Alfredo Conde - Los otros días

Здесь есть возможность читать онлайн «Alfredo Conde - Los otros días» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Los otros días: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Los otros días»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Premio Nadal 1991
Estudió Naútica en la Escuela Superior de la Marina Civil en A Coruña y Filosofía y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela. Trabajó en la marina mercante y como profesor de varios colegios privados en Pontevedra. En su carrera política, fue miembro del Parlamento de Galicia y Conselleiro de Cultura en la Xunta. Posteriormente, ha sido miembro del consejo de administración de la Compañía de Radio Televisión de Galicia. Ha sido colaborador entre otros periódicos de El País, Diario 16, ABC o Le Monde, y columnista diario primero en La Voz de Galicia y posteriormente en El Correo Gallego. Entre los numerosos premios literarios que ha obtenido, destacan el Nacional de Literatura en narrativa en 1986 y el Nadal en 1991.

Los otros días — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Los otros días», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Aunque bien pensado era mejor así. Habría sido un problema mucho mayor, en el caso de que hubiese sucumbido a la crisis, y fuese yo el llamado a resolver una situación en términos que deberían ser establecidos por mi tío y no por mí. Maldita la falta que me hacía a mí la herencia de Álvaro y maldito lo que me importaba compartirla con nadie; incluso la mía propia adquiría a partir de entonces un sentido del que había carecido. Mira tú por donde mis discos iban a continuar teniendo quien recibiese los derechos de autor a mi muerte.

Todo esto lo pensé después de haber balbuceado torpezas delante del matrimonio; pero fue en esos duros instantes cuando sentí que la situación había sido superada, gracias a sus respuestas y por las explicaciones que ellos me ofrecían, compungidos, respecto de la salud de Álvaro, de las circunstancias del internamiento, de lo mucho que comía, los años de los que disfrutaba y el tiempo que le podía quedar de vida. Ellos también estaban sobrepasados por las circunstancias, por las noticias y por las realidades que se habían volcado sobre todos nosotros, de manera irreversible, en el curso de las últimas horas.

Ese día consumí lo que restaba de tarde encerrado en mi habitación, haciendo que hacía, saliendo de ella de vez en cuando para acercarme a la lutería; dormitando encima de la cama y, en todo caso, evitando el encontrarme con mis primos. ¿Cómo llevarían éstos la nueva situación? Es difícil meterse en la piel de los demás, tanto que nunca me atreví a opinar sobre situaciones y circunstancias que afectasen a otros, por miedo a ser injusto y preferí, siempre, juzgarlo todo desde mí mismo e incluso tan sólo sobre mí mismo, también. Acaso todo se reduzca a una simple cuestión de egolatría, pero así ha sido siempre y no veo la razón para empezar ahora un nuevo aprendizaje que sé, positivamente, que en ningún caso concluiría.

De vez en cuando ocupé el tiempo en observar y oír, a media voz, los programas de televisión. No era capaz de concentrarme en ellos y lo que se me ocurría a propósito de lo que estaba viendo era todo referido a la mediocridad imaginativa de unos realizadores, incluso de unos locutores, que tienen tamaña responsabilidad en sus manos; pero posiblemente este juicio también esté viciado en su origen: el día no era bueno para nada, no lo había sido, jamás lo recordaría con apego.

La noche la pasé sumido en la inquietud. La figura de mi tío, de la que había prescindido de forma harto elocuente a lo largo de toda mi vida, se me ofrecía ahora imprescindible. Se había convertido en una referencia que me unía a un excesivo número de cosas como para consentir su desaparición sin ningún expresivo lamento por mi parte, ¿Pero en realidad me importaba? Creo honestamente que no. Al menos en la misma medida que no me importaba mucho la continuidad familiar a través de aquel hijo espurio.

La vejez nos dota de un extraño cinismo. El que yo disfruté, al menos durante esa larga e insomne noche, me hacía considerar, incluso, que ni de la juventud de mis primos estaba necesitado yo para ayudarme de ella en mi decrepitud. Ya estaba siendo vivida esa decrepitud y era evidente que me moriría sin tener necesidad de nadie. Además, ya aparecería alguien poseedor de los dones del espíritu de los que yo siempre carecí, dispuesto a ganar el cielo a costa de malgastar en mí su ayuda, su tiempo, su afecto; su dinero, no; porque ése lo tenía yo y eso siempre ayuda bastante. Al menos en una medida razonable.

Lo cierto es que por la noche, añoré a mi tío y me prometí visitarlo a primera hora de la mañana siguiente. Pero no lo hice. No pude hacerlo.

