¿Y doña Cecilia? ¿Qué opinaba doña Cecilia, hija de un lechero de Falencia y alérgica a los periódicos y a la geografía? Doña Cecilia, en una de las visitas que le hizo a Esther -le gustaba horrores la tarta de nata que ésta le preparaba-, exclamó de pronto:
– ¡Hay que ver esos ingleses! ¡Mira que declararle, así por las buenas, la guerra a Alemania!
En cuanto Polonia se rindió -la guerra relámpago fue una realidad-, la opinión general, que ni siquiera se enteró de los comentarios de los disidentes, fue que la suerte estaba echada; en consecuencia, la tensión de aquellas jornadas disminuyó. La expresión más plástica de esta postura, de este cansancio por los avalares bélicos, la dieron los hermanos Costa. Los hermanos Costa, en la cárcel, a raíz de dicha capitulación, les dijeron a los demás reclusos: "¡A ver si olvidamos de una vez este asunto de los polacos! Aquí lo que conviene es organizar campeonatos de ajedrez y fundar un orfeón".
Santas palabras… En resumidas cuentas, ésa era la tesitura de las autoridades… No dejarse avasallar por lo que ocurriera más allá de las fronteras. Ocuparse más que nunca de los problemas internos. "España ha de dedicarse a la reconstrucción".
El mes de septiembre era propicio para ello. El calor había disminuido y el calendario marcaba la hora de reanudar la actividad en la provincia. Se necesitaban postes de gasolina; pues a crearlos, concediéndoles la preferencia a los Caballeros Mutilados. Se necesitaban estancos; pues a abrirlos donde fuera preciso, adjudicándolos a las viudas de los "caídos". En Gerona hacía falta una barbería de lujo: ahí estaba un tal Dámaso, dueño de una perfumería. Perfumería Diana, para inaugurarla en un entresuelo de la Rambla, con éxito espectacular, pese a que había que subir unos escalones. Faltaban tiendas dedicadas a la reparación de máquinas de escribir -descacharradas con la guerra-, de aparatos de radio, de plumas estilográficas…; surgieron como por ensalmo, aquí y allá. ¡Inauguróse incluso una llamada Galería de Arte, donde se enmarcarían cuadros, se venderían reproducciones -Picasso, prohibido- y se venderían antigüedades! Eso, era lo útil y directo. La vuelta a la normalidad.
Por lo demás ¡eran tantas las cuestiones por resolver! Ahí estaba la Inspección de Enseñanza Primaria. Faltaban tres semanas para la apertura de las escuelas y todavía seguían en trámite, en la mesa de Agustín Lago, los expedientes que la Comisión Depuradora de los maestros había incoado. La impresión del inspector jefe, en vista de las respuestas dadas por los maestros a los pliegos de cargos y de los avales con que las acompañaban, era que acertó en el pronóstico que le había hecho al Gobernador: alrededor de un cincuenta por ciento de los titulares deberían ser expulsados, separados de la carrera y otro veinte por ciento trasladados a otros pueblos. ¡El problema era grave! Sería preciso cubrir las vacantes que se produjeran. Agustín Lago dijo: "Por suerte, han pedido el ingreso una serie de ex seminaristas, y varios ex alféreces provisionales han hecho ya los correspondientes cursillos. ¡Pero no podemos perder más tiempo! Hay que firmar los nombramientos".
Otra papeleta era la confección del programa de las Ferias y Fiestas de San Narciso, que tenían lugar a fines de octubre. Serían las primeras después de la guerra: era preciso dar el golpe, inundar de alegría la ciudad. La Comisión de Festejos, formada en su mayor parte por concejales del Ayuntamiento, se mostraba optimista. "Continuamente llegan peticiones de feriantes que quieren montar su barracón. Parece ser que tendremos hasta circo, lo que siempre resulta agradable. Y si resolvemos el problema de la energía eléctrica, vendrán incluso autos de choque".
