Array Array - La guerra del fin del mundo

Здесь есть возможность читать онлайн «Array Array - La guerra del fin del mundo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La guerra del fin del mundo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La guerra del fin del mundo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La guerra del fin del mundo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La guerra del fin del mundo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

El León de Natuba oye decir que es el primer día de octubre, cumpleaños del Beatito, que los soldados atacan Canudos por tres lados tratando de franquear las barreras de la Madre Iglesia, la de San Pedro y la del Templo del Buen Jesús, pero es la otra cosa que oye la que queda resonando en su cabezota greñuda: que la cabeza de Pajeú, sin ojos ni lenguas ni orejas, se balancea desde hace unas horas en una estaca plantada en las trincheras de los perros, por la Fazenda Velha. Lo han matado a Pajeú. También habrán matado a todos los que se metieron con él al campamento de los ateos para ayudar a salir de Canudos a los Vilanova y a los forasteros, y también habrán torturado y decapitado a estos últimos. ¿Cuánto falta para que les ocurra lo mismo a él, a la Madre de los Hombres y a todas las beatas que se han arrodillado a rezar por el martirio de Pajeú?

El griterío y la fusilería ensordecen al León de Natuba al abrirse la puertecita del Santuario empujada por Joáo Abade:

— ¡Salgan! ¡Salgan! ¡Váyanse de aquí! —ruge el Comandante de la Calle, urgiéndolos con las dos manos a darse prisa—. ¡Al Templo del Buen Jesús! ¡Corran! Da media vuelta y desaparece en la polvareda que ha entrado con él al Santuario. El León de Natuba no tiene tiempo de asustarse, de pensar, de imaginar. Las palabras de Joáo Abade levantan en peso a las beatas y, algunas chillando, otras persignándose, se precipitan a la salida, empujándolo, apartándolo, arrinconándolo contra la pared. ¿Dónde están sus guantes–sandalias, esas plantillas de cuero crudo sin las cuales no puede avanzar mucho pues las palmas se le llagan? Palmotea a un lado y a otro en la atmósfera ennegrecida de la habitación, sin encontrarlas, y, consciente de que todas se han ido, de que incluso la Madre María Quadrado se ha ido, trota apresuradamente hacia la puerta. Toda su energía, su viva inteligencia están concentradas en la decisión de llegar al Templo del Buen Jesús, como ha ordenado Joáo Abade, y, mientras avanza golpeándose, rasguñándose, por el vericueto de defensas que rodean el Santuario, nota que ya no están allí los hombres de la Guardia Católica, no los vivos en todo caso, porque aquí y allá hay tirados sobre, entre, bajo los costales y cajones de arena seres humanos con cuyas piernas, brazos, cabezas chocan sus manos y pies. Cuando emerge del dédalo de barreras a la explanada y va a cruzarla, ese instinto de defensa que tiene más desarrollado que cualquiera, que desde niño le ha enseñado a detectar el peligro antes que nadie, mejor que nadie, y, también, a saber instantáneamente elegir entre varios peligros, lo hace contenerse, agazaparse entre una pila de barriles con agujeros por los que llueve arena. No llegaría nunca al Templo en construcción: sería arrollado, pisoteado, triturado por la muchedumbre que corre hacia allí, desbocada, frenética, y —los ojos grandes, vivos, penetrantes, del escriba lo saben a la primera ojeada — aun si llegara hasta esa puerta jamás conseguiría abrirse paso en ese enjambre de cuerpos que rebotan, se aplastan y se escurren en el cuello de botella que es la entrada del único refugio sólido, de paredes de piedra, que queda en Belo Monte. Mejor permanecer aquí, esperar la muerte aquí, en vez de ir a buscarla en ese apachurramiento para el que su esqueleto precario no está preparado, ese apachurramiento que es lo que más ha temido desde que está mezclado a la vida gregaria, colectiva, procesional, ceremoniosa de Canudos. Está pensando: «No te culpo por haberme abandonado, Madre de los Hombres. Tienes derecho a luchar por tu vida, a tratar de durar un día más, una hora más». Pero hay un gran dolor en su corazón: este instante no sería tan duro y amargo si ella, o cualquiera de las beatas, estuviera aquí.

