¿Cree que vale la pena comprobarlo? Si no ha aparecido en algún punto entre el cabo St Alban y Anvil Point, se habrá hundido frente a Swanage, y no podremos recuperarlo. Sin embargo, los horarios son muy precisos, así que, suponiendo que apareciera frente a Anvil Point, seguramente su amigo Ingram podrá averiguar dónde anda. Según usted, Ingram es un talento mal aprovechado. Si él no averigua nada, podemos dejárselo a los guardacostas. De hecho, quizá valdría la pena acudir primero a ellos. Ya sabe cómo les fastidia que los marineros de agua dulce invadan su territorio. Es una posibilidad muy remota -no veo dónde encaja Hannah, ni cómo podría alguien violar a una mujer en un bote neumático sin zozobrar-, pero nunca se sabe. Podría tratarse de ese barco que buscaba frente a la isla Purbeck.
Al final los guardacostas le pasaron la pelota a Ingram de buen grado, alegando que ellos tenían cosas mejores que hacer en plena temporada de verano que buscar botes imaginarios. Ingram, que también se mostraba escéptico, aparcó en Durlston Head y siguió a pie por el sendero de la costa, por la ruta que Harding decía haber tomado el domingo anterior. Caminaba despacio, escudriñando la orilla al pie del acantilado con los prismáticos. Él era igual de consciente que los guardacostas de lo difícil que era encontrar un bote negro entre las relucientes rocas que bordeaban la base del cabo, y repasaba una y otra vez tramos que ya había dado por examinados. Tampoco tenía demasiada fe en sus cálculos, según los cuales un objeto flotante avistado aproximadamente a las 18:15 del domingo por la noche, a unos trescientos metros de Seacombe Cliff -que era donde calculaba que debía de estar un Fairline Squadron tras diez minutos navegando a veinticinco nudos desde el cabo St Alban- podría haber llegado a la playa unas seis horas más tarde entre Blackers Hole y Anvil Point. Ingram sabía lo impredecible que era el mar, y lo improbable que resultaba que un bote medio deshinchado hubiera llegado a la orilla. Lo más probable era, suponiendo que hubiera existido, que las corrientes lo hubieran arrastrado hacia Francia o que se encontrara a veinte brazas de profundidad.
Lo encontró un poco más hacia el este de lo que había calculado, más cerca de Anvil Point, y sonrió con justificada satisfacción cuando lo vio con sus potentes prismáticos. Estaba volcado en un tramo inaccesible de la orilla, y conservaba la forma gracias al suelo y los asientos de madera. Ingram telefoneó al inspector Galbraith con su teléfono móvil. «¿Es usted buen navegante? -le preguntó-. Porque la única forma de llegar hasta ese bote es por barco. Si se reúne conmigo en Swanage, puedo llevarlo hasta él esta noche. Necesitará un impermeable y botas de agua -le previno-. Nos vamos a mojar.»
Ingram invitó a un par de amigos suyos del equipo de salvamento marítimo de Swanage a que lo acompañaran, para que vigilaran su barca, la Miss Creant , mientras él llevaba a Galbraith a la costa en su bote hinchable. Apagó el motor fueraborda y lo sacó del agua cuando se encontraban a unos treinta metros de tierra, utilizando los remos para desplazarse por entre las puntiagudas rocas que esperaban a los marineros desprevenidos. Detuvo la pequeña embarcación pegándola a una roca grande y le hizo señas a Galbraith de que desembarcara y caminara hacia la orilla. Después se metió también él en el agua y, tirando de la amarra, llevó el bote hasta la pequeña y desolada playa.
– Allí está -dijo señalando hacia la izquierda mientras sacaba su bote del agua-, pero no sé qué demonios hace aquí. Nadie abandona un bote en perfecto estado sin algún motivo.
Galbraith sacudió la cabeza, perplejo.
– ¿Cómo lo ha encontrado? -preguntó oteando los acantilados que tenían detrás y pensando que debía de haber sido como buscar una aguja en un pajar.