A última hora de la madrugada conseguí quedarme profundamente dormido y me desperté tarde. Paco y Elisa, afectados de un intratable y repentino ataque agudo de filialismo, habían acudido a La Ciudad y comprendí que ya era posible que todo se desmoronase a partir de entonces. ¿A quién recurrir? Pensé en llamar a Xana, pero me contuve. Casi siempre es preferible esperar que todo suceda y consentir en que sean los demás los que tomen posiciones, los que se equivoquen o los que acierten. Es mucho más cómodo equivocarse por omisión, pues los hechos consumados generan más y mayores evidencias que las silentes abstenciones de los que nos amparamos en nuestra timidez o en nuestra mojigatería. Ya vendrían y ya se explicarían.

Así fue, pero no se explicaron en absoluto. Con toda naturalidad me informaron del estado de mi tío y, acto seguido, me sirvieron la comida. Excepto en el desayuno que, de haberlo necesitado, tendría que habérmelo servido yo mismo, su ausencia no se notó en absoluto.

Al terminar de comer comuniqué que no me encontraba bien y pude observar sus ojos alarmados, alargando las miradas más allá de mí mismo, y eso me asustó y me dejó preocupado. ¿Estaría mal sin darme cuenta? ¿Tendría mala cara y lo que para mí era una consecuencia de mi cómodo egoísmo, sería para ellos determinado por alguna oculta causa debida a mi dolencia? ¡Qué suspicaz se vuelve el corazón de un viejo y cuánto miedo, cuánta inseguridad lo habita! Me levanté de la mesa temblándome no sólo la mano sino que, al menos esa fue mi impresión, la totalidad de mi cuerpo macerado y triste también lo hacía.

Me quedé dormido en la hamaca del jardín, recibiendo el sol tibio de la tarde, sintiendo el cuerpo de Boaz sobre el empeine de mis pies, malhumorado y tenso. Había permanecido en el taller a lo largo de minutos más que suficientes como para convencerme de que no tenía ni ganas ni fuerza, ni acaso ya la habilidad necesaria, precisa para ponerme a trabajar en construir instrumento alguno y quizá fue esa certeza la que motivó el sueño intenso de aquella tarde.

Me supe entrando en la catedral de La Ciudad por la puerta de las Platerías, camino del archivo catedralicio, con un ánimo investigador y erudito que no sé de qué rincón de mi memoria habrá sido traído a la superficie de mi sueño. Iba en la búsqueda de un motete, a ocho voces y con acompañamiento de arpa, del que es autor un Antonio Carreira, maestro de capilla en la catedral en la primera mitad del siglo XVII. Me vi, ya en el archivo musical, descendiendo por una especie de escotilla de barco que permite penetrar la oscuridad silente del sótano en el que se encuentran depositados los fondos documentales del cabildo.

Y de allí, ya sin saber cómo, seguramente transportado por arte de magia, me vi elevado a la altura de los ancianos del Pórtico; llevado hasta ellos en un vuelo y levitando, con mi rostro pegado a los suyos, mientras que alguien, ignoro quién, me susurraba al oído palabras que decían aseveraciones inconexas acerca de la creencia de los ofitas.

¿En qué otro rincón de mi cerebro, en qué circunvolución extraña e inaccesible, reposó durante tantos años como para que yo ignorase su existencia, a lo largo de toda mi vida, la convicción de que el inspirador del nuevo testamento es el demonio y que son, los suyos, textos apócrifos? ¿Era yo uno de ellos, era yo un ofita?

Mis ojos los sentí fijos sobre un arpa en la que, una culebra, muerde, con su boca enorme, la garra que le es propicia y supe que la sonrisa de todos los ancianos es una sonrisa llena de ironía, cuando no de escepticismo. Están esperando todos ellos, impertérritos, a que suene el momento de iniciar la sinfonía del fin del mundo, pero no se deciden a hacerlo. Esperan la señal que se lo indique. Llevan así la mar de tiempo. Oyen algún estrépito de forma esporádica, pero es evidente que no se trata de la, ¿ansiada?, señal.

También yo en mi sueño oí un fragor; bajaba del cielo y era parecido, a la vez, al estruendo del océano y al estampido de un trueno fuerte: se trataba, quién lo diría, del son de los instrumentistas que tañían sus cítaras delante del trono, delante de los cuatro vivientes y de los ancianos, mientras que con sus voces roncas, se entretenían cantando un cántico nuevo. Pero nada. No se trataba de nada serio. Al menos de nada tan serio como lo que los ancianos están esperando, ya un poco aburridos de hacerlo.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Los otros días»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Los otros días» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Los otros días»

Обсуждение, отзывы о книге «Los otros días» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x