Array Array - La sombra del Águila
Здесь есть возможность читать онлайн «Array Array - La sombra del Águila» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:La sombra del Águila
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:4 / 5. Голосов: 2
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 80
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
La sombra del Águila: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La sombra del Águila»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
La sombra del Águila — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La sombra del Águila», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
bum–cling–clang y más compañeros que se quedan atrás en los maizales. Y la contrapendiente que se acaba, y humo por todos sitios, y ya tenemos las bocas de los cañones rusos a un palmo de la cara, y García que se vuelve y parece que nos mira uno por uno duro como el pedernal, aquí nos la jugamos, hijos míos, aquí nos sacan el último naipe, a correr que llueve. Y el alférez Muñoz se limpia por última vez la sangre de los ojos y mete la mano en la casaca para sacar la bandera blanca, y abate el águila para sustituir la bandera mientras sudamos a chorros bajo la ropa, mordiéndonos los labios de tensión y miedo. Y de pronto empieza a caernos metralla rusa a espuertas, por todos sitios, y todos gritan terminemos de una vez, y ya estamos a punto, no de levantar, sino de tirar los fusiles al suelo y correr hacia los rusos con las manos en alto, españolski, españolski, cuando suenan trompetas por todas partes, a nuestra espalda, y nos quedamos de piedra cuando vemos aparecer una nube de jinetes, banderas y sables en alto, cargando por nuestros dos flancos contra los cañones rusos.
VI. La carga de Sbodonovo
Desde su colina, el Enano había visto abatirse la bandera del 326 a pocas varas de los cañones rusos, justo en el momento en que el alférez Muñoz se disponía a sustituirla por la sábana blanca y todos nos preparábamos allá abajo para consumar la deserción echando a correr hacia los Iván sin disimulo alguno. Era tanto lo que en ese momento nos caía encima, raas–zaca–bum y cling–clang por todas partes, que la humareda de los sartenazos ruskis cubría el avance del batallón, ocultándolo de nuevo a los ojos del Estado Mayor imperial. Con el catalejo incrustado bajo la ceja derecha, el Petit Cabrón fruncía el ceño.
— Ha caído el águila elijo, taciturno y grave.
A su alrededor, todos los mariscales y generales se apresuraron a poner cara de circunstancias. Triste pero inevitable, Sire. Heroicos muchachos, Sire. Se veía venir, etcétera.
— Ejemplar sa–sacrificio–resumió el general Labraguette, emocionado.
De abajo llegaban unos estampidos horrorosos. Ahora era una especie de pumba–pumba en cadena. Toda la artillería rusa parecía ametrallar a bocajarro al batallón, o lo que quedara de él a tales alturas del episodio.
— Escabeche–dijo el mariscal Lafleur, siempre frívolo-.Los van a hacer escabeche… ¿Recordáis, Sire? Aquel adobo que nos sirvieron en Somosierra. ¿Cómo era? Laurel, aceite…
— Cierre el pico, Lafleur.
— Ejem, naturalmente, Sire.
— Es usted un bocazas, Lafleur–el Petit lo miró con la misma simpatía que habría dedicado a la boñiga de un caballo de coraceros-. Están a punto de hacer trizas a un puñado de valientes y usted se pone a disertar sobre gastronomía.
— Disculpad, Sire. En realidad, yo…
— Merece que lo degrade a cabo primero y lo envíe allá abajo, al maldito flanco derecho, a ver si se le pega a usted algo del patriotismo de esos pobres chicos del 326.
— Yo… Ejem. Sire… — Lafleur se aflojaba el cuello de la casaca, con ojos extraviados de angustia-. Naturalmente. Si no fuera por mi hernia…
— Las hernias se curan como soldado de infantería, en primera línea. Es mano de santo.
— Acertada apreciación, Sire.
— Imbécil. Tolili. Cagamandurrias.
— Ese soy yo, Sire. Me retratáis. Clavadito.
Y el pobre Lafleur sonreía, conciliador, entre la chunga guasona del mariscalato, siempre
solidario en este tipo de cosas.
— A ver, Labraguette–el Ilustre había vuelto a mirar por el catalejo-. Anote: Legión de Honor colectiva para esos muchachos del 326 en caso de que alguno quede vivo, cosa que me sorprendería mucho. En todo caso, mención especial en la orden del día de mañana, por heroísmo inaudito ante el enemigo.
— He–hecho, Sire.
