Joseph Conrad - Nostromo

Здесь есть возможность читать онлайн «Joseph Conrad - Nostromo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Nostromo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Nostromo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Nostromo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Nostromo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Al ver a Carlos Gould entrar en la sala, saludaba con una venia provisional, y proseguía hasta el fin su período oratorio. Después solía decir:

– Amigo Carlos, ha venido usted a caballo desde Santo Tomé con el calor del día. Siempre la verdadera actividad inglesa, ¿no? ¿Qué hay?

Bebía de un trago lo que restaba del té, dando invariablemente después un ligero respingo seguido de un "¡brrr!" involuntario, que no quedaba disimulado por la apresurada exclamación:

– ¡Excelente!

Luego poniendo la taza vacía en la mano de su joven amiga, extendida con una sonrisa, continuaba discurseando sobre la índole patriótica de la mina de Santo Tomé, por el mero placer de hablar con facundia, a lo que parecía, mientras su cuerpo reclinado oscilaba con suave vaivén en una mecedora traída de los Estados Unidos. El cielo raso del salón de la casa Gould tendía su blanca superficie a gran altura sobre la cabeza del anciano visitante. Aquella desmedida elevación empequeñecía el ajuar de la espaciosa pieza, en el que se mezclaban antiguos sillones españoles de nogal y cuero, con respaldos rectos, y asientos europeos de diversas formas, bajos y enteramente almohadillados, semejantes a pequeños monstruos gordinflones, henchidos hasta reventar de muelles de acero y de crin. Veíanse chucherías en mesitas y veladores, espejos incrustados en el muro sobre consolas de mármol, alfombras cuadradas al pie de dos grupos de butacas, presididos cada uno por un profundo sofá; esterillas diseminadas sobre el piso de rojas baldosas; tres grandes ventanas, abiertas desde el techo al suelo, que daban salida a un balcón corrido, y estaban flanqueadas del lado de la habitación por los pliegues perpendiculares de obscuros cortinajes. La magnificencia de tiempos pasados perduraban entre las cuatro altas y lisas paredes, teñidas de un delicado color de vellorita; y la señora de Gould, con su cabecita de lucientes rizos, sentada entre una nube de muselina y encaje ante una esbelta mesa de caoba, parecía un hada, que se le había posado junto a los vasos de plata y porcelana repletos de delicadas golosinas para regalar el gusto de los moradores del salón.

La señora de Gould conocía la historia de la mina de Santo Tomé. Su laboreo databa del tiempo de la conquista y se había efectuado principalmente a latigazos en las espaldas de los esclavos; el rendimiento de plata se había pagado con su peso en huesos humanos. Tribus enteras de indios habían perecido en la explotación; y al cabo la mina se abandonó, en vista de que aquel método primitivo no rendía un beneficio apreciable, a pesar de cuantos cadáveres se arrojaran a las fauces del monstruo. Posteriormente llegó a quedar olvidada. Fue descubierta de nuevo después de la guerra de la independencia. Una compañía inglesa obtuvo el derecho de beneficiarla, y halló un filón tan rico, que ni las exacciones de los sucesivos gobiernos, ni las incursiones periódicas de los oficiales de reclutamiento sobre la colonia de mineros, convenientemente retribuidos, creada por aquélla, pudieron desalentar su perseverancia. Pero al fin, durante la prolongada barahúnda de pronunciamientos que siguió a la muerte del famoso Guzmán Bento, los mineros indígenas, incitados a la rebelión por emisarios enviados desde la capital, se habían levantado contra sus jefes ingleses, asesinándolos a todos sin dejar uno vivo.

El decreto de confiscación que apareció inmediatamente después en el Diario Oficial, publicado en Santa Marta, empezaba en estos términos: "Justamente indignada ante la inhumana opresión de extranjeros, movidos por sórdidos anhelos de lucro, antes que por amor del país, al que han llegado pobres para hacer sus fortunas, la población minera de Santo Tomé, etc…" y acababa con la siguiente declaración: "El jefe del Estado ha resuelto ejercer plenamente su poder de clemencia. La mina, que, según todas las leyes internacionales, humanas y divinas, revierte ahora al Gobierno, como propiedad nacional, permanecerá cerrada hasta que la espada que ha sido preciso desenvainar para la sagrada defensa de los principios liberales haya cumplido su misión de asegurar la ventura de nuestro amado país."

