John Darnton - Ánima

Здесь есть возможность читать онлайн «John Darnton - Ánima» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Фантастика и фэнтези, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Ánima: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Ánima»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Nueva York: un chico de trece años yace en la cama de un hospital con el cerebro dañado a causa de un accidente. Dos científicos se hacen cargo de su destino. Ambos médicos alcanzarán juntos un resultado que superará todas las expectativas de la ciencia médica.

Ánima — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Ánima», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Sentado en la silla, casi inmóvil, Félix parecía que iba a desmoronarse en cualquier momento. Su rostro estaba tenso, pálido. Scott había sabido cómo llegar al lugar adecuado. Y no estaba sembrando ninguna idea que ese pobre diablo no tuviese ya en su cabeza; sólo estaba agitando un poco el tiesto.

– ¿Me sigue?

Félix asintió y lo miró, una mirada suplicante y patética, como si fuese un niño indefenso. Pero eso no despertaba absolutamente ninguna simpatía en Scott.

– Estoy indeciso -continuó-. Moralmente estoy obligado a entregarlo a las autoridades. Por otro lado, es mi hijo el que está en esa cama, y puedo decir, puedo verlo por la clase de hombre que es usted, que ha cuidado de él. Ha sido bueno con él, ¿verdad?

Félix asintió.

– Sí -dijo-. Así es. He hecho todo lo posible para que no sufriese.

– Bien, se lo agradezco, y eso me recuerda algo. Usted dijo que el doctor Cleaver sabía cómo medir el, ¿cómo lo llamó?, el ánima. Supongo que sólo puede medirla cuando se está moviendo de un lugar a otro, ¿verdad?

– Sí.

– Y tal vez cuando se mueve del interior al exterior del cuerpo. ¿Correcto?

– Sí.

– ¿Y el doctor Cleaver hizo eso fuera de su cuerpo?

Félix no sabía cómo contestar a eso.

– No se preocupe. Sólo estoy preguntando -dijo Scott. -No lo sé.

– ¿Está seguro?

– Sí. Pero creo… sé, a juzgar por las cosas que hemos hecho, las medidas que tomamos… que sí, eso fue lo que sucedió.

– ¿Y qué era lo que estaban haciendo? -¿A qué se refiere?

– Quiero decir, ¿estaban tratando de recuperarla? Félix hizo una pausa y estuvo pensando tanto tiempo que parecía estar tratando de dar una respuesta veraz. -No estoy seguro, porque el doctor Cleaver no me contaba qué había detrás de muchas de las cosas que hacía; pero no, no lo creo. Creo que no estaba tratando tanto de recuperar el ánima como, ya sabe, de controlarla. Scott dio una última y larga calada al cigarrillo, luego lanzó la colilla al suelo y la aplastó con el pie. -Comprendo -dijo-. Y entonces esta máquina… supongo que la utilizaban para enviar a la gente al mismo lugar donde se encuentra ahora mi hijo, dondequiera que esté.

Félix asintió con cierta vacilación.

Scott se acercó a la máquina y la miró, moviendo la camilla arriba y abajo con una mano.

– ¿Qué son estas cosas?

Señaló las cuencas para los ojos.

– Se encajan debajo de los párpados y cubren los ojos. Ésa es la forma en que son enviados algunos de los mensajes, mediante impulsos eléctricos que viajan a través del nervio óptico principal. Eso los lleva directamente al cerebro. Scott tocó el casco.

– ¿Y esto recoge esos impulsos en el interior? -Sí.

Scott señaló el cronómetro. -¿Y esto?

– Le dice cuánto tiempo ha estado dentro. -¿Por qué hay una marca aquí?

– Es el límite de los siete minutos. No se puede estar ahí dentro más de siete minutos.

– ¿Porqué?

– Porque el ordenador no puede controlar más que ese tiempo. Si te quedas más de siete minutos la máquina se estropea. Tu cerebro se fríe y te mueres.

– ¿Está seguro de eso? -Completamente.

– Félix, algo me dice que tal vez sea culpable de algo más que de agresión…

Félix no contestó y desvió la mirada.

– Pero no debe preocuparse, su secreto está a salvo conmigo. Siempre que…

– ¿Siempre que qué?

– Siempre que haga exactamente lo que yo le diga.

Se produjo un largo silencio mientras Scott cruzaba la habitación y echaba un vistazo a la pantalla de un ordenador. Acercó una silla y se sentó delante de la máquina, deslizó un teclado de debajo de la mesa, buscó el interruptor y lo encendió.

Finalmente, Félix habló con una voz que sonaba infantil.

– ¿Y qué es lo que quiere que haga? -preguntó. -Creo que usted ya lo sabe, Félix. Venga, no es tan estúpido como quiere hacerme creer.

