– Te preocupas por todos excepto de ti mismo.
El intestino de Jake se apretó ardientemente ante eso. Una protesta. Se preocupaba por él mismo primero, siempre moviendo peones en un tablero de ajedrez para ajustarse a él, dirigiendo vidas… dirigiendo la vida de ella. Pero ella creía en su acto de «gran padre y amoroso proveedor». Se levantaba de noche con Kyle y se lo traía a ella, permaneciendo en el cuarto mientras ella le alimentaba. Ella pensaba que era porque él amaba a su hijo. Y después ella siempre le ponía al niño en sus brazos esperando que él meciera a Kyle para que volviera a dormirse. Y lo hacía, pero no porque quisiera hacerlo. No porque disfrutara de sostener a un bebé en sus brazos, aunque a veces se preguntaba si estaba comenzando a esperar secretamente ese tiempo con su hijo. De ninguna manera. Casi sacudió la cabeza violentamente ante sus pensamientos. Quería que Emma le viera bañando a Kyle con atención; esa era su única razón.
– Quiero que hagas lo que dice tu médico, Emma. Permanece en la cama. Tienes que pensar en tu bebé, no en si he cenado o no. Tenemos un cocinero para eso.
Emma estudió las líneas en la cara de Jake. Parecía más cansado de lo habitual. Algo no estaba bien.
– El cocinero se va a casa después de las cuatro. Tú siempre trabajas hasta tarde y algunos de los chicos tienen hambre así que me gusta tener algo preparado en la cocina. Y el médico no me ha prescrito reposo absoluto en cama todavía, Jake, así que deja de preocuparte tanto. Todo lo que hago es holgazanear.
Los extraños ojos dorados de Jake ardieron sobre ella. Él se estiró para capturarle el mentón y mantenerla mirándole, el agarre fuerte, los dedos apretándola un poco.
– Sé exactamente lo que estás haciendo, Emma, y yo no lo llamaría holgazanear. ¿Te gustaría decirme por qué empleo a una enfermera y a un cocinero, cuando tú haces todo el trabajo?
La estaba castigando. Ella dejó caer la sonrisa, sabiendo que él no apreciaría su extraño sentido del humor. Todos parecían atemorizados de Jake con sus maneras bruscas y duras y ojos agudos, pero ella le encontraba irresistible y a veces incluso tierno, cuidando de aquellos que vivían en el rancho con una actitud protectoramente violenta. Incluso a sus hombres. Había un grupo de rufianes que venían ocasionalmente a la casa, los perforadores de petróleo que se dispersaban a los cuatro vientos cuando no trabajaban y los vaqueros que cuidaban de su ganado y los campos que vivían en el rancho, en casas o en el barracón. A menudo venían hasta la casa principal para hablar con Jake, y ella tomó el hábito de hacer pan fresco y pasteles para ellos.
– No tengo la menor idea de por qué les contrataste. Te dije que si iba a tomar el trabajo de ama de llaves de esta casa y cuidar de Kyle, no quería a nadie más correteando por la casa.
Ella inclinó el mentón, negándose a ser intimidada por la advertencia que brillaba en los ojos de él. Por mucho que se preocupara por él, por mucho que quisiera suavizar las líneas en su rostro, se negaba a alimentar su genio o su autoritarismo. El hombre no sabía cómo hablar sin dar una orden. A menudo ella se encontraba queriendo complacerle, diciéndose que era para aliviar el esfuerzo constante bajo el que él estaba, pero más probablemente era por su terrible inclinación hacia las criaturas heridas. Y él estaba herido, tanto si cualquiera podía verlo o no. Sabía que él estaría horrorizado ante su evaluación. Jake era el hombre más independiente que jamás había conocido.
Él se inclinó más cerca.
– Nadie correteará por la casa después de que te hayas recuperado de tener al bebé. Mientras tanto, permíteles que te sirvan.
– No voy a quedarme en la cama hasta que tenga absolutamente que hacerlo. El reposo parcial en cama significa que puedo levantarme un poco. Y Kyle me prefiere a la enfermera.
