Carmen Posadas - Pequeñas infamias

Здесь есть возможность читать онлайн «Carmen Posadas - Pequeñas infamias» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Pequeñas infamias: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Pequeñas infamias»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Pequeñas infamias es una novela sobre las casualidades de la vida. Sobre las que se descubren con sorpresa, sobre las que no llegan a descubrirse y sin embargo marcan nuestro destino, y sobre las que se descubren pero se mantienen en secreto, porque hay verdades que no deberían saberse nunca. Puede leerse, también, como una sátira de sociedad, como el retrato psicológico de una galería de personajes, o como un apasionante relato de intriga, cuyo misterio no se resuelve hasta las últimas páginas. En la casa de veraneo de un acaudalado coleccionista de arte se reúne un variopinto grupo de personas. Juntas pasan unas cuantas horas y, a pesar de las frases agradables y los comentarios corteses, la relación acabará envenenada por lo que no se dicen. Cada una de ellas esconde un secreto; cada una de ellas esconde una infamia. La realidad adquiere de pronto el carácter de un rompecabezas cuyas piezas se acercan y amenazan con acoplarse. El destino es caprichoso y se divierte creando extrañas coincidencias.

Pequeñas infamias — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Pequeñas infamias», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Entonces Ernesto Teldi pasó a seducir a la señorita Ramos (o, lo que es lo mismo, a los 350 000 ejemplares de su revista que van a parar a las manos de toda la gente más interesada en el negocio de los cuadros) con una de sus originales ideas.

– Una idea que, por supuesto, no quiero ver reproducida en Mecenas. Para esos mercenarios del arte sólo reservaremos la parte políticamente correcta de mi personalidad, ya sabes, tú les cuentas cómo desarrollo mi trabajo de mecenazgo, mis esfuerzos para que el arte llegue al mayor número de personas, mis becas para jóvenes talentos, y nada más; total, ellos no tienen sensibilidad y no se merecen otra cosa más profunda. Tú y yo, en cambio, somos distintos.

Y como para ilustrar a qué se refería, pasó inmediatamente a explicarle que le haría muchísima ilusión si se unía a ellos el fin de semana siguiente, para conocer a coleccionistas originalísimos: amantes de los soldaditos de plomo; rastreadores de los más exóticos puñales, dagas y cuchillos; amén de enamorados de las jarras de cerveza o de animales disecados o especialistas en muñecas de porcelana y en libros de fantasmas o peroles de cocina. Personas -concluyó- que realmente veneramos los objetos por encima de todo, divinos cachivaches que son el paradigma de lo que yo llamo el auténtico amor al arte.

Con prudencia, Ernesto Teldi eludió explicar que, entre tan extravagante fauna (y con la ayuda que le proporcionaban los alcoholes de su bodega), a menudo lograba adquirir, a muy buen precio, piezas rarísimas que pocas veces salían al mercado; pero la señorita no tenía por qué conocer estos insignificantes detalles. Lo que una persona de la sensibilidad plástica de la señorita no dejaría de reconocer, era su generosa iniciativa de reunir a verdaderos entendidos, a gentes de lo más dispar en el más artístico y sensible ambiente, muy lejos de todo esnobismo y afán mercantilista.

– Y tú podrías venir si te apetece -le insiste.

Y la señorita Agustina piensa que la vida es muy injusta. Aún hundida en el sofá color lacre, la envolvente tibieza de aquellos almohadones hace que imagine, por un segundo, cómo sería una reunión en compañía tan interesante. Lejos de pintores consagrados pero insoportables, de ricachones incultos que no saben distinguir un Monet de un Manet y de toda esa plebe que forma el ambiente del Mecenas de las Artes. La sensibilidad artística en estado puro -piensa-, mientras admira las bellas manos de Ernesto Teldi, que otra vez se han aventurado hasta el brazo del sofá; su dueño la mira esperando una respuesta.

¿Y bien, Agustina? ¿Y bien, querida señorita Ramos?

La vida es en verdad injusta. Agustina, la querida señorita Ramos, daría cualquier cosa por decir que sí, pero para su desgracia, en esas fechas tiene que estar en la otra punta del mundo entrevistando a un coleccionista japonés dueño de un Van Gogh que muchos sospechan que puede ser falso. Ya vería ese tramposo las preguntas que pensaba hacerle, las peores que se le ocurrieran. Una aburrida cita en Japón en vez de una fiesta en casa de Teldi; nunca he sido una mujer afortunada -piensa-, nunca lo he sido.

– Cuánto, pero cuánto lo siento -dice Teldi, que ha elegido este momento psicológico para dar por terminada la entrevista-. La echaré de menos, pero no se olvide, querida, ni una palabra de nuestro secreto. La gente es tan pequeña -añade-, parece mentira, sólo les interesa saber cuánto dinero doy a los jóvenes talentos y cuánto me gasto en mis labores de mecenazgo. Mercantilismo, nada más que mercantilismo, pero démosles lo que piden, ¿no crees, querida?

Agustina se despide. Él le besa la mano, la misma que escribirá para el Mecenas de las Artes un aburridísimo pero elogioso y convencional perfil de Ernesto Teldi, el hombre que, en pocos años, ha llegado a convertirse en un filántropo de reconocimiento internacional.

– Es usted un ser humano extraordinario, señor Teldi -le dice, mientras él, con un guiño acariciador que casi parece un beso, la despide.

– Adiós, Agustina, nos volveremos a ver.