Y durante muchos años así quedó la mina de Santo Tomé. Qué ventajas esperara sacar el Gobierno de semejante expoliación es imposible decirlo ahora. Con grandes dificultades se logró que Costaguana pagara una mísera indemnización a las familias de las víctimas, y después se dejó de prestar consideración al asunto en los despachos diplomáticos.

Pero, andando el tiempo, otro gobierno se acordó de aquella valiosa partida de activo. Era uno de los gobiernos normales de Costaguana -el cuarto en seis años-,y supo aprovechar la oportunidad que se le ofrecía. Estaba secretamente convencido de que la mina de Santo Tomé carecía de todo valor en su poder, pero comprendió con sagaz penetración las variadas aplicaciones a que puede adaptarse una mina de plata, prescindiendo del tosco procedimiento de extraer el metal por medio de excavaciones.

El padre de Carlos Gould, uno de los más ricos comerciantes de Costaguana por largo tiempo, había perdido ya una parte muy grande de su fortuna en empréstitos forzosos hechos a gobiernos sucesivos. Era un hombre de genio reposado, que nunca pensó en reclamar sus créditos con apremiante insistencia; y, cuando inesperadamente le fue ofrecida la mina de Santo Tomé con los terrenos colindantes y obras anejas a la misma, se sobresaltó lo indecible. Tenía larga experiencia de cómo las gastaban los gobiernos.

Realmente la secreta intención de la oferta, aunque sin duda se había procurado mantenerla oculta con meditada capciosidad, se mostraba patente en el texto mismo del documento que le presentaron, con urgencia, a la firma. En la tercera cláusula, que era la más importante, se estipulaba que el concesionario debería pagar al punto al gobierno las regalías o derechos de un quinquenio, calculados sobre el probable rendimiento de la mina.

El señor Gould, padre, se esforzó en declinar aquel fatal favor con repetidas razones e instancias; pero todo en vano. Alegó que no entendía nada de minería; que no tenía medios para poner la concesión en el mercado europeo; que la mina, como negocio en marcha, no existía. Los edificios, destinados al personal y operaciones de la explotación, habían sido quemados; la planta de las excavaciones, destruida; la población de obreros, ahuyentada del lugar hacía muchos años; el camino, borrado por la invasión desbordada de la vegetación tropical, que lo había hecho desaparecer tan completamente como si se lo hubiera tragado el mar; y la galería principal, dormida y cegada en un trayecto de cien metros desde la entrada. Aquello no era ya una mina abandonada, sino una bravía garganta rocosa e inaccesible de la Sierra, donde sólo podían hallarse vestigios de madera carbonizada, montones de ladrillos rotos y algunos trozos informes de hierro comido de orín, todo ello cubierto por la espesa urdimbre de chaparros espinosos que allí vegetaban.

Natural era que el señor Gould, padre, no deseara la posesión perpetua de tan desolada localidad; de hecho, al surgir su mera visión en la mente del concesionario durante las silenciosas horas de vela nocturna, tenía la maléfica virtud de exasperarle y causarle febriles y agitados insomnios.

Pero ocurrió que el ministro de Hacienda de entonces era un hombre a quien, años antes, el señor Gould por desgracia había rehusado conceder una pequeña ayuda pecuniaria, fundando su negativa en el hecho de ser el peticionario un jugador y petardista notorio, con la agravante de pesar sobre él la sospecha de un robo con violencia perpetrado en la persona de un acaudalado ranchero establecido en un distrito remoto, donde el sujeto aludido desempeñaba a la sazón el cargo de juez. Cuando el desairado pedigüeño logró escalar el elevado puesto de ministro, manifestó en público su intención de pagar al pobre señor Gould su disfavor con un donativo adecuado.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Nostromo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Nostromo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Nostromo»

Обсуждение, отзывы о книге «Nostromo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x