Joseph Conrad - Nostromo

Здесь есть возможность читать онлайн «Joseph Conrad - Nostromo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Nostromo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Nostromo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Nostromo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Nostromo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Nunca sabe uno para qué pueden servirle ciertas cosas -prosiguió con su habitual sosiego de tono y gesto-. Un triste domingo me pasé, de la mañana a la noche, explorando este trozo de tierra.

– Pasatiempo propio de un misántropo -musitó Decoud maliciosamente. -Se conoce que no tenía usted dinero para jugar o gastarlo con las muchachas de su especial devoción, capataz.

– " E vero -exclamó el otro, usando sin advertirlo su lengua materna, sorprendido de la perspicacia de Decoud-. Estaba sin un céntimo. Por eso no quise ver a esa gente pedigüeña, acostumbrada a mi generosidad. Siempre esperan recibir algo del capataz de cargadores, a los que tienen por ricos y, digámoslo así, por caballeros entre la gente pobre. No tengo afición al juego y lo tomo como un mero pasatiempo; y en cuanto a las muchachas que se precian de ser visitadas por mí, sepa usted que no las miraría dos veces a la cara, si no fuera por lo que había de murmurarse. Esa buena gente de Sulaco es amiga de cuentos y chismes; lo cual me ha servido para tener noticias útiles, sin más que escuchar con paciencia la charla de las mujeres, reputadas generalmente por novias mías. La pobre señora Teresa nunca pudo comprenderlo. Precisamente aquel domingo, señor, me regañó de tal modo, que salí jurando no volver a poner los pies en la casa si no era para sacar mi hamaca y baúl de la ropa.

"Señor, no hay nada más desesperante que oír a una mujer de la especial estima de uno hacer chacota de su reputación, cuando no se tiene en el bolsillo una sola moneda de cobre. Me fui al puerto, desamarré uno de los botes más chicos, y salí en dirección a esta isla con solo tres cigarros para pasar el día. Pero el agua del arroyuelo que oye usted a sus pies es fresca, agradable y sana, señor, antes y después de un cigarro". Calló unos minutos, y luego añadió con aire pensativo:

– Ese fue el primer domingo, después de haber acompañado al rico inglés de las patillas blancas en todo el trayecto desde el páramo del Paso de la Entrada en la montaña hasta Sulaco… y al coche también. No había memoria de que carruaje alguno hubiera hecho el viaje de subida y bajada, hasta que yo arreglé el camino con cincuenta peones que trabajaron admirablemente con cuerdas, picos y maderos a mis órdenes. Era el millonario inglés, que, según dice la gente, paga la construcción del ferrocarril. Pero a mí no me caía el salario hasta fin del mes.

De pronto se deslizó del ribazo; y Decoud oyó el chapoteo de sus pies en el arroyo, y siguió sus pasos por la barranca abajo. La oscura forma del capataz se perdió entre los arbustos, y no reapareció hasta que estuvo en la faja de arena al pie del peñón. Como sucede a menudo en el golfo, cuando las nubadas, durante la primera parte de la noche, han sido frecuentes y serias, la lobreguez se enrarece mucho al venir la mañana, aunque a la sazón no había señales de que apuntara el día.

La gabarra, aligerada de su preciosa carga, se balanceaba un poco, medio sumergida con el tajamar en la arena. Una larga cuerda se tendía, como un hilo negro de algodón al través de la blanquecina playa, terminado en el rezón, que Nostromo había sacado a tierra y enganchado en el delgado tronco de un arbusto algo talludo en la boca misma de la barranca.

Decoud tenía que quedarse en la isla. Recibió de manos de su compañero todos los víveres que la previsión del capitán Mitchell había puesto a bordo de la gabarra, y los depositó por el momento en el botecito, que a su arribo habían halado hasta internarle en el boscaje. Se quedaba con él, porque la isla había de servirle de escondrijo, no de prisión. Con ese bote podría salir al encuentro de algún barco que pasara cerca. Tal solía ocurrir con los correos de la Compañía O.S.N. cuando navegaban desde el norte con rumbo a Sulaco. Por desgracia la noticia de los disturbios que últimamente habían estallado en la ciudad fue llevada por el Minerva , donde iba el fugitivo ex-presidente a los puertos de la costa septentrional: de modo que probablemente el vapor próximo había recibido orden de no tocar en Sulaco, pues los oficiales del Minerva sabían que por entonces estaba en poder de las turbas revolucionarias. Esto significaba que no habría vapor en un mes, atendiendo el régimen ordinario del servicio postal; pero a Decoud no le quedaba otro arbitrio que esperar la primera ocasión. La isla era el único refugio contra la proscripción que se cernía sobre su cabeza. El capataz, como era natural, regresaba. La gabarra, libre del pesado cargamento, hacía menos agua, y Nostromo esperaba que se mantuviera a flote hasta el puerto.

