Pyrisitia leuce (Boisduval, 1836)
Pyrisitia venusta (Boisduval, 1836)
Pyrisitia proterpia (Fabricius, 1775)
Phoebis trite (Linnaeus, 1758)
Familia Riodinidae
Amphiselenis chama (Staudinger, [1887])
Ariconias albinus (C. Felder & R. Felder, 1861)
Aricoris erostratus (Westwood, 1851)
Calephelis iris (Staudinger, 1876)
Calephelis laverna (Godman & Salvin, 1886)
Calephelis sp.
Calydna venusta Godman & Salvin, 1886
Caria domitianus (Fabricius, 1793)
Caria mantinea (C. Felder & R. Felder, 1861)
Charis anius (Cramer, 1776)
Chorinea octauius (Fabricius, 1787)
Detritivora hermodora (C. Felder & R. Felder, 1861)
Emesis cypria C. Felder & R. Felder, 1861
Emesis aurimna (Boisduval, 1870)
Emesis mandana (Cramer, 1780)
Emesis ocypore aethalia H. Bates, 1868
Eurybia dardus annulata Stichel, 1910
Hades noctula Westwood, 1851
Lasaia agesilas (Latreille, [1809])
Melanis electron (Fabricius, 1793)
Mesene silaris Godman & Salvin, 1878
Mesosemia telegone (Boisduval, 1836)
Nymphidium cachrus (Fabricius, 1787)
Nymphidium onaeum Hewitson, 1869
Perophthalma tullius (Fabricius, 1787)
Rhetus arcius (Linnaeus, 1763)
Rhetus dysonii (Saunders, 1850)
Rhetus periander (Cramer, 1777)
Symmachia sp.
Synargis calyce (C. Felder & R. Felder, 1862)
Theope virgilius (Fabricius, 1793)
Consideraciones finales
Listado por subfamilias
Bibliografía
Agradecimientos
Abreviaturas usadas en este libro
PNN Tayrona: Parque Nacional Natural Tayrona.
C: corredor.
V: vereda.
AAD: ala anterior dorsal.
APD: ala posterior dorsal.
AAV: ala anterior ventral.
APV: ala posterior ventral.
CD: celda discal.
msnm: metros sobre el nivel del mar.
BOA: Butterflies of America.
SNSM: Sierra Nevada de Santa Marta.
Símbolos
m: metros.
♂: macho.
♀: hembra.
Cuando apenas se le daba forma a este texto, el propósito fue tener un enfoque dirigido a lo artístico como una estrategia para sensibilizar por la valoración y la conservación del patrimonio natural colombiano, sin perder de vista que de alguna manera había que aportar a la formación del espíritu científico de las nuevas generaciones. Para esto último fue necesario ser muy meticulosos en la observación, de forma que, en lo posible, no se cayera en apreciaciones subjetivas.
Aunque se procuró ser muy juicioso en el tratamiento taxonómico que se siguió en este trabajo, cabe anotar que el autor no es especialista, ni escritor, dos razones más por las que la publicación se apunta más hacia la belleza de lo natural. A pesar de las limitaciones y los posibles errores que pueda haber en la clasificación que se hizo de las mariposas de la Sierra, se considera necesario dar a conocer los hallazgos de esta investigación, motivo por el cual había que atreverse a publicar una obra que cumpliera con ese fin.
Las primeras observaciones se hicieron en plena ciudad, en un lote sin urbanizar, bastante amplio, que albergaba especies de plantas, en su mayoría propias del bosque seco; plantas que comúnmente no están en el jardín de las casas. Se trata de un espacio muy intervenido, nombrado —tal vez peyorativamente— como “el monte ”, un foco de plagas y serpientes, pero para este caso fue un centro experimental, un “salón de cine con la pantalla más grande en 3D”, con imágenes en “alta definición”. A pesar de tener solo unas dos hectáreas, en el segundo semestre del año en especial, después de varios aguaceros, estaba completamente verde e incluso florecido. Para el transeúnte normal era un simple “monte”, muerto y sin ninguna importancia, pero en su interior, para las criaturas que lo habitaban, era un universo, en donde se alimentaban, se reproducían, luchaban contra sus depredadores y finalmente morían.
