Otra dimensión implícita del cuerpo conceptual de los enfoques convencionales del parentesco se relaciona con el objeto originario de estudio de la disciplina en su periodo formativo. En las tradiciones antropológicas de los países centrales, como Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, la mirada del antropólogo, con muy pocas excepciones, se echaba sobre las sociedades exóticas y preestatales. En esta empresa, los planteamientos de Lewis Henry Morgan proporcionaron un sustento teórico que favoreció el abordaje del parentesco con todo el mencionado énfasis en la terminología. Morgan (1987) dividía las sociedades humanas en societas y civitas y el gran parteaguas entre una y otra tenía que ver con el parentesco. Las sociedades humanas del tipo societas no habían llegado a la organización estatal; eran sociedades igualitarias carentes de un aparato específico para hacer obedecer y ejercer el poder. El orden se lograba por los arreglos entre los clanes, grupos de filiación (descendencia para algunos autores) unilineal. Los lazos de parentesco eran la base de la organización social y los miembros de este tipo de sociedad fácilmente reconocían a sus correligionarios del mismo clan por los términos de parentesco. Morgan asociaba lo que llamaba “sistemas clasificatorios de terminología” con societas . Un ejemplo sencillo de un tipo de sistema clasificatorio es el omaha que Guiteras Holmes describió en San Pablo Chalchihuitán en los Altos de Chiapas. En este sistema terminológico, se aplica el mismo término a hermanos y primos paralelos mientras que los primos cruzados del lado materno son considerados hermanos de la madre (Guiteras Holmes, 1968, pp. 210, 257). Los sistemas terminológicos de este tipo se llaman clasificatorios porque clasifican o agrupan en la misma clase o categoría a parientes lineales con colaterales, al modo de los antiguos hebreos que tenían el mismo término para hermanos y primos hermanos; o parientes de diferentes generaciones como en la terminología de Chalchihuitán que proporcionara Guiteras Holmes.
En cambio, en las sociedades civitas existía el Estado y la estratificación social, y los clanes y grupos unilineales, en caso de estar presentes, ya no estaban a cargo del orden social. En estas sociedades, los sistemas terminológicos eran “descriptivos”, es decir, semejantes al castellano, francés o inglés, que respetaban las diferencias entre generaciones y entre lineales y colaterales (por ejemplo, entre hermanos y primos). En las sociedades civitas había surgido la propiedad privada, y se favorecía a una descendiente lineal (hija) sobre un colateral masculino (sobrino) en la herencia debido a que el territorio había triunfado sobre el parentesco como principio organizativo en esta etapa de la evolución. Armado con estas premisas, puesto que los aztecas tenían un sistema terminológico que hoy llamamos “hawaiano” o “generacional” —por su tendencia a emplear el mismo término para lineales y colaterales de una misma generación—, Morgan sostenía que los antiguos mexicanos no habían llegado a tener un Estado y visualizaba a los calpullis como clanes. Para Morgan, la mexica era una sociedad igualitaria, como la de los iroqueses que él había estudiado en el estado de Nueva York, sin la estratificación social característica del Estado y del tipo social que él llamaba societas .
Sol Tax, quien en la década de 1930 fungió como asistente de Radcliffe-Brown en la Universidad de Chicago, fue profesor invitado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (enah) a principios de la década de 1940 y dirigió una práctica de campo en los Altos de Chiapas en la que participaron estudiantes de la enah como Ricardo Pozas y Calixta Guiteras Holmes. De ahí que Guiteras, en el seminario “Herencia de la Conquista”, expusiera el tema de la “organización social”, que equivalía a parentesco o sistema de parentesco entendido fundamentalmente como terminología. Hay que señalar que los fuertes principios patrilineales reportados entre distintos grupos de mayas desde el siglo xvi hasta el presente se prestan a la teoría de filiación de la antropología social británica cuyo exponente máximo fue Radcliffe-Brown. Desafortunadamente, lo que se llamaba parentesco o sistema de parentesco en este enfoque quedó en la terminología y muy poca atención se prestaba a los grupos empíricamente observables: qué hacían y qué papel jugaban en la organización social. Este enfoque —que Tax defendió como “sociológico”, al igual que su maestro Radcliffe-Brown— consistía en buscar correspondencias entre terminología y tipos de grupos, como clanes, matrimonios preferidos o comportamientos permitidos o prohibidos. No se trataba en absoluto de describir y analizar estos fenómenos y prácticas como objetos de estudio en sí, ni de entenderlos independientemente de la terminología. En lugar de comenzar con la observación de las relaciones sociales, los grupos y los comportamientos, en estas investigaciones lo sociológico —en el sentido de lo que hacía la gente— era secundario, sobre todo si no tenía reflejo en la terminología. Más importante era la relación entre un término de parentesco que daba pie a la suposición de la existencia de la correspondiente práctica, sin que al examen de esta se le dedicara mucho tiempo. Así, fueron muchos estudios de parentesco con este enfoque que, por preferir recoger terminologías por encima de la observación de grupos y prácticas, se vieron incapaces de dar cuenta de la muy difundida práctica mesoamericana de la herencia de la casa por el ultimogénito varón (Robichaux, 2005). Fue hasta que se empleó el concepto de ciclo de desarrollo de los grupos domésticos , donde se privilegia la reproducción social de los grupos, que este importante rasgo del parentesco mesoamericano comenzó a reportarse. En una palabra, el supuesto enfoque sociológico resultó poco eficaz para descubrir o describir lo sociológico por su poca atención al grupo doméstico y las relaciones sociales. En definitiva, el elemento más importante del sistema de parentesco, como había planteado Radcliffe-Brown, eran las organizaciones como el clan y su abordaje fue a través de la terminología.