– Bien, por supuesto que te prefiere a ti que a un viejo murciélago.
– Nunca esboza una sonrisa, al menos no a mí alrededor.
– No la contraté por su capacidad de sonreír.
– ¿Por qué la contrataste?
– Sus credenciales son impecables.
– No sabe nada sobre bebés; no realmente. Algunas personas tienen una capacidad natural. Ella no -insistió Emma.
La enfermera estaba especializada en embarazos difíciles, no en bebés. Se encogió de hombros y puso el plato vacío a un lado.
– Ella no aprueba mi estilo de vida. -Le disparó una mueca tímida-. No creo que mis considerables encantos funcionen con ella.
Emma sentía los primeros indicios de actitud posesiva hacia Jake. Y más que una pequeña ira hacia la enfermera ausente.
– ¿Quién es ella para juzgar tu estilo de vida? ¿Qué está mal con él?
Jake se encogió de hombros otra vez.
– Estás protegida aquí, Emma, pero hay muchas personas interesadas en mi vida. Cuándo no pueden encontrar que ningún detalle sobre el que hablar, lo inventan.
Ella dio vueltas a su declaración práctica una y otra vez en su mente.
– Yo. -Se encontró con su mirada dorada-. Especulan acerca de mí y acerca de quién soy y por qué estoy aquí.
– El accidente fue en California hace cuatro meses. Todos pensaron que Shaina me rompió el corazón. Y ahora tengo a una mujer misteriosa viviendo conmigo, pero a la que nadie ve. El rumor es que ella está embarazada también.
– ¿Y la enfermera… la señorita Hacker cree que el bebé es tuyo?
– No he dicho nada diferente -admitió.
– ¿Por qué?
Él apartó la mirada de ella brevemente, entonces se estiró y le tomó la mano, le deslizó el pulgar arriba y abajo por el dorso de la mano.
– No puedo. No podemos. Tenemos que pensar en proteger al bebé. Necesitamos permitirles pensar que es mío.
– ¡No! -Emma arrancó la mano-. Es el bebé de Andrew, la última parte de él.
– Emma, cariño, no estás pensando. Ambos sabemos que el bebé es de Andrew, pero ¿qué sucede sí algo falla? Yo pienso así, planifico por adelantado. Es lo que hago. Desarmo las compañías y las vendo pedazo a pedazo, pero para tomar el control en primer lugar, tengo que mirar hacia delante y determinar las cosas que quizás sucedan y planear en consecuencia. No voy a dejar a tu bebé sin hogar ni a las autoridades. Enójate conmigo por ello, pero sé lo que es ser educado como…
Bruscamente cerró la boca, se puso en pie de un salto y salió furiosamente.
Emma se sentó en la oscuridad durante mucho tiempo, el corazón latiendo, mientras encaraba la posibilidad muy real de que su bebé quizás viviera y ella no. Los médicos habían discutido la posibilidad con ella, pero ella la había descartado. Evidentemente Jake no, y él ya se estaba preparando para salvar a su hijo, cuando ella ni siquiera había pensado en lo que podría suceder. Se levantó, se puso la bata y caminó descalza sobre la alfombra del vestíbulo hasta la guardería infantil. Él estaba allí, tal y como sabía que estaría, montando guardia sobre su hijo.
– Jake. -Él no se giró pero ella sabía que había sido consciente de su entrada-. Lo siento. Tienes razón acerca de esto, pero no quiero que pienses que espero…
Él le lanzó una mirada de advertencia por encima del hombro.
– Ve a la cama, Emma. No soy yo mismo esta noche y tú eres la última persona con la que quiero pelear.
– Sólo quería decir que lo sentía.
Él se balanceó de ese modo fluido y depredador suyo y la barrió a sus brazos como si fuera una niña, acunándola del modo en que ella le había enseñado a sostener a Kyle.
– ¿Qué parte de «cama» no comprendes?
Él sonó áspero y exasperado, pero las manos fueron apacibles mientras la llevaba a la cama y le empujaba la sábana hasta el mentón. Dejó caer un beso en su coronilla, como ella le había visto hacer con Kyle.
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