1 ...6 7 8 10 11 12 ...18 –«Los personajes del Quijote», núm. 2, febrero de 1913, págs. 203-216.
CUENTOS DE LA GUERRA
Los diálogos seleccionados proceden del libro Cuentos de la guerra, Barcelona, Casa Editorial Estudio, 1915:
–«Diálogo fantástico», págs. 29-32.
–«Diálogo imaginario», págs. 109-115.
–«El diálogo de los siglos», págs. 143-148.
–«Diálogo irracional», págs. 203-207.
LO QUE REVELA LA ESCRITURA
En 1922, Matilde Ras colabora en el diario ABC con una sección, «Nuestras celebridades por dentro y por fuera», de la que se han seleccionado los perfiles grafológicos de los siguientes personajes:
–«Retrato y estudio grafológico de D. J. Martínez Ruiz (Azorín)», ABC, 17 de diciembre de 1922.
–«Retrato y estudio grafológico de D. Ramón Menéndez Pidal», ABC, 3 de junio de 1923.
REPORTAJES
Como muestra de la prolífica actividad periodística de Matilde Ras, se han recuperado los siguientes reportajes:
–«Los procesos de Fray Luis de León. Quiénes fueron los verdaderos acusadores», Heraldo de Madrid, 17 de abril de 1928.
–«Paul Verlaine, el genial cantor del amor, jamás fue amado por ninguna mujer», Estampa, 17 de enero de 1931.
REFLEXIONES
Textos inéditos de Matilde Ras (escritos a mano, en su mayoría sobre cuartillas, durante los años 1944-1947) que se conservan en su archivo almacenados en varias carpetas identificadas con el término Diario. Los ocho últimos provienen de libretas hechas a mano y manuscritas tituladas Diarios, escritos durante sus estancias en París (1923 y 1925) y Roma (1955).
DIARIOS
Los fragmentos recogidos bajo el título «La búsqueda de sí misma» han sido tomados del Diario (Coímbra, Coímbra Editora, 1946) escrito por la autora durante los años de su exilio voluntario en Portugal, desde junio de 1941 hasta septiembre de 1943. Los fragmentos (inéditos) recogidos bajo el título «La búsqueda del interlocutor perfecto» pertenecen a un diario escrito durante una segunda estancia en Portugal (1947) motivada por la necesidad de gestionar la obtención del permiso de importación de la edición de su Diario de 1946, obstaculizado por las leyes de protección al libro español.
ELENA FORTÚN
NACÍ DE PIE
Bajo el título «Nací de pie» se recogen las anotaciones manuscritas e inéditas escritas por Elena Fortún en un cuaderno escolar rayado. Junto con otros documentos, fue entregado en Estados Unidos por Ana María Hug, nuera de Elena Fortún, a la profesora Marisol Dorao, biógrafa de la escritora, que lo conserva en su archivo.
El cuaderno contiene episodios autobiográficos de la infancia y juventud de Elena Fortún, ordenados cronológicamente. Los primeros se corresponden con sucesos de su primera infancia de los que sólo sus padres podrían haberle dado noticia. Es el caso de la confusión en cuanto a la determinación del propio sexo que rodeó el nacimiento de Encarnación Aragoneses Urquijo (Madrid, 1886), verdadero nombre de Elena Fortún. Episodios como este ayudarían a explicar el conflicto con su identidad sexual.
Los miedos infantiles, la beatería de la madre, sus tempranas y repetidas crisis místicas y la estremecedora presencia de la muerte se evocan con nitidez; algunos de estos recuerdos tendrán su reflejo en los relatos literarios de la autora. El impacto recibido al presenciar el solemne recitado de la recomendación del alma ante el abuelo moribundo tuvo que ser memorable, ya que la escena se evoca con tintes verdaderamente dramáticos en Celia en la revolución.
Ya en la adolescencia, Elena Fortún rememora la precisión con que se cumplen sus significativos sueños premonitorios, así como más tarde la conmoción que siente cada vez que le parece comunicarse con el espíritu de su hijo pequeño (al que llamaban familiarmente Bolín), que había fallecido en 1920, a los diez años de edad, dejando a Elena Fortún y a su esposo sumidos en una profunda crisis.
