Richard Rolle de Hampolle, y otras guías espirituales parecidas que constituyen el modelo del Libro de Margery. 66
¿Qué edad tenía Margery cuando durante doce días seguidos sufrió numerosas tentaciones, pensamientos y recuerdos oníricos de contenido fuertemente sexual y lascivo? Del mismo modo que antes había experimentado dulces visiones de carácter divino y altas contemplaciones sagradas, entonces fue atormentada con abominables visiones de los genitales de sacerdotes y religiosos, de paganos y cristianos. El maligno la inducía a prostituirse con ellos hasta el extremo de que, a veces, la posibilidad de hacerlo le resultaba agradable a Margery.
Puede que durante su madurez Margery dedicara la mayor parte de su tiempo a la oración, la contemplación y la meditación, en su casa o en la iglesia; a oír sermones, sobre todo los de los predicadores más célebres, a asistir a oficios litúrgicos y a participar en las procesiones más solemnes; a dialogar con nuestro Señor, con la Virgen y con los santos en sus visiones; a obrar algunos prodigios como la repentina nevada que apagó el gran incendio que a punto estuvo calcinar la ciudad de Lynn; a llorar, suspirar y gritar para expresar su intensa devoción interior; a hablar y a contar sus sentimientos y experiencias místicas a los clérigos y a la gente corriente por amor a Dios.
El Libro deja claro que Margery no dedicó excesiva atención ni a su marido ni a sus hijos. El día en que su marido, ya anciano, rodó por las escaleras hiriéndose de gravedad, vivía sólo en casa. De ahí que la gentereaccionara diciendo que, si moría, su esposa merecía ser ahorcada por su muerte, pues debería haber cuidado de él y no lo hizo . Desde hacía tiempo Margery había decidido vivir completamente separada de él, en otra casa, para evitar cualquier tentación sexual y las murmuraciones de la gente sobre que no observaba el voto de castidad. John Kempe, que andaba por los sesenta, no murió de las heridas que se hizo en la cabeza gracias a que fue socorrido por algunos vecinos, alarmados por el ruido producido al rodar por las escaleras. Avisada, Margery acudió junto a él suplicando a nuestro Señor que no muriera al menos hasta que transcurriera un año para evitar la difamación de sus convecinos. Nuestro Señor escuchó su ruego y entonces Margery se ocupó de su marido durante años, mientras vivió . Antes de morir John Kempe padeció demencia senil severa. En el Libro se describe
la enfermedad con todo tipo de detalles, incluidos los más escatológicos, con la indudable intención de subrayar los méritos de Margery ante nuestro Señor. Ella pensaba que era castigada mediante el mismo cuerpo por el que había sentido deseos carnales, y un amor desordenado . Mientras cuidaba de cuerpo de su marido terrenal pensaba que lo hubiera hecho igual con el de Cristo, su marido espiritual. 67
Muy probablemente, algunos meses antes de que falleciera su marido, en el verano de 1431 había muerto el único de sus hijos del que Margery habla al comienzo del Secundus liber68 Un varón que trabajaba para un rico hombre de negocios de Lynn, viajando con frecuencia por ultramar y al que su madre deseaba casar para apartarlo de la vida disoluta y lasciva que llevaba y de los peligros de este mundo inseguro. Las relaciones madre-hijo dieron lugar a enconados enfrentamientos y a acusaciones mutuas. Finalmente las plegarias de Margery tuvieron éxito y su hijo se casó en Prusia con una mujer alemana. Pasado un tiempo, el hijo decidió regresar a Lynn, en compañía de su mujer y de una hija pequeña a la que finalmente, por temor a los peligros del viaje, dejarían en Prusia con unos amigos. Al día siguiente de llegar a Lynn, mientras todos comían con otros buenos amigos , se sintió repentinamente enfermo y después un mes murió en la verdadera fe . 69
Los últimos sucesos de la autobiografía de Margery están principalmente relacionados con su nuera, quien, tras enviudar, vivió durante año y medio con ella hasta que sus amigos alemanes le escribieron para que volviera a su propio país . Margery la permitió regresar y además, atendiendo el mandato divino, decidió acompañarla hasta Danzig (la actual Gdansk polaca), pese a que había prometido no viajar más a ultramar. Estaba en la sesentena y su confesor le prohibió expresamente viajar más alla de las fronteras de Inglaterra.
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