'La Voz de Alerta', que por fin se había decidido a reabrir su consulta de dentista -pronto colocaría en el balcón el correspondiente rótulo de letras doradas sobre fondo negro-, comentó: "Eso estaría bien. A la gente le gusta embestirse de mentirijillas".
– ¿No permitirán todavía tocar sardanas?
– ¡Qué pregunta! Ni soñarlo…
Pequeña espina clavada en el corazón de los ciudadanos como la Torre de Babel, como Padrosa. Los jugadores de bochas de la Dehesa "no veían motivo que justificara la prohibición". Los "productores" de la fábrica Soler, pese a la gloriosa tarde del 18 de julio en la piscina y de la opinión del camarada Arjona, Delegado Sindical, no se sentían todavía dispuestos a bailar por soleares. "Sería un detalle del Gobernador: que por las Ferias se tocasen sardanas". Los componentes de la antigua Cobla Gerona, que ni siquiera se habían atrevido a presentar la solicitud, andaban todos, al igual que Jaime, buscando cómo ganarse su pecunio: unos repartían recibos de la Compañía de Gas y Electricidad; otros, de las Mutuas. El antiguo director, un tal Quintana, que tocaba el fiscorno, aprendía el oficio de sastre. Se lo enseñaba en su casa un cuñado suyo que perteneció a un Comité y que desde la entrada de los 'nacionales' vivía oculto detrás de un tabique.
Septiembre, complejo en la tierra, nítido en el aire. Francia enviaba, además de repatriados y de lo que Fronteras conseguía recuperar -últimamente, la llamada valija de Álvarez del Vayo, que contenía nada menos que la corona de la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona-, ráfagas de viento fresco, de tramontana, que exaltaba a los taponeros del Ampurdán y que se llevaba las nubes con la facilidad con que la aviación de Hitler había despejado de enemigos el cielo de Polonia.
Muchas familias, sobre todo en el campo, se quejaban de que sus hijos, los mozos de la casa, que habían servido obligatoriamente con los 'rojos', ahora continuaban vestidos de caqui, cumpliendo el servicio militar. El reenganche… "¿Hasta cuándo? Se habrán pasado media juventud con el fusil en la mano". Menos mal que recibían carta de la novia; menos mal que las novias sabían esperar…
Tía Conchi, en el bar Cocodrilo, le preguntó al patrón:
– ¿Y qué significa eso que escribes en los cristales: "se sirven almejas, mejillones y ensaladilla nacional"?
El patrón le contestó:
– No voy a poner ensaladilla rusa, ¿verdad? ¿O es que quieres que me metan en la cárcel?
El hombre más desconcertado por el pacto de no agresión germano-ruso, y también por la entrada de las tropas rusas en Polonia -mucho más que el general Sánchez Bravo, que el doctor Andújar, que Mateo y que todos los gerundenses juntos-, era Cosme Vila, residente, desde el mes de junio, en Moscú, en compañía de su mujer e hijo, el chavalín que en Gerona se mordía el pulgar del pie derecho.
Y no había para menos. Desde su llegada a la capital de la Unión Soviética, formando parte de los cuatro mil exiliados españoles -cifra aproximada- que el Kremlin admitió, Cosme Vila no había hecho sino oír toda clase de injurias contra Hitler y el nazismo. Las injurias fueron tantas que al ex jefe comunista gerundense llegó a parecerle aquello una obsesión. Ciertamente, no sólo los militantes del Partido calificaban siempre a los gobernantes del Führer de "saqueadores subhumanos", sino que en los campos de tiro los blancos contra los que había que disparar estaban formados por siluetas nazis, y en las escuelas los muchachos jugaban "a comunistas contra nazis", juegos en los que estos últimos llevaban invariablemente la peor parte. Por si fuera poco, en muchos cines de la capital rusa se daban sin descanso películas anti alemanas, como El profesor Mamlock y La familia Oppenheim y, según Cosme Vila pudo enterarse, muchas de las purgas ordenadas por Stalin en el seno del Partido y del Ejército habían descansado sobre la base del peligro nazi, del peligro de que Alemania atacara a la URSS.
Читать дальше