Jodi Compton - 37 horas

Здесь есть возможность читать онлайн «Jodi Compton - 37 horas» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

37 horas: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «37 horas»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La regla básica en la investigación de casos de desaparecidos es recopilar toda la información y los indicios posibles en las primeras 36 horas tras el suceso, cuando la memoria de los testigos no está contaminada y las pistas todavía pueden ser fiables.
Sarah Pribek, una detective de la policía de Minneapolis especializada en este tipo de casos, conoce bien esta circunstancia. Cuando descubre que su marido, Shiloh, lleva desaparecido 48 horas y se pone a investigar, salen a la luz mu chas cosas que no sabía de él.

37 horas — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «37 horas», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Cuando me topé con Mike Shiloh cara a cara por primera vez en dos meses, me alegré de haber reconocido de quién se trataba antes de encontrármelo, porque así me dio tiempo de disimular mi sorpresa.

Dos meses habían transcurrido desde nuestros encuentros y, al verlo, tuve la sensación de que mi memoria no había almacenado correctamente los recuerdos. Examiné su rostro como si fuera la primera vez y me fijé en sus rasgos euroasiáticos, el cabello largo y ondulado que no se había cortado, era evidente, desde la última vez que nos habíamos visto y, sobre todo, su mirada directa e implacable. Dada su posición en el escalón superior, nuestros rostros quedaban casi frente a frente, a pesar de que él estaba sentado.

– He pensado que si tenías turno de tarde, a esta hora ya estarías en casa -dijo a modo de saludo-. ¿Has comido?

– ¿Y por qué no has avisado por teléfono de que ibas a venir? -le pregunté.

– Oh, lo siento. ¿Está Hadley en casa?

Mantuvo una expresión absolutamente seria, aunque de algún modo capté que se estaba divirtiendo. Se sentía satisfecho de haber adivinado algo que Hadley y yo habíamos querido mantener en secreto.

– Ya no me relaciono socialmente con el detective Hadley -repliqué, utilizando las palabras más formales que se me ocurrieron y el tono de voz más amable.

– Me alegro de saberlo -replicó Shiloh-, porque el viernes pasado por la noche vi al detective Hadley en el barrio de Lynlake en compañía de una mujer joven. Y, a juzgar por cómo vestía la chica, yo diría que con ella sí que se relacionaba socialmente.

– Pues me alegro por Hadley.

– No has respondido a mi pregunta. ¿Tienes hambre? -Shiloh inclinó la cabeza ligeramente-. Estaba pensando en un restaurante coreano en Saint Paul, pero podemos negociarlo -dijo-. Dependerá de lo que tú quieras.

Advertí que llevaba ya un rato intentando comprender quién era aquel hombre y si me gustaba. No había llegado a ninguna conclusión.

– Antes de ir a ningún sitio -le dije, muy tiesa-, me gustaría hacerte una pregunta.

– Adelante -accedió.

– ¿Por qué estabas bebiendo en el bar del aeropuerto?

Mis palabras lo pillaron por sorpresa, por expresarlo suavemente. Lo vi reflejado en su rostro. Se frotó la nuca unos instantes y luego alzó los ojos, me miró a los ojos y dijo:

– Los aeropuertos tienen su propia policía. No quería ir a un lugar donde pudiera toparme con un compañero.

Supe que me estaba diciendo la verdad y que no me había respondido con el cinismo que me habría permitido mandarlo con viento fresco y dejar de pensar en él de una vez por todas.

– Entra un momento -dije-. Tengo que cambiarme.

Capítulo 14

Naomi Wilson, antes Naomi Shiloh, no había exagerado acerca de su volumen. Llevaba un ancho vestido amarillo y un suéter color coral abierto para acomodar su inmensa barriga. Se encontraba en el extremo de un campo de juegos muy bien cuidado de la guardería, vigilando a los niños.

Cuando me vio llegar, advertí que me tomaba las medidas: mi estatura, la chaqueta de cuero negra que creí que sería la más apropiada para el otoño del oeste.

– Tú debes de ser Sarah, ¿verdad? Yo soy Naomi.

Tenía el cabello más negro que Shiloh, pero en su rostro sincero y dulce no reconocí ninguno de los rasgos de él. La actitud, sin embargo, forma parte de la apariencia y cuanto mayores nos hacemos, más refleja el rostro nuestra vida y nuestros pensamientos. Y ya me había quedado claro que Naomi y Shiloh eran dos mundos absolutamente distintos.