— Otra cosa. Carta a mi hermano José Bonaparte, palacio real de Madrid, etcétera. Querido hermano. Dos puntos.
Y el Ilustre se puso a dictar con destino a su pariente, ese que los españoles llamábamos Pepe
Botella por aquello del trinque o la maledicencia, vaya usted a saber, dicen que le daba al rioja
pero que tampoco era para tanto. El caso es que el Petit se despachó a gusto aquella mañana en la
modalidad epistolar desde la colina de Sbodonovo y con Labraguette dándole al lápiz a toda leche.
Hermanito del alma, tanto llorarme sobre tus súbditos, que si no hay quien gobierne con esta gente
y que si tal y que si cual, a ver quien se las arregla en un país donde no hay dos que tomen café de
la misma forma, o sea, solo, cortado, corto de café, largo, doble, con leche, para mí un poleo.
Donde los curas se remangan la sotana, pegan tiros y dicen que despachar franchutes no es pecado, y donde la afición nacional consiste en darle un navajazo al primero que dobla la esquina, o arrastrar por las calles a quien sólo cinco minutos antes se ha estado aplaudiendo, y a menudo con idéntico entusiasmo. Me cuentas eso en cada carta, querido hermanito, dale que te pego con lo de que vaya regalo envenenado te hice, y que antes que rey de España hubieras preferido que te nombrara arzobispo de Canterbury, nos ha jodido. Pero, entre otras cosas, Canterbury no lo hemos conquistado todavía, y España, aunque esté llena de españoles, es un país con mucho futuro. Así que ya está bien de tanta queja y de tanto chivarte a Mamá de lo mal que lo pasas en Madrid. Para que te enteres, un batallón de tus súbditos acaba de cubrirse de gloria a las puertas de Moscú, por la cara. Así que ve tomando nota, Pepe. Que no te enteras. Un capullo, eso es lo que eres. Desde pequeño siempre has sido un capullo.
— Pásemelo a la firma, Labraguette. Y despáchelo.
— Ala orden, Si–sire.
— Y ahora, ¿alguien puede decirme dónde está Murat?
No hizo falta. Un marcial toque de corneta ascendía hacia la colina desde el flanco derecho, y mariscales, generales, edecanes, ayudantes y correveidiles al completo saludaron con alborozo la buena nue va. Hablando del rey de Roma, es decir el de Nápoles, Sire, ahí lo tiene en plena carga, lento pero seguro ese Murat, observe el espectáculo que tiene tela. Y abajo, en la llanura de maizales chamuscados del flanco derecho, desplegándose en escuadrones multicolores, los húsares y los coraceros, mil y pico sables desenvainados y sobre el hombro derecho, tararí–tararí, listos para la memorable carnicería que los haría entrar de perfil, a los vivos y a los muertos, en los libros de Historia. Y acercándonos a vista de pájaro al meollo del asunto, volando sobre las apretadas formaciones donde los caballos relinchaban impacientes, tenemos a Murat, todo bordados y floripondios, con una capacidad mental de menos quince pero valiente como un toro español cuando los toros españoles salen valientes, levantando el sable sobre la cabeza rizada con tenacillas y diciendo sus y a ellos, muchachos, ese batallón español necesita ayuda y los vamos a ayudar, voto al Chápiro Verde. Y Murat, con su dolman de seda y sus rizos de madame Lulú y su menos seso que un mosquito y todo lo que ustedes quieran, pero, eso sí, al frente de sus tropas en un tiempo en que los generales y los mariscales aún la diñan así y no de indigestión en la retaguardia, Murat, decíamos, se vuelve a su cornetín de órdenes y le dice venga, chaval, toca de una vez esa maldita carga y que el diablo nos lleve a todos. Y el chaval que escupe para mojarse los labios que tiene secos y toca carga y Fuckermann y Baisepeau que les gritan a sus húsares y coraceros aquello de al paso, al trote y al galope, y mil y pico caballos que se mueven hacia adelante, acompasando el ruido de los cascos y herraduras. Y Murat grita Viva el Emperador y los mil y pico jinetes corean que sí, que vale, que viva el Petit Cabrón pero que aquí podía estar, más cerca, para compartir en persona aunque fuese un trocito de la gloria que a ellos les van a endilgar los cañones ruskis a chorros dentro de nada, gloria para dar y tomar, un empacho de gloria, mi primero, lo que vamos a tener en cinco minutos. Vamos a cagar gloria de aquí a Lima.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «La sombra del Águila»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La sombra del Águila» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «La sombra del Águila» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.