José Merino - El caldero de oro

Здесь есть возможность читать онлайн «José Merino - El caldero de oro» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El caldero de oro: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El caldero de oro»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Es esta novela el relato de un tiempo mítico que reúne en sí el pasado y el presente, marcado por las invasiones y los olvidos, origen y testigo de las vidas de quienes lo poblaron desde su principio. El caldero de oro será el símbolo de las estirpes que vivieron junto al río milenario, leyenda fundacional, símbolo insoslayable de la infancia de un protagonista que, un día, regresará al pueblo de sus antepasados, abandonado y solitario, para encontrase con un destino encerrado en su propia historia. Narrada desde la memoria y la imaginación sustentada en un lenguaje que no olvida nunca su condición reveladora, El caldero de oro fue saludada como una de las obras que evidenciaban la renovada vitalidad de la literatura española.

El caldero de oro — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El caldero de oro», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Era el fin de la estación fría, y el tibio aliento del día empezaba a ser sustituido por el frescor sutil de las montañas.

En la lejanía sagrada, más allá del páramo azulado, se encendía un relumbre sucesivo de relámpagos.

La noche de la víspera, un súbito fuego del sur fue la alarma que, transmitida al punto a los otros poblados, hizo que todos se pusieran en trance de guerra, recogiendo los rebaños, cerrando los muros, preparando las armas. Pero no eran los invasores: tras la expectación, apareció por el valle, a todo galope, un jinete del pueblo de la otra orilla, que demandaba audiencia con grandes voces. Estaba cubierto de polvo y su caballo sudaba, entre violentos resoplidos. Brillaban contra la hoguera los cuatro discos de la contera de su puñal.

Se llamó a concejo y todo el pueblo, incluso los niños, se reunió en el lugar de las hogueras.

El hombre de la otra orilla, único superviviente de una escaramuza, explicaría que un poderoso ejército se estaba acercando por el sur, con carros de guerra y con mucha caballería. Hacían jornadas de sol a sol, que comenzaban y concluían con los atronadores retumbos y los fuertes clarinazos de sus instrumentos de música, para acompasar la marcha de los soldados. Llevaban también estandartes de muchos colores, trofeos ganados a otros pueblos. El general iba en una gran carreta de la que tiraban seis caballos y, uncida a la carreta, llevaba su propia montura, una yegua blanca como la nieve. Ahora, estaban acampados en un lugar del confín de las tierras llanas, a pocas jornadas.

El guerrero de la otra orilla llevaba la noticia a lo largo del río, rumbo a su propio poblado, en los valles altos. Propuso una reunión de notables y guerreros de todas las familias y gentes, para la misma madrugada. En el gran silencio que rodeaba sus graves palabras, chisporroteaban los leños de la hoguera. Cuando partió, le acompañaron cuatro hombres.

Así, sobre la alegría del próximo festejo se extendió la sombra de aquellas nuevas funestas. Como añadiendo presagios malhadados a la noticia, cayó un rayo en el río, al pie del poblado, con enorme estrépito, y los caballos relincharon de terror. Era el nubero seco, envuelto en remolinos. Nuevos relámpagos rodearon el poblado, entre fragores y chispas, y otro rayo que cayó junto a unas zarzas, entre los dos muros, mató a una gocha preñada.

El tío-señor-tío buscó entonces el caldero de oro y lo ofreció al cielo, conjurando la malevolencia de los augurios.

Comenzaron a caer grandes bolas de granizo, que repiqueteaban en el caldero con triste sonido, que golpeaban la tierra con fuerza, dejando breves huellas. Al cabo, cayó solamente agua, aunque por poco tiempo. La tormenta se alejaba hacia el corazón de las montañas, como si quisiese abarcar con su mal presagio a todas las gentes y familias de los poblados de las dos orillas, y las hogueras se apagaron.

El poblado entero pasó el resto de la noche en disposición bélica, previniendo un asedio. Los alimentos del festejo fueron guardados y se acopió agua para los hombres y las bestias. Se repartieron entre las familias las vigilancias y los trabajos de los días y de las noches.

Desde entonces, ya la vida cambió y fue otra. Sólo guerra, batalla tras batalla. Ante el caldero de oro, lleno de sangre de prisioneros, los pueblos de las dos orillas os juramentabais para no claudicar. Pero los hombres de oriente eran muchos y por eso no conocían el cansancio.

Los pueblos de las dos orillas hubisteis de abandonar muchos poblados, adentraros cada vez más en las grandes montañas blancas, en las montañas sagradas y originales donde saltan los rebecos y permanecen las janas.