Scott se estaba tomando su tiempo. Una vez que la pantalla estuvo iluminada, introdujo la contraseña y luego comenzó a teclear con mucho cuidado, escribiendo un mensaje.

– ¿Qué cree que quiero hacer? -preguntó Scott.

Félix habló lentamente, como si se mostrase reacio a pronunciar las palabras.

– Creo que quiere que yo use la máquina. Creo que quiere que lo envíe a ese lugar.

Scott lo miró y sonrió por primera vez.

– ¿Lo ve? Ya se lo he dicho. No es tan estúpido, después de todo. -Envió el mensaje, se levantó y se acercó a la máquina.

Cleaver había registrado su nombre y estaba esperando a que el ordenador respondiera cuando se sintió inquieto sentado en aquella silla de respaldo duro. El dolor en el costado izquierdo no había desaparecido, de hecho, había empeorado. Ahora eran como trozos de cristal que le atravesaban el esternón desde un lugar muy profundo de la caja torácica. Pero haberse sentado no había servido de mucha ayuda; sólo conseguía hacer que se sintiera confinado.

Se levantó y comenzó a pasearse por la pequeña habitación. Desde una esquina, donde estaba acostado formando una gran masa de pelo gris, el mastín alzó la cabeza y lo observó con cautela.

Cleaver sentía una apremiante necesidad de hablar. Tal vez eso lo ayudaría a olvidar el dolor, a conseguir que desapareciera.

– No lo entiendo -dijo-. Quiero decir, al principio estaba bien. Casi podía sentir que era capaz de controlarlo. No podía conseguir que hiciera todo lo que yo quería, pero no era como esto… ahora esa cosa parece estar contra mí. Lo echa todo a perder. Juro que eso se ha metido en mi sistema y ha arruinado mis registros.

Quincy dejó de trabajar y miró a Cleaver.

– He notado que has dicho eso -dijo-. Hubiera pensado que dirías él. Hace un momento lo llamaste Tyler. -Bueno, sí, pero fue un error. Aún me resulta un poco difícil pensar que allí fuera hay una inteligencia humana.

Y mucho menos una que está poniendo patas arriba mi sistema. Quiero decir que tiene todo el ciberespacio para vagar por él.

– Pero es sólo ciberespacio, no lo olvides. Es un universo completamente diferente, es otro mundo de cargas eléctricas o estanterías repletas de un montón de cosas, incluyendo a todos los que han muerto alguna vez; al menos ésa es tu teoría, que yo recuerde. Y no lo olvides: tú fuiste quien lo puso allí.

– Lo sé -contestó Cleaver débilmente.

– Y eres tú quien pudo observar la partida del ánima, o como coño la llames, de aquel viejo. Y su reaparición ante la vieja, ¿verdad?

– Sí.

– Y eres tú quien ha estado enviando a todos esos jodidos pacientes chiflados al espacio exterior con tu jodida máquina… Mi jodida máquina, de hecho.

– Sí, bueno, no exactamente al espacio exterior; más bien al espacio interior.

– Lo que sea. Y eres tú quien está manteniendo con vida a ese pobre crío sólo para controlar de alguna manera lo que sucede en su mente.

– ¿Y…?

– Lo que estoy diciendo es: ¿quién eres tú para empezar a plantear dudas en este punto?

Cleaver entendió lo que Quincy quería decir. Pero necesitaba seguir hablando. Estaba empezando á dar resultado, en los últimos minutos había dejado de estar pendiente de su corazón. Aunque fue precisamente este pensamiento el que hizo que volviese a ser consciente del dolor.

Su voz asumió un tono hipócrita, autocomplaciente. -Supongo que eso se debe a que soy un científico. Exijo pruebas, pruebas rigurosas, antes de suscribir algo que no puedo ver con mis propios ojos. Aun cuando se trate de algo que confirma mi propia teoría y que deseo con todo mi corazón que sea verdad.

El perro se levantó de pronto y comenzó a dar vueltas por la habitación con evidente nerviosismo.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Ánima»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Ánima» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Denis Johnson - The Name of the World
Denis Johnson
libcat.ru: книга без обложки
Maureen Johnson
John Dobbyn - Neon Dragon
John Dobbyn
John Darnton - Experimento
John Darnton
John Darnton - Neanderthal
John Darnton
Jane Tanner - Nanna_s big boy
Jane Tanner
Charles Stephen Dessain - John Henry Newman
Charles Stephen Dessain
Cardenal John Henry Newman - Discursos sobre la fe
Cardenal John Henry Newman
John Henry Newman - La idea de una universidad
John Henry Newman
Отзывы о книге «Ánima»

Обсуждение, отзывы о книге «Ánima» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.