Antonio Molina - El jinete polaco

Здесь есть возможность читать онлайн «Antonio Molina - El jinete polaco» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El jinete polaco: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El jinete polaco»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Un traductor simultáneo que viaja de ciudad en ciudad le cuenta su vida a una mujer, evocando en su relato las voces de los habitantes de Mágina, su pueblo natal. Así sabremos de su bisabuelo Pedro, que era expósito y estuvo en Cuba, de su abuelo, guardia de asalto que en 1939 acabó en un campo de concentración, de sus padres, campesinos de resignada y oscura vida, y de su propia niñez y turbulenta adolescencia en un lugar en plena transformación.
En un período de tiempo comprendido entre el asesinato de Prim en 1870 y la Guerra del Golfo, estos y otros personajes van configurando el curso de la historia de esa comunidad y de España, formando un apasionante mosaico de vidas a través de las cuales se recrea un pasado que ilumina y explica la personalidad del narrador. Esta prodigiosa novela, urdida en torno a circunstancias biográficas, se transforma en una peripecia histórica surcada por tramas que se entrelazan con la principal, la enriquecen y se enriquecen con ella.
El jinete polaco fue galardonada con el Premio Planeta 1991 y el Nacional de Literatura en 1992.

El jinete polaco — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El jinete polaco», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

«Era como una película», dice Nadia, riéndose, no de él, sino de sí misma, «como una de aquellas películas francesas que a él le gustaban y que yo no había visto». Al paso de los años se ha ido volviendo más cautelosa y más sabia, ya no confía igual que antes en su resistencia solitaria al dolor, pero ha afianzado su ironía y no ha perdido ni uno solo de los gestos de entonces, la costumbre de sentarse en la cama abrazada a un almohadón, su manera ensimismada de hablar, tocándose los labios con las yemas de los dedos cuando no encuentra la palabra o el giro exacto que busca, la indolencia gustosa, la falta absoluta de sentido del tiempo, la risa súbita que le ilumina los ojos antes de romper nítidamente en su voz. Se da cuenta de que Manuel lleva un rato callado y deja de reír y de hablarle del otro, le toma la cara entre las manos, aprieta contra él su vientre cálido y sus muslos. «Me recuerdas a mi padre», dice, «él también tenía celos y callaba, prefería no saber, igual que tú, celos y miedo a que me pasara algo malo, al fin y al cabo era un español a la antigua y quería preservar la honra de su hija, aunque él no le diera ese nombre, le llamaría juventud o inocencia y estaba seguro de que yo sola no sabría protegerme, y a ti te pasa más o menos lo mismo, te imaginas que fui deslumbrada y engañada por un seductor veinte años mayor que yo, te lo cuento y quieres salvarme, subir a una máquina del tiempo como al corcel de un caballero medieval y rescatarme cuando estaba a punto de ser ultrajada. Pero nadie me engañó, y menos José Manuel, o el Praxis, como le llamabas tú, y si hubo alguna mentira la inventé y me la conté yo misma y me la creí porque yo quise creerla, porque me apetecía y me excitaba, cómo iba a engañarme él, si era transparente, aunque él pensara lo contrario, aunque se sintiera culpable por no decirme la verdad y por estar siéndole infiel a su compañera y a sus principios, se marchaba todos los fines de semana a Madrid y no me decía que allí estaba con otra mujer, como si yo no me diera cuenta nada más que mirándole la cara que traía los lunes, pero me daba igual, por lo menos al principio, quería tenerlo y lo tenía, estaba segura de que si me comparaba con otra era yo quien salía ganando, y no me importaba que fuera la vanidad y no el amor lo que le hacía seguir conmigo, iba a esperarlo a su piso y abría la puerta con mi llave, miraba sus papeles y sus libros, tenía cientos de ellos apilados en el suelo, contra la pared, pero a mí no me sonaban los títulos de casi ninguno de ellos ni los nombres de los autores, salvo dos o tres, y me abrumaban, me sentía un poco idiota, como si no hubiera leído ni un solo libro en mi vida, o al menos ninguno de los que eran imprescindibles para él, usaba también ese adjetivo para referirse a las películas y los discos que le gustaban. Yo le registraba los cajones, aunque él me lo tenía prohibido, pero ya sabes lo curiosa que soy, hasta le encontré una foto enmarcada de su mujer que había escondido en el fondo del armario, a lo mejor volvía a ponerla en la mesa de noche cuando yo me marchaba, una cara carnosa, un poco mustia, ya sabes, con melena corta y gafas redondas, no su mujer, su compañera, cuando por fin se atrevió a hablarme de ella decía esa palabra con reverencia, como para disuadirme de que yo la insultara, no estamos casados pero precisamente por eso mi compromiso con ella es más sincero y más fuerte, eso me dijo la última vez. Pero me gustaba mucho, aunque no fuera por las razones que él creía, me gustaba que me llamara por sorpresa a medianoche y me llevara a tomar una copa fuera de Mágina, en algún bar de la carretera, o a cenar con un grupo de camaradas suyos en una cortijada, algunas veces a la luz de un candil, les decía que yo era la hija de un militar republicano exiliado y yo me sentía orgullosa no sólo de mi padre, que estaría en casa esperándome sin poderse dormir, sino también de él, y pensaba que para aquella gente era una compatriota y no una extranjera, porque yo también les ayudaba, aunque él casi nunca me lo permitía, por miedo a comprometerme, se quedaba muy serio y me decía, cuanto menos sepas mejor para ti. Pero como actor era bastante malo, igual que la mayoría de los hombres, y poco a poco empezó a irritarme no que me mintiera, sino que lo hiciera tan mal, cuando le daba el ataque de responsabilidad o de culpa se inventaba reuniones para no estar conmigo, me llamaba con mucho misterio para decirme que había peligro y que no fuera al piso, y cuando volvió de las vacaciones de Semana Santa estuvo varios días muy serio, me abrazaba con desesperación y luego se apartaba de mí con esa vergüenza que os da a los hombres si no estáis a la altura de vuestra vanidad, le preguntaba qué piensas, y él decía que nada, vuelto de espaldas a mí, y a lo mejor al día siguiente ya parecía el mismo de antes y me llevaba en el coche a cenar en un merendero junto al río, pero en mitad de la conversación volvía a poner aquella cara tan seria, como de estar agobiado por problemas que yo no podía entender, a lo mejor se imaginaba que estaba actuando en una película sueca o francesa en la que pasan minutos y minutos sin que nadie diga nada y a mí me daban ganas de soltarle una bofetada y exigirle que me dijera de una vez lo que no se atrevía a decirme, pero no, yo fingía que no me daba cuenta y él se quedaba ya toda la noche con aquella cara de víctima o de canalla atormentado, y entonces comprendí que si no había cortado ya conmigo era porque prefería esperar al fin de curso para que todo acabara sin necesidad de una ruptura abierta. No quería hacerme daño, claro. Nunca quieren hacerlo. Como si bastara una mentira para suavizar ese horror de que a uno lo dejen».