Y todo cambió. Pareciera que los dioses propicios se olvidaban de vosotros. La vida seguía su rumbo abandonándoos, dejándoos en la desolación como el río deja, tras las grandes avenidas, en los desnudos pedregales, en las arenas, entre las peñas, los árboles y las plantas, desgajados, expuestos a la inclemencia aniquiladora del sol.

Ya el pueblo y los dioses no os repartíais la vida, y los dioses acompasaban su latido a otros misteriosos compañeros, por caminos desconocidos, mientras vosotros erais derrotados una y otra vez, aniquilados por los guerreros de la andadura acompasada, que invocaban a dioses con peripecias de hombre, cuyas historias son dignas de burla.

No ha pasado una luna desde que el tío-señor-tío tomó por sacrificio el agua de la muerte. Pero antes de expirar, habló largo tiempo, y dijo que temía que la vida fuese por otro cauce. Decía sentir dentro de él aquel temor, y se señalaba el pecho con dificultad, soportando sin un solo gemido los dolores del veneno.

Recuerdas, con tristeza que llega a dolerte físicamente, más aún que tus heridas, aquellos otros tiempos en que el tío-señor-tío narraba la vieja sabiduría del pueblo y cómo, desde el origen mismo del tiempo, el pueblo de los hombres verdaderos y los dioses os repartíais el mundo.

Porque los dioses y el pueblo eran expresión de la vida, y todo era vida y estaba lleno de vida. La tierra tenía sus dioses y sus diosas que la obligaban a la vegetación, que la nutrían de animales, y el cielo tenía sus dioses que le preñaban de agua y de nieve, que revolvían por él las tempestades y los vientos cálidos. El número de los dioses y de las diosas era infinito. Había un dios que propiciaba los nombres de las cosas y dioses de los lugares que ellos mismos eran el lugar y su nombre. Dioses que son colina, otero, peña, pedrera. Dioses de las casas. Dioses y diosas del sol que nace y del sol que se pone y del sol nublado y del que reposa encima mientras el ganado permanece inmóvil sobre los prados, rumiando lentísimamente. Dioses protectores del viento que menea las ramas de los matorrales, dioses que protegen los traslados, los viajes, los caminos, las batallas, los vencedores, los muertos. Janas de las fuentes que caen de lo alto, de las que nacen al pie de las laderas, de las aguas que corren rápidas y de las que se remansan. Dioses y diosas del lino y de la lana, dioses alfareros, dioses del canto de los carros, dioses de las maderas para hacer los aperos y los instrumentos; diosas del agua que cuece el roble para las vigas y los ejes, dioses del fuego para trabajar el hierro y de los herreros que hacen las armas y calzan las herramientas; dioses de los cueros para los escudos, para los arreos, para las mullidas y las corneales. Diosas que hacen brotar las hierbas y esponjarse las yemas de las ramas. Dioses, en fin, que son la vida en cada lugar que fluye, y el mismo lugar donde fluye. Porque la vida es dios, y es múltiple, cambiante, sucesiva. La vida es todos los dioses y los dioses son infinitos.

Frente a tanta seguridad, sólo una enorme y desolada sospecha. Quemasteis el cadáver del tío-señor-tío. Envolvisteis cuidadosamente el caldero de oro, que era el tesoro del pueblo, preparado para llevarlo seguro en la eventual retirada a la peña del último refugio.

Esta batalla ha durado dos días. Los pueblos de las dos orillas caísteis de improviso sobre un campamento invasor y lograsteis dominar a los guerreros enemigos, pero la inesperada llegada de una columna, en auxilio de los atacados, cambió las tornas de la lucha.

Ya los invasores apenas hacen prisioneros: saben que ningún hombre de las dos orillas puede ser sometido. Los hombres de las dos orillas lucháis con la desesperación de saber que vuestro destino está determinado, que éste es el final de los hombres verdaderos, que vuestra desaparición es inevitable.

Las nubes siguen atravesando veloces el cielo a la luz de la luna, y ves en ellas las nubes de los cielos en días hermosos, en días gloriosos.

El cielo es también un enorme río, un río profundísimo, eterno. Acaso las nubes serán guerreros alguna vez, porque las almas no perecen y, cuando atraviesan la laguna del olvido y llegan a los confines de la tierra, les espera otra reencarnación, incorporarse de nuevo al ciclo de la vida, que fluye continuamente, como un manantial, como las fuentes cuyo cauce es el musgo ancestral, como la fuente de las fuentes donde esa jana benéfica que ha reído siempre por la felicidad de los hombres verdaderos acaso llore ahora, sin duda llorará mientras teje el hilo sutil de vuestra adversidad.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El caldero de oro»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El caldero de oro» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «El caldero de oro»

Обсуждение, отзывы о книге «El caldero de oro» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.