Hundido en el agua hasta las rodillas, al lado de la barca, alargó a Decoud uno de los azadones que formaban el equipo de los lanchones para emplearlos en el lastrado de los barcos. Cavando con cuidado, tan luego como aclarara lo necesario para ver, Decoud podría echar abajo la masa de tierra y piedras que pendía sobre la cavidad donde habían depositado el tesoro, de modo que pareciera haberse desprendido naturalmente. Era preciso cubrir no sólo el hoyo, sino todos los rastros de la labor, las pisadas, piedras removidas y hasta los arbustos rotos.

– "Además, ¿a quién puede ocurrirle buscar aquí, ni a usted, ni al tesoro? -continuó Nostromo como si le costara trabajo marcharse-. No hay probabilidad de que venga nadie a este sitio.¿Qué ha de buscar un hombre en este islote estéril y desierto, mientras no le falte en el continente tierra en que posar los pies? La gente de este país no se molesta en registrar lugares que no prometan algún beneficio seguro. Ni siquiera hay pescadores que deseen charlar con usted, porque todos los del golfo están allá cerca de Zapiga. Señor, si se ve usted forzado a dejar la isla antes que se haya dispuesto algo para ponerle a salvo, no intente usted llegarse a Zapiga. Es un poblado de ladrones y matreros, donde le degollarían a las primeras de cambio por robarle el reloj de oro y la cadena.

"Y, señor, piénselo dos veces antes de fiarse de nadie, sea quien quiera, ni aun de los oficiales de la Compañía, si logra usted ir a bordo de algún barco. La honradez sola no basta para la seguridad. Debe usted atender a la discreción y prudencia de las personas con quienes hable. Y recuerde usted siempre, señor, antes de abrir los labios para hacer una confidencia, que este tesoro puede permanecer aquí seguro por centenares de años. Tiene el tiempo en su favor. La plata es un metal incorruptible que conserva eternamente su valor con leves alteraciones… De eso cabe estar seguro… Un metal incorruptible…" -repitió, como si tal idea le procurara un placer especial.

– Como algunos hombres tienen fama de serlo -manifestó Decoud con intención inescrutable, mientras el capataz, que trabajaba en achicar con un cubo de madera, seguía arrojando el agua por la borda con un chapoteo regular.

Su compañero, escéptico incorregible, se hacía a sí propio la reflexión, no con espíritu cínico, sino con entera satisfacción, de que aquel hombre se había hecho incorruptible por su enorme vanidad, esa sutilísima forma de egoísmo que puede tomar el disfraz de todas las virtudes.

Nostromo cesó de achicar, y, como asaltado por una idea repentina, soltó el cubo, y cayó con un golpe seco en la gabarra.

– ¿Tiene usted algún recado que darme? -preguntó bajando la voz-. Ya puede usted suponer que me preguntarán por usted.

– Debe usted pensar por su cuenta las palabras alentadoras que conviene hacer oír a la gente de la ciudad. En ese punto me fío de su buen juicio y experiencia, capataz. ¿Comprende usted a qué me refiero?

– Sí, señor…, a lo que ha de decirse a las señoras.

– Eso, justamente -asintió apresuradamente Decoud-. La admirable reputación de que usted goza les hará conceder gran valor a sus declaraciones; por tanto ponga usted cuidado en lo que dice. Por mi parte -añadió sobreponiéndose al fatal impulso de desconfianza desdeñosa en sí propio, que le era connatural-, espero obtener en mi misión un éxito glorioso y feliz. ¿Lo oye usted, capataz? Emplee usted las palabras "glorioso y feliz" cuando hable con la señorita. Son las que pueden aplicarse al modo con que ha ejecutado usted su empeño, porque usted ha salvado la plata de la mina, no solo ésta, sino probablemente toda la que pueda extraerse.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Nostromo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Nostromo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Nostromo»

Обсуждение, отзывы о книге «Nostromo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.