En la discusión en torno a la presentación de Guiteras Holmes en el seminario “Herencia de la Conquista”, Tax le pidió que hablara más sobre los “sistemas de parentesco más interesantes” (Tax, 1968). Con estos se refería a los sistemas terminológicos que supuestamente reflejaban la presencia de clanes, como los del tipo ya referido de San Pedro Chalhuihuitán. No sobra recalcar que el punto de Tax no era la existencia empíricamente observable de clanes o grupos similares, sino la terminología que en apariencia reflejaba su existencia. Es cierto que distintos autores han descrito a grupos patrilineales exógamos entre los mayas de las Tierras Altas de Chiapas, pero en el planteamiento de Tax el énfasis se daba en la terminología, la que se destaca como el elemento primordial del parentesco y la base de la clasificación de un “sistema de parentesco”. Como conclusión general de las discusiones sobre el tema de parentesco en Mesoamérica, los participantes del seminario decidieron que tal término no era un principio organizativo fundamental en el área cultural y que era básicamente “bilateral con un sesgo patrilineal”, salvo en Chiapas, donde había una marcada tendencia patrilineal (Tax, 1968, pp. 290-291). Congruente con el criterio de clasificar un sistema de parentesco de acuerdo con los rasgos terminológicos, lo bilateral, en este contexto, se refiere a que lenguas como el náhuatl, al igual que el español, a nivel terminológico no distinguen entre parientes patrilaterales y matrilaterales.
La implicación de la caracterización “bilateral” es de suma importancia para los estudios de parentesco, o la falta de estos, en Mesoamérica. Como toda la herramienta conceptual de los principales enfoques para investigar el parentesco —forjados, además, en una antropología cuyo objeto de análisis eran las sociedades preestatales—, está hecha para el estudio de sistemas unilineales (patrilineales o matrilineales); los sistemas bilaterales simplemente no se analizaban. Sí se abordaba el sistema terminológico y se inferían conclusiones de este, pero se prestaba poca atención a lo que hacían juntos los parientes y la composición de sus grupos. Visto desde otro ángulo, se podría decir que tampoco se habían desarrollado enfoques para el abordaje de sistemas bilaterales porque no se estudiaban sociedades estatales en la antropología. Es por ello que también se concluyó en este simposio que, en general, el parentesco no era un principio organizativo fundamental en el área cultural. El trasfondo de esta conclusión es la división de Morgan entre sistemas descriptivos en civitas y sistemas clasificatorios en societas . Reitero que esto se refería a que los sistemas terminológicos no reflejaban la existencia de agrupaciones como clanes, por lo tanto, no había nada que estudiar. Esta forma de delimitar el parentesco —sistema con un énfasis desmedido en la terminología y con el tema de grupos unilineales como los clanes— llevó a un callejón sin salida en la comprensión de la conformación de los grupos y redes de parentesco en Mesoamérica y las prácticas y funciones que tenían en la sociedad. Registrada la terminología, se creía cubierto el expediente. Escasamente fueron estudiados, en la mayor parte del área mesoamericana, la conformación de los grupos de parentesco, el uso de redes de parientes para reclutar equipos de trabajo, la herencia, y otras cuestiones, que, en contraste, son tratados ampliamente en el presente libro. A pesar de la clasificación patrilineal en Chiapas, tampoco se prestó atención a la operación de los principios patrilineales en estos ámbitos por la centralidad que se atribuyó a la terminología a expensas de las prácticas. Es por esto que este libro representa un aporte a diversos aspectos del parentesco que aquellos que llevaron a cabo investigaciones desde la teoría convencional de parentesco a menudo no les dieron suficiente importancia.
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