Encogido entre barriles y costales, espiando a un lado y a otro, se va haciendo una idea de lo que ocurre en el cuadrilátero de las Iglesias y el Santuario. La barrera que levantaron hace apenas dos días detrás del cementerio, la que protegía a la Iglesia de San Antonio, ha cedido y los perros han entrado, están entrando a las viviendas de Santa Inés, que colinda con la Iglesia. Es de Santa Inés de donde viene la gente que trata de refugiarse en el Templo, viejos, viejas, mujeres con niños de teta en los brazos, en los hombros, apretados contra el pecho. Pero en la ciudad hay mucha gente que todavía resiste. Frente a él, desde las torres y andamios del Templo del Buen Jesús salen continuas ráfagas y el León de Natuba alcanza a ver las chispas con que los yagunzos encienden la pólvora de los mosquetones, los impactos que desportillan piedras, tejas, maderas, de todo lo que lo rodea. Joáo Abade, a la vez que a advertirles que escaparan, vino sin duda a llevarse a los hombres de la Guardia Católica del Santuario y ahora todos ellos estarán peleando en Santa Inés, o levantando otra barrera, cerrando un poco más ese círculo del que hablaba —«y con tanta razón» — el Consejero. ¿Dónde están los soldados, por dónde va a ver llegar a los soldados? ¿Qué hora del día o de la tarde es? La tierra y el humo, cada vez más espesos, le irritan la garganta y los ojos y respira con dificultad, tosiendo.

—¿Y el Consejero, y el Consejero? —oye decir, casi en su oído—. ¿Cierto que subió al cielo, que se lo llevaron los ángeles?

La cara llena de arrugas de la viejecita tumbada en el suelo tiene un solo diente y las légañas le tapan los ojos. No parece herida sino extenuada.

—Subió —asiente el León de Natuba, con una clara percepción de que eso es lo mejor que puede hacer por ella en ese instante—. Se lo llevaron los ángeles. —¿También vendrán a llevarse mi alma, León? —susurra la anciana. El León vuelve a asentir, varias veces. La viejecita le sonríe antes de quedarse quieta y boquiabierta. La fusilería y el chillerío del lado de la caída Iglesia de San Antonio aumentan bruscamente y el León de Natuba tiene la sensación de que una granizada de tiros le roza la cabeza y que muchas balas se incrustan en los costales y barriles del parapeto tras el que se escuda. Permanece aplastado contra la tierra, los ojos cerrados, esperando.

Cuando amengua el ruido, alza la cabeza y espía el amontonamiento de escombros provocado hace dos noches por el derrumbe del campanario de San Antonio. Ahí están los soldados. Le quema el pecho: ahí están, ahí están, moviéndose entre las piedras, disparando al Templo del Buen Jesús, acribillando a la multitud que forcejea en la puerta, y que, en este momento, luego de unos segundos de indecisión, al verlos aparecer y sentirse tiroteada, sale corriendo en estampida a darles el encuentro, las manos alargadas, las caras congestionadas de ira, indignación, deseo de venganza. En segundos, la explanada se convierte en un campo de batalla cuerpo a cuerpo, y en el terral que enturbia todo el León de Natuba ve parejas y grupos forcejeando, rodando, ve sables, bayonetas, facas, machetes, oye rugidos, insultos, Vivas a la República, Mueras a la República, Vivas al Consejero, al Buen Jesús y al Mariscal Floriano. En la turbamulta, además de los viejos y las mujeres, hay ahora yagunzos, gentes de la Guardia Católica que siguen llegando por un costado de la explanada. Le parece reconocer a Joáo Abade y, más allá, en una figura bruñida que avanza con un pistolón en una mano y un machete en la otra, a Joáo Grande o, tal vez, a Pedráo. Los soldados están también en el techo de la desfondada San Antonio. Ahí están, donde estaban los yagunzos, tiroteando la explanada desde las paredes mochas, ahí están sus quepis, uniformes, correajes. Y al fin comprende qué es lo que hace uno de ellos, suspendido casi en el vacío, sobre el tejado trunco de la fachada. Coloca una bandera. Han izado una bandera de la República sobre Belo Monte.

Está imaginando lo que hubiera sentido, dicho, el Consejero si hubiera visto flamear esa bandera, ahora ya llena de huecos por las salvas de disparos que inmediatamente lanzan contra ella los yagunzos desde los techos, torres y andamios del Templo del Buen Jesús, cuando ve al soldado que lo está apuntando, que le está disparando. No se agazapa, no huye, no se mueve y se le ocurre pensar que es uno de esos pajaritos que la cobra hipnotiza en el árbol antes de tragárselos. El soldado está apuntándole y el León de Natuba sabe que ha disparado por la contracción de su hombro cuando rebota la culata. Pese al terral, al humo, ve los ojitos del hombre que le apunta de nuevo, ese brillo que provoca en ellos tenerlo a su merced, la alegría salvaje de saber que esta vez le acertará. Pero alguien lo arranca de un jalón de donde se halla y lo obliga a saltar, a correr, medio descoyuntado por la mano de hierro que le aprieta el brazo. Es Joáo Grande, semidesnudo, que le grita, señalándole Campo Grande:

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La guerra del fin del mundo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La guerra del fin del mundo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La guerra del fin del mundo»

Обсуждение, отзывы о книге «La guerra del fin del mundo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x