Dado que la universidad ejerce cierta presión para que #143 sea liberado, apreciaríamos una decisión pronta sobre el caso.
El oficial abrió la cartera y dejó caer la carta, seguida de fajos de hojas sueltas con escritura oficial, los rollos de cinta, el diario encuadernado en tela y el cuaderno de redacción escolar. Luego, sacando de un cajón del escritorio unas hojas de papel sellado y una pluma, se puso a escribir.
Director del SGPB Ciudadela,
Port-Mimizon Departament de la Maine
Señor:
Hemos examinado largamente el caso adjunto. Aunque el preso carece de importancia, las dos opciones propuestas nos parecen totalmente insostenibles. De ser el preso públicamente ejecutado, muchos considerarían que en efecto era ciudadano del mundo madre, como afirmaba, y que se lo habría quemado como chivo emisario. Por otra parte, si fuera puesto en libertad y luego vuelto a detener, la credibilidad del gobierno estaría gravemente dañada.
El estado de la opinión pública en Port-Mimizon no nos concierne, pero, ya que es la única importancia que tiene el caso, le ordenamos continuar esforzándose por asegurar una cooperación total; de paso le advertiríamos que no ponga una confianza prematura en el incipiente afecto por la muchacha CE. En tanto no se consiga esa cooperación total le ordenamos que mantenga al preso detenido.
Tras haber firmado al pie, el oficial dejó caer también este papel en la cartera, y llamando al esclavo, lo instruyó para que la atara como antes. Cuando hubo acabado, el oficial dijo:
—Embarcarás esto en el Lucero de la Tarde . Para Port-Mimizon.
—Sí, Maitre.
—¿Hoy servirás al comandante?
—Sí, Maitre. Desde las doce. Durante la comida para el general, ¿sabe, Maitre?
—Quizá tengas alguna ocasión, una digna ocasión, de hablar con él. Muy probablemente cuando te pida que me transmitas su agradecimiento por haberle prestado tus servicios.
—Sí, Maitre.
—En ese momento podrías ingeniártelas para informarle de que me pasé toda la noche en vela con este caso, y que lo despaché esta mañana por el primer barco con destino a Port-Mimizon. ¿Entiendes?
—Sí, Maitre. Entiendo, Maitre.
Por un instante el esclavo se permitió deponer el aire habitual de deferencia y sonrió; y el oficial, viendo esa sonrisa, comprendió que si le era posible cumpliría las instrucciones, que cierto secreto amor suyo por la intriga y la duplicidad se deleitaba con todo aquello. Y el esclavo, viendo la expresión del oficial, supo que nunca tendría que volver a los telares y los talleres de cardado, habiendo comprendido que el oficial sabía que él haría todo lo posible por el mero placer de hacerlo.
Cargó la cartera al hombro para llevarla al muelle y al barco Lucero de la Tarde , y se separaron muy contentos los dos.
Cuando el esclavo se marchó, el oficial encontró una cinta más que había rodado hasta quedar detrás de la lámpara; fue hasta la ventana y la dejó caer en uno de los descuidados parterres, entre las prominentes trompetas de los ángeles.
FIN