– No ha sido fácil -reconoció Ingram mientras guiaba al inspector hacia el otro bote-. No me explico cómo las rocas no lo han destrozado. -Se detuvo junto al casco volcado y añadió-: Debe de haber entrado así, porque si no el fondo estaría desgarrado, y eso significa que no debe de quedar nada dentro. -Levantó una ceja y preguntó-: ¿Le damos la vuelta?
Galbraith asintió y cogió el bote por la popa, mientras Ingram hacía otro tanto por la proa. Le dieron la vuelta con dificultad, porque al estar desinflado había perdido su estructura. Un cangrejo diminuto salió de debajo y se refugió en un charco, en una roca cercana. Tal como había predicho Ingram, no quedaba nada dentro del bote, salvo los tablones del suelo y los restos de un asiento de madera partido por la mitad. No obstante, era un buen bote, de unos tres metros de largo y un metro de ancho, y con la tabla de popa intacta.
Ingram señaló las hendiduras de la madera producidas por los tornillos de un motor fueraborda; luego se puso de cuclillas para examinar dos aros de metal que había en los tablones de la popa, y otro en los de la proa.
– En algún momento ha estado colgado del pescante de un barco. Estos aros sirven para enganchar los cables antes de subirlo hasta los brazos del pescante. Así no se balancea mientras el barco se mueve. -Examinó la parte exterior del casco por si había algún nombre, pero no lo encontró. Miró a Galbraith, entrecerrando los ojos para protegerse del sol-. Es imposible que se haya caído de la popa de un yate sin que nadie se haya dado cuenta. Tendrían que romperse los dos cables del cabrestante al mismo tiempo, y las posibilidades de que eso ocurra son mínimas. Si sólo se rompiera uno de los cables (el de popa, por ejemplo), el bote quedaría colgando como un péndulo, y eso afectaría a la dirección del barco. Automáticamente reducirías la marcha para averiguar qué pasaba. -Hizo una pausa y concluyó-: De todos modos, si los cables se hubieran roto seguirían enganchados a los aros.
– Siga, por favor.
– Me parece más probable que lo hayan echado al agua desde un remolque, lo que significa que tenemos que preguntar en Swanage, Kimmeridge Bay o Lulworth. -Se levantó y miró hacia el oeste-. A menos que hubiera salido de Chapman's Pool, por supuesto, y entonces lo primero que tenemos que averiguar es cómo llegó hasta allí. La playa no tiene acceso público, de modo que no puedes llevar un remolque hasta la orilla y echar un bote al agua así como así. -Se frotó la mandíbula y dijo-: Qué raro, ¿no?
– ¿No podrían haberlo bajado e inflado allí?
– Depende de lo fuerte que estés. Estos trastos pesan una tonelada. -Extendió los brazos como un pescador mostrando el tamaño de un pez-. Van en unas enormes bolsas de lona, pero créame, hacen falta dos personas para moverlos, y de Hill Bottom a la rampa de Chapman's Pool hay casi dos kilómetros.
– ¿Y los cobertizos? Los de la policía científica tomaron fotografías de toda la bahía, y hay muchos botes junto a los cobertizos. ¿No podría ser uno de ésos?
– Sólo si lo han robado. Los pescadores que utilizan los cobertizos no abandonarían un bote en perfectas condiciones. No tengo noticia de que hayan robado ninguno, pero es posible que no lo hayan echado en falta todavía. Puedo comprobarlo mañana.
– Quizá hayan sido unos gamberros -sugirió Galbraith.
– Lo dudo. -Ingram tocó el casco con el pie-. A menos que quisieran matarse a remar para llevarlo hasta mar abierto. Por sus propios medios no habría salido. El canal de entrada es demasiado estrecho, y las olas lo habrían devuelto a las rocas de la bahía. -Miró a Galbraith, que no entendía nada, con una sonrisa-. Haría falta el motor -explicó-, y no creo que los gamberros llevaran su propio medio de locomoción. Nadie deja un motor fueraborda por ahí. Son muy caros y todo el mundo los guarda como oro en paño. Eso también descarta la posibilidad de que inflaran el bote en la playa. No me imagino a nadie bajando un bote y un motor fueraborda hasta Chapman's Pool.
Читать дальше