– ¿Quién llamó a la policía? -Annie preguntó.
– Alguien vio a Wayne pasar corriendo por el camino, cubierto de sangre. En el momento en que llegamos allí, él se había metido en el garaje de Burke para ocultarse, que es donde lo encontramos.
– ¿Se recuperó el cuchillo? -Preguntó Rick.
– Lo encontramos en el suelo en la parte inferior de la escalinata.
– ¿Huellas?
– El mango y la hoja estaban tan resbaladizas con sangre, que no pudimos obtener una impresión.
El jefe echó un vistazo en dirección a Cass para ver su reacción, pero no había ninguna.
– Cuando se lo interrogó acerca de por qué él estaba allí, ¿qué les dijo? -Preguntó Rick.
– Dijo que había tropezado con Bob en el puerto deportivo una hora antes y que Bob le dijo que había tenido una gran captura, que si pasaba por la casa, le daría algunos peces.
Comenzó a juguetear con sus gafas.
– Tiene que tratar de entender cómo esto golpeó a la comunidad. Todos en pueblo conocían y querían a los Burkes. La familia de Bob vivía aquí antes de que hubiera una ciudad. Nada así había pasado alguna vez en Bowers. Por lo que sabía, nada como esto había ocurrido en cualquier lugar cerca de aquí. Dejó a todos sin palabras. Todo el mundo se enfureció cuando se filtró la noticia de que encontramos a Wayne escondido en el garaje. Que hubiéramos tenido a esa escoria asesina viviendo aquí mismo en Bowers Inlet, caminando en nuestras calles… bien, las personas estaban terriblemente indignadas. Pero aliviadas, sabe, porque él había sido encarcelado.
– El monstruo de Frankenstein, -Annie murmuró.
– ¿Qué? -Denver frunció el ceño.
– La escena de la vieja película de Frankenstein acaba de saltar en mi mente. Esa donde la muchedumbre enojada persigue a la criatura.
– Estábamos enfadados, doctora McCall. Gente buena -una maravillosa familia- había sido masacrada en su propia casa. Todos sentían que si les sucedió a ellos, podría sucederle a cualquiera.
Denver suspiró fuertemente.
– Conocía a Bob y a Jenny, los conocía de toda mi vida. Mi hermano fue a la escuela con ellos, y después en la secundaria, estuvo terriblemente enamorado de Jenny.
El jefe sintió los ojos de todos sobre él entonces, y sacudió la cabeza.
– Ni siquiera piensen que podría haber sido él. Lo perdimos en Vietnam. Fue hace mucho, por el verano del '79.
Se aclaró la garganta.
– De todos modos, estábamos hablando del día… ese día. Nosotros -Jack Cameron y yo, él lleva muerto unos seis o siete años- entramos en la casa, y era como caminar en una película de horror. Cassie estaba allí en el piso de arriba, cubierta de sangre. Pensábamos que estaba… bien, pensamos que no había supervivientes. Entonces nos dimos cuenta de que ella parecía moverse, y llamamos a una ambulancia. Le di respiración boca a boca para tratar de mantenerla con vida. -Se limpió una lágrima de su rostro sin aparentemente notar que lo había hecho-. Yo nunca había visto nada igual. La carnicería. Esa niña, su cuello quebrado como si fuera una ramita. Y Jenny allí en el suelo del dormitorio… Bob en el suelo de la cocina. Y Wayne Fulmer encogiéndose en el garaje, gimiendo y temblando y cubierto de la sangre de Bob. -Él miró a Rick-. ¿Quién pensaría que lo hizo, Agente Cisco, si se hubiera topado con esa escena?
– Bueno, admito que se veía bastante malo para Wayne.
– No teníamos en aquel entonces ADN, sólo tomábamos las huellas dactilares. Y no siempre era exacto, según quien examinaba las impresiones. Nada de correspondencia electrónica. No había perfiladores que vinieran y nos dijeran qué tipo de personalidad se suponía estábamos buscando. -Contempló a Annie con sordo resentimiento.
– Jefe, lo siento. No lo estamos acusando, ni juzgando… -Annie comenzó, pero él la interrumpió.