Y mientras el cerebro de la señorita Ramos, camino de la puerta, grita ¡¿cuándo?!, ¡cuándo!, y mientras Ernesto Teldi vuelve a sentarse con un suspiro de alivio como quien recupera el aliento tras una carrera de obstáculos, ocurren dos hechos casi simultáneos.

– Ya me acuerdo de quién es ese tipo. Es el actor que hacía de caníbal en El silencio de los corderos -exclama la señora del sofá vecino-. ¿Tú crees, Alfredo, que le importará si le pido un autógrafo?

– Señor Teldi -dice un botones salido de quién sabe dónde, con el sigilo propio de su oficio-: ha llegado una carta para usted, acaban de traerla.

La señora de Alfredo se va acercando a Teldi; muy pronto podrá oír su voz. También su marido podrá oírla.

– ¡Carajo! -exclama Teldi, y se levanta demasiado bruscamente al ver el sobre que le tiende el botones: es la segunda carta de estas características que recibe en veinticuatro horas. Ambas escritas con letra difícil y en tinta verde, de modo que las líneas parecen una hilera de cotorras sobre un alambre.

– ¿Has oído lo que ha dicho, Matilde? -dice el caballero llamado Alfredo a su mujer.

– ¿Ves? Ya te advertí que éste no podía ser un actor de Hollywood.

Ernesto Teldi no logra descifrar la firma que hay al pie de la carta, pero una parte del texto, escrito en mayúsculas, es lo suficientemente claro como para identificar cinco palabras que ya figuraban en la carta anterior: «Teniente Minelli…» «Aeropuerto de Don Torcuata», y luego, garabateado en una letra burda que casi parece una carcajada, puede leerse: «¿Recuerdas, Teldi?»

TERCERA PARTE

LA NOCHE ANTES DE LA PARTIDA

Otros más lejos se sientan

En una retirada colina, e invadidos

De más altos pensamientos, razonan

Sobre la providencia, la presciencia

La voluntad y el hado, el destino

Inmutable, la libre voluntad

La presciencia absoluta, y no encuentran

Salida, perdidos en tortuosos laberintos.

Milton, Paraíso perdido, libro II

NOTA DEL EDITOR:

La receta que el lector encontrará a continuación es la última que Néstor Chaffino envió a su amigo Antonio Reig. Él pensaba que después de su viaje a casa de los Teldi reanudaría los envíos. Como bien sabemos, ya no habría más cartas; el destino ha querido que tan interesante obra quedara irremediablemente inconclusa. El capítulo dedicado a los petit fours tiene fecha 27 de marzo; por tanto, está escrito el día antes de la partida y, como siempre ocurre en las notas de Néstor, a veces se ven interrumpidas para contar algunas novedades.

PEQUEÑAS INFAMIAS

Cuarta entrega: Los petit fours de sobremesa

Uno de de momentos más deliciosos de una buena comida es la llegada de esos pequeños manjares de sobremesa que suelen servirse con el café. Trufas de chocolate, guindas caramelizadas, tejas con o sin almendra, milhojas de naranjas confitadas…; no existe un broche más apropiado para un menú que estos deliciosos bocados, que como en seguida descubriremos, también tienen su secreto, su pequeña infamia. Por ejemplo, la de los diminutos suflés del maestro Lucas Cartón; he aquí la receta:

(…) pero antes , querido Antonio, permíteme un inciso que te prometo breve. ¿Recuerdas que en mi última carta te contaba que tenía el presentimiento de que todo en mi vida se iba ordenando y comenzaba a formar un puzzle de casualidades muy extraño? (desconcertante, diría yo, malvado, añadiría, si no fuese medio italiano y, gettatore, gettatore , contrario a despertar el mal fario). Bien, pues se acabó; el determinismo acaba de romperse. Una de las predicciones de madame Longstaffe, y que por tanto debía suceder inexorablemente, ya no tendrá lugar. Me refiero a un encuentro amoroso previsto para mi ayudante Carlos García, el único culpable de que mi vida se mezclara con la de esta adivina. Como tú recordarás, acudimos a ella para conseguir un filtro que le permitiera encontrar una réplica de su mujer ideal. Bueno, pues para mi gran alivio, ha sucedido algo sorprendente: antes de terminar el tratamiento, mi amigo no sólo se ha desinteresado de los filtros amorosos, sino que se ha desinteresado también de la dama del cuadro. Según me cuenta, se ha enamorado de una mujer real -de carne y hueso y, lo que es aún más importante, con sangre en las venas- que le ha hecho olvidar todas sus pasadas fantasías. Yo no la conozco y, por más que he intentado tirarle de la lengua, de momento no consigo que me diga cómo se llama, pero intuyo que debe de ser unos años mayor que él. Quién sabe, tal vez se trate de una treintañera divorciada, no me sorprendería, son tan atractivas… En todo caso, si sientes curiosidad, en mi próxima carta podré contarte más detalles porque esta noche es muy posible que la conozca. Verás, Carlos necesita con urgencia vender la casa que ha heredado de su abuela, y me ha pedido ayuda. Yo lo he puesto en contacto con un conocido mío que se ocupa de temas inmobiliarios y dentro de un rato nos pasaremos por ahí para echarle un vistazo. Hoy, pues, conoceré la casa, veré el retrato y, seguramente, también a la novia de Carlos, porque es muy probable que esté allí en un momento tan importante para el chico. Sería lo normal, ¿no crees?

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Pequeñas infamias»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Pequeñas infamias» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Pequeñas infamias»

Обсуждение, отзывы о книге «Pequeñas infamias» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.