Jean Rabe - Redención
Здесь есть возможность читать онлайн «Jean Rabe - Redención» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Фэнтези, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Redención
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:4 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 80
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Redención: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Redención»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Redención — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Redención», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
—Eso pagará la comida —comentó Ragh satisfecho, y se entretuvo un instante para comprobar que no habían pasado por alto ninguna otra cosa de valor.
—Con un poco de suerte esto nos ayudará a salir de este lugar y a pagar un pasaje hasta Ergoth del Sur —declaró Dhamon, y empezó a caminar en dirección oeste.
Cuando alcanzó a Fiona minutos más tarde, ésta estaba hundida hasta la cintura en arena y forcejeaba para salir. La solámnica se encontraba en el centro de una depresión.
—¡El suelo ha desaparecido! —farfulló enojada, alargando una mano hacia Dhamon.
Éste se adelantó para sujetar su mano pero se encontró con que el suelo también se hundía a sus pies. Agitó los brazos violentamente, para intentar agarrarse a algo, pero sus frenéticos movimientos sólo sirvieron para enviarlo al fondo más deprisa.
—¡Arenas movedizas! —chilló.
Aquellas insólitas arenas movedizas no eran húmedas ni arenosas, sino que eran secas y polvorientas, y en cuestión de pocos segundos Dhamon se encontró hundido hasta el pecho en ellas, además de sentir como si tirasen de él hacia abajo. Se dijo que no debía dejarse llevar por el pánico, que tenía que relajarse e intentar nadar fuera de aquella cosa. Miró con inquietud a Fiona, que estaba hundida hasta los hombros ya, e intentaba desesperadamente liberarse, aunque sin conseguir otra cosa que sumergirse más en aquella porquería.
Dhamon intentó tranquilizarse, y eso pareció aminorar un tanto el descenso.
—¡Ragh!
El polvillo se vertía ya sobre sus hombros y empezaba a ascender por el cuello. A pesar de su gran fuerza, no conseguía izarse fuera de allí.
—¡Ragh, ven aquí enseguida!
El draconiano se acercó a toda prisa pero, cauteloso, mantuvo la distancia. Los veloces ojos se dieron cuenta al instante de la situación en que se hallaban sus compañeros. Se aproximó con suma prudencia a Dhamon, alargando primero una de las garras inferiores para poner a prueba el terreno antes de cada pisada.
—¡Ella primero! —indicó Dhamon—. ¡Salva a Fiona primero!
Ragh negó con la cabeza y alargó una mano.
—¡Sálvala a ella primero, Ragh!
El draconiano gruñó y se acercó a la mujer, preocupado todavía por la solidez del terreno. Tras tumbarse sobre el estómago, alargó el brazo hacia la dama solámnica.
—¡La salvaré a ella primero, Dhamon, si juras ayudarme a matar a Nura Bint-Drax!
—De acuerdo —convino rápidamente éste, mientras la cólera centelleaba en sus ojos—; lo juro.
Las arenas movedizas habían llegado hasta la mandíbula de Fiona, que tenía que ladear la cabeza para respirar.
—Levanta el brazo, Fiona —indicó Ragh—. ¡Es el único modo en que puedo ayudarte! ¡Deprisa!
La mujer consiguió por fin alzar los brazos. Tenía ya la mitad del rostro cubierto por la arenosa sustancia, que se derramaba al interior de la boca. Alargó los brazos hacia el sivak, que la sujetó por las muñecas y tiró de ella hasta depositarla en tierra firme.
—Gracias, sivak —consiguió decir la solámnica, tras escupir varias veces.
Ragh devolvió su atención a Dhamon. Sus manos cubiertas de escamas agarraron las del hombre y empezó a tirar.
—Lo has jurado —le recordó el draconiano.
—Sí —repuso él, mientras se arrastraba fuera del agujero, luego se volvió para observar cómo éste se arremolinaba violentamente—; lo he jurado. Te ayudaré a matar a Nura Bint-Drax.
—Antes de que esas escamas te consuman.
Mientras observaban desde un lugar seguro, la depresión se ahondó más y el polvo se arremolinó en el fondo como un torbellino.
—Por el Abismo, ¿qué es esa cosa? —inquirió Dhamon.