El diario concluye advirtiendo a Celia —y por extensión a todas las mujeres— de la conveniencia de reprimir el deseo, una enseñanza moral dolorosamente extraída de su propia experiencia.
—DOÑA MANOLITA, ¡por Dios! ¡Que me pierde!… —decía el médico a mi madre agotada.
—¡¡No puedo más!!
Luego de media hora de forcejeo…, y tres días de angustia, salió aquella cabecita mía morada y tumefacta…
—¡Está muerto!
—Lo que importa es la madre —dijo el médico entregándome envuelta en una sábana a las mujeres…
Y ellas, ¡Dios las bendiga!, se pusieron a darme azotes, a sacudirme…
—¡Venga, vengan acá y dejen a la criatura! ¡Café caliente! ¡Coñac! ¡Vamos, vamos…! ¡Ligeras!
Y cuando mi madre, inconsciente, estuvo colocada en la cama, un grito ronco, un vagido nada humano brotó de entre aquel envoltorio.
—¡Está vivo! —dijo mi padre.
—Está vivo y es varón…
El médico rectificó casi enseguida sacándome de entre las sábanas.
—Está viva y es hembra…
—¡Hembra!… ¡Qué se va a hacer!
Entonces mi madre abrió los ojos y dijo humilde:
—¿Lo sientes?… Yo también…
—No, hija, no… ¡Una niña! ¡Aún vamos a quererla más!
Mi madre volvió a entrar en el limbo de los débiles… Se había quedado paralítica.
•
Dos días después, mi padre envuelto en su capa cruzaba la plaza de Oriente y se le acercó una mujer.
—Señorito…, ¿sabe dónde es esu para ser ama de cría?
—¿Cómo?
—Una agencia u cosa así para colucarse.
—¿Usted es el ama?
—Sí, señoritu…
—Venga conmigo…
—¿Me engaña?
—No, mujer… Mi esposa ha dado a luz y no puede criar… Ahora mismo iba a buscar ama.
—¿Nu me engaña, señuritu? El cura de mi pueblu dice que en este Madrid engañan a los probes comu yo…
—No, mujer, no la engaño… Es aquí cerca.
Y aunque la mujer no quería ir, alguien la empujaba detrás de mi padre y así llegó hasta la cabecera de mi cuna.
—¿Es la señurita? ¿Es esta señurita la que tengo que criar?
—Sí…, esta criatura…
—¡Señurita! —decía la gallega mirándome extasiada.
—No la llame «señorita», mujer…
—Yo la llamaré siempre señurita… El cura de mi pueblo me dijo que…
—¿Usted cómo se llama?
—Antonia…
—¡Antonia! ¡Siempre san Antonio protegió a mi familia! —dijo mi madre—. ¡Bienvenida sea a esta casa, y Dios la ayude a criarme la hija, Antonia!
—¡Así sea!
•
Tenía casi dos años y no andaba.
—Debilidad —decía el médico.
—¡Pero si está tan gordita!
—No importa… Es falta de calcio…. De una madre como usted…
Sin embargo, mi madre ya andaba, apoyada en un bastón…
Mi tía, el ama, o alguna criada tenía siempre que ir cargada conmigo…
Llegamos a Segovia. Mi madre y yo nos quedamos en la catedral, mientras mi tía iba a preparar el viaje en coche al pueblo.
Yo, agarrada fuertemente a la reja de una capilla, miraba hipnotizada el interior dorado, las luces, los santos… Mi madre arrodillada a mi lado rezaba fervorosa:
—Madre mía, que ande mi nena, que ande…, que no sea una inválida como yo… ¡Madre mía Santísima! Dios te salve…
Y mi madre se dio a pasar cuentas del rosario… De pronto miró en torno y no me vio…
—¡Jesús!
Se levantó agarrándose a la verja y me buscó aterrada…
¡Allí estaba yo! Navegando tambaleante y feliz como un patito por las anchas y limpias naves de la catedral… Al ver a mi madre, lancé una carcajada y fui hacia ella…
—¡Dios mío! ¡Madre mía! ¡Mi hija anda! ¡Anda!
Cuando volvió mi tía nos encontró sentadas en un banco. Mi madre roja de la emoción.
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