– ¿Te importa si hablamos aquí fuera? -preguntó, señalando una mesa de piedra cercana. Era evidente que se sentía muy cómoda con su suéter y que estaba acostumbrada a estar al aire libre con los niños-. Aunque si prefieres que vayamos dentro, pediré a Marie que salga.

– No, aquí se está bien -asentí.

– ¿Puedo ofrecerte algo, primero? ¿Un té, agua, zumo de manzana? ¿Unas galletas?

– Un café estaría bien -respondí.

– Pues resulta que no tenemos café.

Tendría que haber recordado lo que Shiloh me había contado. En Utah, el setenta y cinco por ciento de la población es mormona, y hasta en las tiendas de refrescos sirven cola sin cafeína.

– No importa, en serio -dije.

Ya en la mesa, le llevó unos instantes acomodarse.

– ¿Estás de nueve meses? -le pregunté.

– No, de siete.

– ¿Gemelos?

– Sí -asintió-. Viene de familia.

– ¿Dónde vive tu hermana gemela?

– Todavía va a clase -respondió Naomi-. No terminó la universidad en cuatro años, como hice yo.

Estaba a punto de ir al grano cuando Naomi me miró como si acabase de materializarme a su lado.

– Así que Mike se ha casado -comentó-. No sé por qué, pero me sorprende.

– ¿Sí?

– Siempre ha sido muy solitario -respondió.

– Y en cierta manera, sigue siéndolo. Antes de que desapareciera, tenía previsto ingresar en la Academia del FBI en Virginia. De haberlo hecho, habría estado lejos de casa cuatro meses, pero yo lo entendía.

– ¿Quería ser agente del FBI?

– Sí.

– ¡Vaya! -exclamó-. Es asombroso. -Naomi incluso rió-. Mike, agente del FBI.

– ¿Por qué te sorprende? Ya sabías que era policía.

– Pues sí, pero es que…

– ¿Era muy indisciplinado, de chico?

– Mira… -Volvió los ojos al cielo como hace la gente cuando intenta acceder a los recuerdos-. La verdad es que no sabría decírtelo. Más o menos, ésa era la impresión que daba cuando yo era pequeña.

– Y tus padres, ¿también lo veían así?

– Sí, y Adam y Bill. Pero ahora, cuando pienso en ello, no recuerdo nada concreto de lo que decían. Quizá es que yo pensaba que todo el que se marchaba tan joven de casa era un inconformista.

– Un facineroso -dije.

– Exacto. Y vosotros dos, ¿cómo os conocisteis? -preguntó.

Naomi parecía más interesada en la vida de Shiloh en Minnesota que en su desaparición. Tal vez aquello fuera normal. En cierto modo, para ella y su familia, Shiloh llevaba mucho tiempo desaparecido.

– En el trabajo -dije-. Soy policía.

– Debería haberlo adivinado -musitó-. Sí, tienes pinta de policía. Eres tan…

– ¿Alta? Ya lo sé -le dije con una sonrisa-. ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con Mike? -pregunté. Había llegado el momento de ponerse manos a la obra, aunque la verdad, no acababa de saber cuál era mi misión allí en Utah.

– Yo no hablo con él nunca -respondió Naomi, un tanto sorprendida-. Por Navidad me manda una tarjeta.

– Pero de toda tu familia, tú fuiste la que descubrió dónde estaba -repliqué-. Sois los que estáis más unidos.

– Yo no diría tanto -replicó-. Mi hermano se fue de casa cuando yo sólo tenía ocho años.

– ¿Y por qué te decidiste a buscarlo?

– En nuestra familia yo era algo así como la cronista -explicó tras una pausa-. Para mí, la familia es importante. Bueno, para todos lo era, pero yo me encargaba de tomar fotos en las celebraciones, cuando nos reuníamos. Supongo que por eso empecé a pensar en él y en si me sería posible localizarlo.

– ¿Utilizaste esos servicios de búsqueda de personas de Internet?

– No. -Naomi sacudió la cabeza-. Con el dinero que tenía en aquella época, eso me habría salido demasiado caro. Hice lo que pude. Tenía muchos amigos y cada vez que salían de la ciudad, les pedía que mirasen en las guías telefónicas de los lugares donde fueran. Shiloh no es un apellido corriente. Y un día, mi amiga Diana me llamó desde Minneapolis y me comunicó que había encontrado un Michael Shiloh en las páginas blancas, con su número de teléfono pero sin dirección.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «37 horas»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «37 horas» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «37 horas»

Обсуждение, отзывы о книге «37 horas» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.