—Sumideros —contestó Ragh, y señaló unos cuantos más situados dentro de su campo de visión—. Mira ahí.
Mientras observaban, un sumidero se estremeció y durante los siguientes minutos se llenó, luego se desbordó, y empezó a escupir grava hasta dejar tras él una de las estrechas crestas que salpicaban el terreno.
—Significa que hay cavidades subterráneas bajo este terreno, puede que se trate de cuevas o de ríos. Los espacios se ensanchan, y no existe sostén suficiente para el terreno situado encima. Por lo tanto, el suelo se desploma y forma sumideros.
—Pero ése se llenó —indicó Fiona, contemplando con cautela la extensión de terreno que debían cruzar aún para llegar a la ciudad.
—Probablemente significa que las cuevas situadas debajo se están rellenando. Resulta extraño. En mi opinión toda la zona es inestable.
Esta vez fue el draconiano quién encabezó la marcha, con los ojos fijos en el suelo para buscar cualquier perturbación en el terreno. Su avance se hizo mucho más lento, al verse obligados a rodear media docena de sumideros que se arremolinaban o entraban en erupción, y cuando alcanzaron por fin los límites de la ciudad, el sol tocaba ya la línea del horizonte.
—Creo que entraré en la población con vosotros, después de todo —anunció Ragh, mientras dirigía una última mirada a un enorme sumidero que se estaba formando apenas a unos metros de ellos—. Me arriesgaré con los lugareños. A lo mejor no les preocuparán demasiado nuestras escamas.
4
Gélida desesperación
—Esto no es buena señal.
El draconiano indicó la calle principal con la mano. Las diseminadas matas de maleza marrón tenían un aspecto triste y ralo, como los cabellos de alguien que se está quedando calvo.
—Nada buena.
Los postigos golpeaban a impulsos del viento, y las cortinas ondeaban en las abiertas ventanas. Unos letreros que anunciaban a un zapatero remendón y a un herrero aparecían deteriorados y casi ilegibles, y otros rótulos, calle abajo, estaban tan descoloridos que resultaban irreconocibles y colgaban torcidos, golpeando rítmicamente contra los postes.
Ni un solo edificio parecía bien cuidado. El tejado del establecimiento más cercano, la tienda de un tonelero a juzgar por los barriles podridos y partidos situados ante la fachada, estaba hundido. La pintura de aleros y marcos aparecía agrietada y desconchada, y recordaba las escamas de un pez. En las jardineras crecían malas hierbas, y todo estaba agujereado por la arena que arrastraba el viento, y que parecía una característica de la zona.
Dhamon señaló con el dedo un pozo ladeado situado no muy lejos de un edificio, igualmente torcido, de un solo piso.
—Te equivocas, Ragh. Este lugar tiene algo bueno, y es que al menos no creo que vayas a tener que preocuparte por la reacción de la población ante nuestras escamas.
—No te creía capaz de contar un chiste, Dhamon.
—No lo soy.
Dhamon y Fiona se encaminaron hacia el pozo. El edificio inclinado se cernía precariamente sobre un sumidero recién formado, en tanto que el aro de piedras del pozo se hallaba a punto de desmoronarse debido a la edad y a la falta de mantenimiento, motivo por el cual, cuando Dhamon apoyó una mano sobre una piedra, ésta cayó y él estuvo a punto de perder el equilibrio. El aire era extrañamente gélido en las inmediaciones del pozo.
Observó que Fiona tiritaba, pero la mujer se negó a quejarse. Su compañera no le había dirigido más de una docena de palabras en las últimas horas; aunque sí había conversado con Ragh. El silencioso trato que la solámnica le deparaba resultaba desconcertante, y consideró la posibilidad de intentar soltarle la lengua.
La sed que sentía se impuso, no obstante.
—Espero que el agua esté tan fría como el aire —dijo pensativo.
Olía el agua allá en el fondo, dulce y tentadora, y agarró con avidez la cuerda y el cubo.
—Apostaría a que estás sedienta, Fiona.
La mujer alargó la mano hacia el cubo, y sus ojos brillaron esperanzados al principio, pero enseguida sus labios se torcieron hacia abajo al descubrir que el recipiente carecía de fondo. Lo arrojó a un lado y éste se desprendió de la deshilachada cuerda.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Redención»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Redención» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Redención» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.