Autores como Susan Gillespie (2000) seguramente tienen razón al criticar este tipo de caracterización, específicamente el modelo linajero entre los antiguos mayas. Sin embargo, esta autora va de un modelo desarrollado para abordar sociedades sin Estado a otro, al abogar por la aplicación del concepto de sociedad de casas de Lévi-Strauss a los antiguos mayas. Cabe recordar que el estructuralista francés, ante ciertas incongruencias en las descripciones de los turok del norte de California y los kwakiutl de Columbia Británica, buscó conceptualizar su organización social en términos de casas nobles europeas, y de ahí desarrolló su modelo de sociedad de casas. Se trata de un procedimiento algo distorsionado, pues Lévi-Strauss desarrolla un concepto tomado de una sociedad estratificada para aplicarlo a una sociedad sin Estado, y Gillespie, en lugar de describir a las casas nobles mayas en términos de las europeas directamente, toma la versión aplicada a sociedades sin Estado. En su crítica y muy amplia revisión de trabajos de parentesco sobre los mayas, señala acertadamente que el uso de “linaje” al referirse a los mayas en el siglo xvi no corresponde al uso antropológico en la teoría de la filiación de la antropología social británica (Gillespie, 2000, p. 471). No obstante, describir a toda la antigua sociedad maya tanto en términos de linajes como en los de una sociedad de casas equivale a cambiar una distorsión por otra. ¿Las agrupaciones patrilineales de los campesinos mayas pueden equipararse a las casas nobles en la antigua Florencia? Una cosa es cuestionar la aplicación de un modelo hecho para la “organización política” —como Evans-Pritchard (1977) llamó al sistema de clanes y linajes de los nuer— a una sociedad estratificada, pero reemplazarlo con otro desarrollado para el mismo tipo de sociedad y tomado originariamente de sociedades estratificadas me parece un desperdicio de energía. No se puede negar que había linajes o casas nobles entre los antiguos mayas, pero describir a la sociedad entera como sociedad de casas es olvidar que los campesinos no podían acoger en palacios a sirvientes y otros dependientes clientelares como sucedía en las casas nobles europeas o entre los mismos señores mayas. Yo no pretendo resolver estos debates que, además, son ajenos a lo que se ha planteado en este libro, pero creo que vale la pena tener cuidado y no olvidar que en los esfuerzos por caracterizar el parentesco maya y dar nombre a fenómenos empíricamente observables ha habido una disparidad en los significados de los conceptos. Un claro ejemplo, aparte del linaje, son los esfuerzos por conceptualizar el ch’ibal , como señala la editora del libro en el primer capítulo.
Los trabajos de este libro que detallan distintas prácticas parentales sirven para llenar un importante vacío en los estudios de parentesco en Mesoamérica en general y entre los mayas en particular. Siguen la tendencia de no abstraer el sistema de parentesco del todo social, sino de ver qué hace el parentesco y a qué y en qué circunstancias operan los principios patrilineales, justamente por haber dejado de lado el supuesto de “sistema de parentesco”. Los trabajos de este libro muestran la importancia de los principios patrilineales en la conformación de los grupos domésticos, los grupos locales de parentesco y para ordenar el territorio, aspectos capitales de la producción y reproducción social de los campesinos indígenas objeto de los capítulos. Algunos de esos aspectos fueron ya conocidos, pero el grado de detalle que nos ofrecen los autores en esta obra al explicar sus diversos métodos de investigación inspira confianza en sus datos. Estos métodos han dado como fruto descripciones y análisis dinámicos, gracias a la aplicación flexible de conceptos y el rescate de términos locales en lengua vernácula, a veces con el uso de traductores, o por investigadores que manejan la lengua. Además, algunos de sus métodos son novedosos y se insertan en un proceso de observación participante.
En este sentido, los capítulos del libro son de cierta forma análogos a los del libro Dividends of Kinship , que muestra cómo el parentesco es utilizado para realizar una variedad de actividades entre distintos grupos humanos (Schweitzer, 2000). Es también la misma tendencia de Larissa Lomnitz y Marisol Pérez Lizaur (1993) en su investigación sobre una familia de empresarios de la Ciudad de México. Las relaciones del parentesco fueron el centro del análisis que permitió la comprensión de aspectos particulares del capitalismo mexicano. Así, en los trabajos de este libro, queda patente cómo distintos componentes del término multiusos “parentesco” son empleados por varios grupos de filiación lingüística mayense, y entran en juego para resolver distintos desafíos de la producción y la reproducción étnica.
Finalmente, quisiera destacar que la búsqueda de soluciones a problemas prácticos puede producir un acervo de conocimiento útil para quien pretenda implementar programas de desarrollo sustentable, a la vez que contribuye a una mejor comprensión de la operación y utilización del parentesco en varios ámbitos de la vida de diversos grupos de filiación mayense. Los trabajos de investigación que conforman este libro se han apoyado en amplios conocimientos de los estudios de parentesco en el área maya. Además, dada su colaboración en una institución cuya misión es contribuir al desarrollo sustentable, a través de la formación de investigadores y la generación de conocimientos mediante la conjunción de aportes de distintas disciplinas, los autores de este libro ameritan nuestras felicitaciones por producir también lo que podría considerarse como “ciencia básica”. Los retos de la realidad los guiaron hacia las prácticas parentales, lo que hacen las personas que dicen ser parientes. En el proceso nos aportan una valiosa información que nos da una visión más clara del parentesco maya que los estudios antropológicos. Esto se debe al hecho de fijarse en procesos a partir del concepto de reproducción de los grupos de parentesco, y observar la realidad en los espacios en que se congregan los parientes. Es un logro que debemos celebrar porque convierte en realidad viejos anhelos de la mejor tradición de la antropología mexicana.
Febrero de 2021
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Evans-Pritchard, E. E. (1977 [1940]). Los nuer. Barcelona: Anagrama.
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