A lo anterior se le puede sumar otro impasse: “algunas especies tienen diferencias tan sutiles entre sí, que solo analizando sus genitales o con pruebas de ADN se puede confirmar la especie a la que pertenecen” (Garwood y Jaramillo, 2017b, p. 3). Entonces, si no se van a hacer sacrificios de ejemplares como en este caso, lo más indicado es fotografiar ambas caras de cada ejemplar. No obstante, en la práctica esta metodología poco ortodoxa trae otras dificultades.
Los insectos no posan para las fotos, y en el caso de los piéridos (mariposas blancas y amarillas) rara vez se encuentran con las alas abiertas. Algo parecido sucede con los papiliónidos (mariposas colas de golondrinas), que agitan permanentemente sus alas cuando se posan en las flores y no suelen colaborar para obtener una foto de la cara dorsal de ellas. Qué decir además de los hespéridos (las llamadas saltarinas) y de los riodínidos (mariposas con manchas metálicas que con frecuencia se posan en el envés de las hojas) y licénidos (mariposas que en su mayoría poseen delicadas prolongaciones en sus alas posteriores), familias cuyos miembros por lo general son pequeños individuos, lo que dificulta todavía más el problema.
Con este panorama, se decidió, con ayuda de la hija del autor, capturar ejemplares, abrirles las alas suavemente, tomar las fotos de ambas caras y, por último, liberarlas nuevamente. Solo de esta manera se podía asegurar conocer la identidad de muchos individuos y hacer un trabajo más completo y rápido, sin dejar a un lado, en especial, la posibilidad de la emoción de una foto de estos insectos en su hábitat natural. Sin embargo, vale aclarar que la manipulación de individuos tan delicados puede provocar el desprendimiento de patas o antenas, por lo que tal procedimiento debe ser en extremo cuidadoso y llevarse a cabo solo cuando sea estrictamente necesario. Aun así, en aquellos ejemplares en donde quedó la duda sobre la especie a la que pertenecían, se le añadieron las letras “sp.” al nombre del género.
En muchos muestreos el autor iba acompañado por sus hijos, aún niños en ese entonces. No habría estado tranquilo si ellos hubiesen visto cómo presionaba el tórax o cómo utilizaba otra técnica para acabar con estos insectos, sobre todo cuando en las mismas excursiones también se les indicaba que cada insecto y cada organismo es una pieza fundamental de un todo que se llama bosque, paramo u océano. Cuando falta una pieza, el todo puede funcionar mal. En algunos casos se encontraban ejemplares muertos en buen estado, que se aprovecharon para estudiarlos mejor y, si calificaban, añadirlos a la lista de fotografías.
A pesar del número importante de ejemplares registrados con el lente de la cámara, el hecho de no incluir en la metodología trampas ni redes seguramente influyó en los resultados obtenidos. “Las especies en el bosque se distribuyen por estratos, algunas tienden a permanecer en el estrato medio o en el dosel, ocasionalmente pueden bajar al nivel más bajo” (Vélez y Salazar, 1991, p. 85). Estos individuos son más difíciles de ver en el camino, razón por la cual, en una exploración ordinaria, no es extraño que no se reporten. Una trampa elevada hasta el estrato en donde comúnmente se mueven estos ejemplares aumenta las posibilidades de encontrarlos. Por lo tanto, vale anotar que en un muestreo en donde no se usen trampas, ni cebos, el hecho de reportar una especie del dosel como escasa podría ser una información sesgada.
Para aproximarse un poco a la abundancia de las especies observadas en los muestreos, se utilizó la terminología propuesta por Fagua (2006) introduciendo algunos ajustes, así:
•Abundante: indica que se observaron 10 o más individuos por muestreos, además de que esta condición se repitió cinco o más veces.
•Común: indica que es fácil encontrar a la especie, pero en cantidades menores que las abundantes.
•Escasa: indica que, durante los años de muestreos, se encontraron de cuatro a seis individuos.
•Rara: indica que, durante los años de muestreos, solo se observaron de uno a tres individuos.
En este ejercicio relacionado con la abundancia de las especies, se consideró que, en lo que tiene que ver con las especies abundantes y comunes, se pueden hacer registros visuales para casos inconfundibles como Anartia amathea, Anartia jatrophae, Agraulis vanillae, Pyrgus adepta, Siproeta stelenes, Siproeta epaphus, Zopyrion satyrina y Chlosyne lacinia. Vale enfatizar que, para este ejercicio, “si se está entrenado, el registro visual es un factor para tener en cuenta para mejorar la eficiencia de los muestreos” (Henao-Bañol y Gantiva, 2020, p. 159).
Sin embargo, en otras especies como Pyrisitia venusta y Eurema daira, al vuelo y aun posadas, puede haber confusión. Lo mismo se puede decir de Hamadryas februa y Hamadryas feronia, por solo mencionar dos casos en los que el registro fotográfico ayuda a diferenciar y confirmar la identidad. No obstante, al igual que en el registro visual, se necesita entrenamiento para que esta estrategia sea válida.
Solo en los últimos muestreos que se hicieron, previos a la publicación de esta obra, se empezó a incursionar en el uso de cebos para atraer mariposas. Así, aunque se recurrió poco y ocasionalmente a esta ténica, se pudieron observar, mediante frutas frescas o con algún grado de descomposición, las especies Siderone galanthis, Cissia confusa, Pierella luna luna, Morpho helenor, Hypna clytemnestra, Pareuptychia metaleuca, Archaeoprepona demophoon gulina, Archaeoprepona amphimachus amphimachus, Taygetis kerea, Euptychoides laccine, Hamadryas feronia, Yphthimoides renata, Hermeuptychia hermes y Memphis sp. Es evidente, por tanto, el gusto de muchas especies por las frutas (mariposas frugívoras). Por lo demás, con pescado descompuesto se atrajeron Heliconius clysonymus y Adelpha justina maira. En este sentido, es de resaltar que “El uso de un cebo como frutas, y mejor si está humadecida con cerveza, es una buena estrategia para atraer especies raras” (García-Robledo et al., 2002, p. 7).
Además, sin el uso de cebos, se pudieron evidenciar los hábitos alimenticios de muchas especies a través de la observación en campo, los cuales han quedado registrados en muchas fotografías.
Por otra parte, fue necesario cambiar el paradigma de la asociación mariposas-flores, pues en muchos casos se evidenció la relación mariposas-excrementos. Así pues, se hallaron mariposas libando en excrementos de mamíferos (caballo, vaca y perro) y de aves. También se observó el gusto de algunas especies por la orina humana, y se detectó un ejemplar de Pedaliodes tyrrheus libando en un cadáver de ratón, lo que sugiere los hábitos carroñeros de esta especie.
Foto 17. Pedaliodes tyrrheus tyrrheus libando sustancias en un cadáver (Cerro Kennedy, 2.700 msnm)
Fuente: Jhonatan Lozada.
Es posible que la sal marina sea un atrayente para algunas especies. En el PNN Tayrona, en el sector de Arrecifes, en la playa solitaria, se apreciaron en varias ocaciones individuos de Marpesia berania libando en la arena de la playa. Asimismo, un prestador de servicio del PNN Tayrona afirmó haber visto la misma especie en la playa de Neguanje. Curiosamente, esta especie nunca se ha observado en Santa Marta, incluyendo sus playas más cercanas, posiblemente porque en el Tayrona tienen abundante comida en la vegetación que crece cerca a la playa (hierbas) y en la vegetación exuberante que se desarrolla más allá de ellas. Además, posiblemente en Santa Marta o sus alrededores no se encuentran las plantas hospederas de sus orugas.
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