– Sí que lo hacía, doctora McCall. Usted juzgaba, criticaba y nos acusaba de un trabajo policial mal hecho. No juzgue nuestras acciones o nuestras decisiones de hace veintiséis años por la manera en que hacemos las cosas hoy en día. No teníamos las herramientas para ese entonces. -Denver se levantó y abandonó la sala antes de que nadie pudiera detenerlo.
– Mierda, -dijo Rick en voz baja.
Cass se levantó para ir tras su jefe.
– Déjame a mí, Cassie. Fue mi culpa. Voy a hablar con él. -Rick siguió a Denver de la habitación.
– Cass, ¿podríamos terminar aquí? Sólo tengo algunas preguntas más para ti. -Annie se acercó y puso una mano sobre el brazo de Cass.
– Creo que debería ir a ver y si él está bien. -Ella hizo gestos hacia la oficina del jefe.
– Rick hizo el lío, Cass. Él lo limpiará.
– Está bien. Le daré cinco minutos para volver. Si no se ha calmado y vuelto para entonces, iré y hablaré con él. Por lo general, no le toma mucho más que eso calmarse, no importa cuan enojado esté.
En ese momento, el teléfono celular de Cass sonó, y ella miró el número expuesto en la pequeña pantalla.
– Tengo que tomar ésta, -dijo Annie.
– Khaliyah. ¿Cómo estás? -Ella se levantó y caminó hasta la ventana.
– Estoy bien, Cassie. Me preguntaba cómo estás. Vi en las noticias, acerca de tu prima. Quería asegurarme de que tú… -La chica se detuvo, su voz temblorosa-. Sólo quería asegurarme de que estabas bien, eso es todo.
– Eso es realmente dulce. Te agradezco la llamada. Pero no quiero que te preocupes por mí. Estoy bien.
– Fui a tu casa y vi a los policías y la cinta amarilla alrededor de todo el lugar y tuve miedo, -admitió Khaliyah.
– No hay motivos para estar asustada.
– Quería que supieras que puedes venir y quedarte aquí, conmigo, si necesitas un lugar donde alojar.
– Esa es una bonita oferta. Gracias, Khaliyah. Pero tengo un lugar.
– ¿Un lugar seguro?
– Totalmente seguro, sí. -La garganta de Cass se apretó, de tan emocionada que estaba ante la preocupación de su joven amiga.
– Pero si algo pasa, si es necesario…
– Serás la primera persona a la que llame. Te lo prometo.
– Supongo que nuestro uno a uno está descartado por un tiempo.
– Nah. Estaré allí.
– ¿Estarás?
– Puedes apostarlo.
– ¿Estás segura?
– Segurísima. -Cass vaciló por un momento, luego añadió-: Pero tratemos de llegar un poco antes esta semana. De esa forma podemos concluir mientras todavía hay luz.
– Muy bien. ¿A las seis?
– Las seis es perfecto. A menos que te diga lo contrario.
– Muy bien. Te veré entonces.
– Khaliyah…
– ¿Qué?
– Pregúntele a Jameer si puede llevarte esta semana, ¿bien? ¿Hasta que esto termine? No creo que desees andar dando vueltas por la ciudad.
– Muy bien. Se lo pediré.
– Si él no puede, me llamarás, ¿verdad?
– Correcto.
– Nos vemos entonces. Y gracias, Khaliyah. -Cass cerró su teléfono y dejó lo caer en su bolsillo.
– Lo siento, -dijo a Annie-. ¿Dónde estábamos?
– Estábamos… -La puerta se abrió detrás de ella y Annie se dio la vuelta a tiempo para ver a Rick y al jefe regresar a la habitación.
– Lamento la interrupción. -El Jefe Denver saludó con la cabeza a las mujeres.
Tomó asiento a la cabecera de la mesa, y Rick se sentó junto a Cass de nuevo como si nada hubiera ocurrido.
– ¿Qué más querías preguntarme? -Cass preguntó a Annie.
– ¿Recuerdas algo más sobre aquel día? ¿Tienes alguna otra imagen en tu mente?
– Bajando la escalera para desayunar, detrás de mi madre. El pensar que se veía tan bonita. Que yo nunca sería tan bonita como ella.
– ¿Qué llevaba puesto?
– Una blusa blanca. Pantalones capri rosa y blanco, -respondió sin vacilar-. Tenía el cabello atado atrás en una cola, como siempre, y se balanceaba…
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