Y entonces fue cuando de verdad empezó a necesitarlo con una devoradora urgencia física y tuvo lucidez para medir el arrebato en que vivía, un fervor acrecido al transmutarse en insatisfacción y luego en sufrimiento, una agobiante incapacidad de no pensar en él o de cumplir las costumbres y las obligaciones diarias, la limpieza de la casa, el orden de su habitación, la compra, la comida, la conversación cada vez más difícil con su padre, que se convertía dolorosamente para ella en una figura inerte cuando no en un posible acusador. Era ella quien llegaba ahora después de medianoche y quien no encendía la luz al cruzar el comedor camino de su dormitorio, y él quien permanecía despierto esperándola y no hacía preguntas a la mañana siguiente. Tendida en su cuarto, con el pestillo echado, alguna tarde en que José Manuel le había avisado por teléfono para que no fuera a verlo, oía a su padre hablar en voz baja con aquel fotógrafo gordo que ahora llevaba, en vez del impermeable azul marino y la gorra de plástico, un lastimoso traje de entretiempo, y desplazaba hacia ellos una parte de la impaciencia y la rabia que le había provocado la cancelación de la cita. Se imaginaba hablándole fríamente al otro, burlándose de su cobardía, provocándole un deseo que ya no iba a satisfacer, viendo en sus ojos la incapacidad masculina de aceptar el rechazo. Se complacía amargamente en recapitular las pruebas de su vanidad, su palabrería, el gusto con que se escuchaba a sí mismo cuando creía estar maravillándola a ella, sus manías verbales, praxis, en tanto en cuanto, imprescindible, el desasosiego y hasta el miedo que se apoderaban de él si ella emprendía en el amor alguna imperiosa iniciativa. Sonó el teléfono y se puso en pie tan rápidamente como la primera vez que él la llamó. Pero tampoco ahora se dio prisa en salir: se miró en el espejo, esperando que su padre golpeara la puerta, tardó un poco en contestar, como si hubiera estado dormida, en el comedor le sonrió a Ramiro Retratista y le dijo buenas tardes antes de ponerse al teléfono, y el fotógrafo hizo ademán de levantarse y se le cayó de las rodillas un libro muy grande que parecía una Biblia y una foto antigua de mujer. «…Y de ese modo descubrí que las palabras de aquella carta estaban sacadas del Cantar de los Cantares», le oyó contarle a su padre mientras ella aceptaba una cita para esa misma noche, no en el piso, sino en una taberna sórdida y proletaria de los Miradores, detrás de la iglesia del Salvador, un sitio con carteles de Carnicerito, cubas de vino bronco y anaqueles de botellas estriadas donde sonaban en una radio mugrienta confusos programas de flamenco que parecían estar siendo emitidos diez o quince años atrás: no había letrero en la puerta, pero la taberna tenía un nombre brutal, Nadia no logra acordarse, era el apodo del dueño, un apodo feroz, se pasa la lengua por los labios. Matamoros, dice, pero sabe que no, y es Manuel quien recuerda, Ahorcamonos, y los dos se echan a reír, él también fue allí algunas veces con sus amigos, cuando entre todos sólo reunían el dinero suficiente para una botella de vino blanco y malo, y les llamaba la atención ver entre los albañiles de cara enrojecida y los borrachos lívidos y de pelo aplastado a algunos barbudos con libros bajo el brazo que se sentaban con las cabezas muy juntas en las mesas del fondo, detrás de una cortina sucia.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El jinete polaco»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El jinete polaco» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Antonio Molina - In the Night of Time
Antonio Molina
Antonio Molina - A Manuscript of Ashes
Antonio Molina
Antonio Molina - In Her Absence
Antonio Molina
Antonio Molina - Sepharad
Antonio Molina
Antonio Molina - Los misterios de Madrid
Antonio Molina
Antonio Molina - El viento de la Luna
Antonio Molina
Antonio Molina - Ardor guerrero
Antonio Molina
libcat.ru: книга без обложки
Antonio Molina
Antonio Molina - Córdoba de los Omeyas
Antonio Molina
libcat.ru: книга без обложки
Antonio Molina
Antonio Molina - El Invierno En Lisboa
Antonio Molina
Отзывы о книге «El jinete polaco»

Обсуждение, отзывы о книге «El jinete polaco» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.