Miguel Asturias - El Papa Verde

Здесь есть возможность читать онлайн «Miguel Asturias - El Papa Verde» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El Papa Verde: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El Papa Verde»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Esta es la segunda parte de la trilogia que integran los libros Viento fuerte, El papa verde y Los ojos de los enterrados añade una aguda intención social a esos valores poético – mitológico y a esa observación de una realidad política.
En una plantación bananera de la zona del Caribe, Asturias retrata a uno de los personajes más apasionantes de la novela hispanoamericana, uno de esos aventureros norteamericanos de recio carácter, individualistas de temperamento casi renacentista, que se apodera de una sociedad frutera, despojando e primer término a los cultivadores y luego a los mismos capitalistas de la compañía.
Obra de arte y documento, pintura de un personaje excepcional y de una situación humana y social, El papa verde ocupa un lugar incomparable en el universo que Asturias ha construido pacientemente, brillantemente, con cada uno de sus libros.

El Papa Verde — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El Papa Verde», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Doña Flora sintió que se le aguaba la cabalgadura bajo sus piernas y tuvo la sensación de perder la cabeza. Volaban alrededor de ella para su bien o para su mal, los ángeles del amor. El corazón la azotaba. Aparatos de telegramas llamando eran sus sienes. Las varias mujeres que en ella había dispersas -madre, socia, suegra- debían fundirse en la mujer que aquel hombre esperaba encontrar en su persona: la compañera para todo, ambiciosa, comprensiva, amante y con experiencia de la vida… No nos queda otro camino… Lo he pensado bien… Se repetía las palabras de Geo, el ser menos apropiado para su hija, muchacha poco despierta, más bien boba, que siempre estaba triste, ausente, soñando… ¡Ah, cómo pedirle que no hablara, que esperara, que lo dejara estar! Pero ya su voz salía de sus cuerdas varoniles vibrando y sonaba en sus labios sin alterar su fisonomía… Era raro… Era raro… ¿De qué le estaba hablando?…

– La embarcación -decía Geo- debe tener las medidas claves para esta clase de botes de persecución. Botes muy rápidos si se consiguen buenos remeros. Mañana mismo empezaremos a construirla, y se posterga mi boda con Mayarí, hasta que yo haya capturado a Chipó.

Las bestias ya iban al paso, apaciguadas, relumbrosas de sudor y sol, mosqueando las colas.

– Capturado o muerto Chipó, veremos si su señorita hija quiere o no quiere casarse. Por ahora dice que conmigo ni pensarlo…

– Alguna razón debe dar… -dijo doña Flora con la voz apagada. Los ejércitos de poros que se movilizaron en su cuerpo como hormigas, hacia la dicha, se desbandaban, fuera de acción.

– ¡Oh, sí, da muchas razones!

– ¡No puede tener tantas; es usted un hombre joven, honrado, de mucho porvenir!

– ¡Muchas razones!… -y se inclinó sobre la marcha a componerse el estribo. De su espaciosa frente cayó el sudor como de una regadera.

– ¿Cuáles? ¡Mengambrea se volvió esto si todos se ponen enigmáticos! ¡Ella que no habla y usted que no cuenta!

– ¡No sé, voy a hacer la barca y veremos!

– ¡Primero me cuenta lo que dice esa estúpida!

– Se lo diré después…

– ¡Ahora! -la voz de doña Flora no dejaba escape-. ¡Ahora mismo me cuenta usted lo que dice!

– Tener necesidad del progreso y abominar de él porque nos lo traen ustedes que no son nadie, es nuestro triste destino; y por eso me subleva que te quieras casar conmigo; que yo vaya a partir el pan en mi mesa con un hombre que se lo ha quitado de la boca a los míos; el lecho con el hombre que ha dejado a mi gente sin sus tierras, sin sus techos, errando en los caminos…

– ¡Pero está loca -gritó doña Flora-, está loca!

– ¿Por qué no te embarcas de nuevo y vas a pescar perlas? Yo sería entonces tu mujer y esperaría tu regreso ilusionada. Las manos llenas de perlas y no sucias de sudor humano. Ahora, cada vez que vuelves me da miedo verte entrar. ¿Qué ha hecho? ¿A quién ha despojado? Y tu caricia me quema y tu beso me ultraja, porque sé que en tus dedos va la onza de oro que todo lo corrompe, lo ensucia, lo vuelve ruin, o la fusta que golpea al rebelde, cuando no la cacha de la pistola; y en tus labios el desprecio, en forma de adjetivo bajo para los que se te entregan y destruyes, y en forma de insulto impotente para los que te escupen…

– ¡Está loca! ¡Está loca!…

La casa se dibujaba en una pequeña prominencia, sobre tierras sembradas de bananales, café, maíz, caña, corrales con ganado lechero y campos de repasto que bajaban hasta las márgenes del río Motagua, que por ese lado se encallejonaba y fluía hacia el mar como un relámpago de oro azul entre retumbos que semejaban truenos, nubes de espuma golpeando las rocas de minerales espejeantes y acolchada vegetación borracha de perfumes.

