– ¿Sabes?, llevo tiempo esperando que me digas que me compre mis propios pañuelos, o al menos que empieces a llevarlos de papel, pero nunca lo haces.
– Es mi deber de esposo.
Samantha se echó a reír.
– ¿Estaba eso en los votos nupciales? Porque yo no lo recuerdo.
– Venía justo después de lo de «en lo bueno y en lo malo», creo. -La hizo levantarse de la silla, sonriendo, y la estrechó entre sus brazos.
– Estamos trabajando -le recordó ella.
– Nuestra jornada ya ha acabado -repuso Lucas-. Sólo me he pasado un momento por aquí para quitar esto de mi mesa antes de irnos. Y espero que nos larguemos antes de que Bishop nos busque otro caso.
Bishop, que entró en la habitación a tiempo de oír aquello, dijo:
– ¿Sería yo tan cruel? -Y cuando Samantha pareció considerar seriamente la pregunta, añadió con una sonrisa-: No, no lo sería. Además, ahora mismo tenemos muy pocos casos, por raro que parezca.
– ¿Por eso Quentin está desaparecido? -inquirió Samantha-. ¿Por fin se ha tomado sus vacaciones?
– Sí, pero sólo son vacaciones a medias -contestó Bishop-. Un caso cerrado que quiere reabrir.
– Suena bastante aburrido -comentó Lucas.
– ¿Estando Quentin de por medio? -Bishop sacudió la cabeza-. En el último caso cerrado en el que trabajó, acabaron pegándole un tiro a Kendra.
– Entonces esperemos que no encuentre nada más que papeles polvorientos -dijo Samantha.
– Sería un buen cambio. Sobre todo estando las cosas tan tranquilas por aquí.
– Ah, estás aquí -le dijo Miranda al entrar en la habitación-. Y muérdete la lengua. Lo único que hace falta es que uno de nosotros comente que no está ocupado para que nos lluevan casos.
– Entonces -dijo su marido-, sugiero que nos larguemos.
– Ésa sí es una buena idea. -Ella sonrió a la otra pareja-. Propongo que os marchéis a disfrutar de vuestra luna de miel. Todavía estaremos aquí cuando volváis. Y tú -añadió, dirigiéndose a su marido- me debes una cena. Yo tenía razón sobre ese abogado.
– No te lo discuto. -Bishop cogió a su mujer de la mano y les dijo a los otros dos-: Que os divirtáis. Y no volváis ni un día antes de tiempo.
– No lo haremos -prometió Lucas.
Samantha, que miraba a Bishop y Miranda mientras éstos se alejaban, dijo, divertida:
– Bishop y Miranda, Tony y Kendra, Isabel y Rafe, tú y yo. ¿Hay alguna otra unidad en el FBI con cuatro equipos de casados?
– No. Pero tampoco hay ninguna otra unidad como la nuestra, ¿no?
– Cierto. -Ella le sonrió-. La feria parece quedar muy lejos. Como si de eso hiciera mucho tiempo.
– ¿La echas de menos?
– No. La vida que tenemos… -Sacudió un poco la cabeza-. Supera cuanto soñaba con tener. Por si acaso no te he dado las gracias…
Lucas la besó y dijo:
– Me las has dado. Y yo a ti. Y ahora vamos a pasarnos un par de semanas tumbados en una playa de Florida, contándonos todas las demás cosas que queremos contarnos, y todas las cosas que no hemos podido decirnos hasta ahora… y seguramente unas cuantas que nos harán decir algunos cócteles margarita de más.
Samantha empezó a reírse.
– Tú no me has visto después de tomar unos cuantos cócteles margarita de más -la advirtió él solemnemente.
– Y lo estoy deseando. -Samantha no apartó el brazo de su estrecha cintura cuando se volvieron hacia la puerta-. ¿Sabes una cosa? -añadió-: Puede que hasta te lea el porvenir.
– No hace falta -dijo Lucas con una sonrisa-. Ya sé cómo acaba la historia.
***
[1]P.T. Barnum (1810-1891), cómico estadounidense, propietario de un circo que se anunciaba como «el mayor espectáculo del mundo». (N. de la t.)