En esa área, aún hoy con toda la devastación, con algo de suerte, se puede capturar el momento exacto en que la hembra de una mariposa diurna pone sus huevos o sale de su capullo, o el momento de la cópula para ver la diferencia entre machos y hembras. También es posible conocer la planta huésped de las orugas (en donde la mariposa pone sus huevos, la cual a su vez les proporciona alimento a las orugas), observar cómo las llamadas malezas como Boerhavia erecta y Heliotropium sp. florecen y son fuente de alimento para muchos. Aunque sus flores son miniaturas, su abundancia garantiza parte de la “estabilidad del sistema”.
Pasado un tiempo (un aproximado de cien días de muestreos con una intensidad de dos horas/día), ya se había caracterizado este fragmento de área intervenida. Se contaba con fotografías de mariposas diurnas de cuarenta y siete especies, muchas fotografías de adultos (también le llaman imago) y orugas con su planta huésped, algunas fotografías de huevos de monarca, Phoebis y Antheos, dos fotografías que mostraban dos de sus depredadores, y una imagen de un parásito de la oruga de monarca.
Una de las especies encontradas con facilidad en esta área fue Strymon bubastus. Curiosamente, en la literatura consultada sobre mariposas del bosque seco tropical en el Caribe colombiano (Ahumada et al., 2019; Andrade et al., 2011; Boom et al., 2013; Campos-Salazar y Andrade, 2007; Mallet, 1975; Mercado-Gómez et al., 2018; Montero et al., 2009; Moreno y Acuña-Vargas, 2015; Prince-Chacón et al., 2011; Pulido y Andrade, 2009; Vargas-Zapata et al., 2011), solo en un estudio en Los Besotes, Sierra Nevada de Santa Marta, se muestra una fotografía de un ejemplar de esta especie, aunque en su listado preliminar no la incluyen (Erazo y González-Montaña, 2008, p. 87). Llama la atención entonces que, en plena ciudad de Santa Marta, en un área tan degradada, se encuentre una especie común pero que extrañamente, para el Caribe colombiano, solo ha sido reportada en un estudio.
El paso siguiente fue explorar otros puntos fuera de la ciudad, repitiendo el ejercicio, aunque ya no se podía ser tan minucioso. En especial, el trabajo se centró en los adultos (la mariposa propiamente dicha). Se pasó de zonas intervenidas, siguiendo por los bosques secundarios, hasta los fragmentos más conservados del bosque, desde las áreas abiertas hasta el interior del bosque. Se evidenció cómo cambiaban las poblaciones, la diversidad y la abundancia a medida que aumentaba la altura sobre el nivel del mar y cambiaba el tipo de vegetación. En el “campo experimental”, en un día soleado del mes de agosto, a las 9:00 a. m. (mejor si el día anterior ha llovido), fácilmente se pueden encontrar más de quince especies en 30 minutos, pero en el interior del bosque de niebla, a 1.800 msnm (en el corredor Minca-San Lorenzo), aun en los días de mayor brillo solar, resulta difícil llegar hasta tres especies en ese mismo tiempo. Asimismo, contar hasta cinco individuos, no importa las especies o la especie a la que pertenezcan, en la misma estación (lluviosa o seca), en ese mismo bosque y a esa misma hora, aun en un día sin lluvia, resulta esquivo. También se pudo comprobar que “a medida que aumenta la altitud en la Sierra Nevada, el endemismo es más acentuado” (Llorente-Bousquets y Le Crom, 2013, p. 279).
En la población de Minca y sus alrededores (Pozo Azul, Montecristo, Mundo Nuevo y Marinka), se hicieron muestreos durante sesenta y nueve días, con una intensidad de siete horas/día, desde las 8 a. m. hasta las 3 p. m. En el corredor El Campano-Bella Vista, se redujeron los días de muestreos a diecinueve, con una intensidad de siete horas/día. Por último, en el área El Dorado-San Lorenzo-Cerro Kennedy, se hicieron dieciséis días de muestreos con una intensidad de siete horas/día.
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