Pájaros amarillos, rojos, azules, verdes, y otros sin color pero con la clamorosa alegría en sus gargantas de cristal el cenzontle, de madera dormida el guardabarranca, de aguamiel el pito de agua, de meteorito sonando la calandria____________________

Menos mal que iban llegando y doña Flora podría pedirle de inmediato cuentas a esa estúpida. Una no sabe nunca con los hijos. ¡Qué hijos, cosijos! ¡Cosijos son todos, y peor las hijas!

Al acercarse a la casa vieron que la escolta ya estaba, ya había llegado, por el sargento que aproximóse a saludarlos. Los soldados dormían bajo una enramada. Soltaron los caballos y subieron al corredor. A doña Flora le tardaba el tiempo de gritarle un par de verdades a su hija. Helechos en macetas, orquídeas, hojas de colores, sillones, cornamentas de venados, mesas, sillas de descanso, capoteras, jaulas…

Doña Flora apresuró el paso -el corredor era largo- para ganar las habitaciones interiores, ya reclamando a voces la presencia de su hija.

– ¡Mayarí!… ¡Mayarí!…

Nadie respondió.

– ¡Mayarí!… ¡Mayarí!… -la fue llamando a voces por su cuarto, por el comedor, por el costurero, por el cuarto de los santos…-, ¡Mayarí!… ¡Mayarí!… ¿Adonde habrá ido esta loca? -se preguntaba en voz baja-…a la cocina…, a los corrales… -y siguió llamándola-: ¡Mayarí!…

– No, por aquí no vino… -decía la cocinera, una enana con las trenzas pegadas a la cabeza como estiércol de vaca.

Pasaron las horas. De los corrales volvió doña Flota a ver si faltaba algo en los armarios. No faltaba nada. Su ropa. Sus vestidos. Todo completo.

Corraleros, mozos y soldados se repartieron por los alrededores de la casa en su busca, y se mandó a un propio a que fuera en el mejor caballo hasta la estación de Bananera a preguntar por ella, y caso de no tener noticias, pedir las horas en que esa noche pasarían trenes de carga. Esperar hasta mañana el de pasajeros era muy tarde. Después se mandó a otro propio con un telegrama en clave para el comandante, en el que Maker Thompson le decía a pedido de doña Flora, que buscara a su hija en casa de los compadres Aceituno y que si no estaba allí diera aviso a la capital, a todas partes, pues se había fugado.

Eso si no le pasó algo, si no le hicieron algo estos malditos… Por quererles comprar las tierras lo que se saca una: enemistades, inquina… Ese es mi mayor miedo, una venganza… No, pero con los compadres Aceituno debe estar… Mi esperanza es que se haya ido para allá con ellos… El sargento, por de pronto, que se vaya con la escolta y le avise al capitán del destacamento…

– Yo no me alarmo, porque sé que se fue huyendo de nosotros.

– ¿Por qué pluraliza? Huyendo de usted… ¡Pobre mi patoja!…

– Sí, de mí… Aunque una vez dijo: «ya no puedo ver a mi mamá, porque se parece a la Malinche.»

– ¡Ah, eso decía!… Pues no sé si soy peor o mejor, pues no sé ni quién fue la Malinche… Alguna gran perdida, porque en la historia no hay más que las más perdidotas…

– La Malinche ayudó a Cortés contra los indios en la conquista de México, y como usted me está ayudando a mí…

– Si es así, pasa. El progreso lo exige, y usted, sin ser ese Cortés, está comprometido a traernos la civilización.

– ¿Yo?

– Sí, señor, usted…

– Yo no estoy comprometido a nada. Esas eran cosas de Jinger Kind, el manco. Susto se llevó de ver al comandante pegarle a Chipó. Si en vez de pegarle lo mata, nos hubiéramos ahorrado muchas molestias.

– Bueno, a mí mucho no me importa que traigan o no la civilización. Lo que me interesa por el momento es que en el próximo vapor que pase para el Norte carguen mis bananas.

– Eso, señora, debe darlo por hecho…

– A sesenta y dos centavos cincuenta, cada recimo…

– De ocho manos, sí…

– Ni en la pena pierden ustedes, siempre andan a la pepena. Véngase conmigo, traiga la lámpara, quiero ver una cosa… Ya me parecía… Estas jaulas están vacías… Alúmbreme de este otro lado. Todas están vacías…

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El Papa Verde»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El Papa Verde» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «El Papa Verde»

Обсуждение, отзывы о книге «El Papa Verde» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x