José Gironella - Ha estallado la paz

Здесь есть возможность читать онлайн «José Gironella - Ha estallado la paz» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Ha estallado la paz: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Ha estallado la paz»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.

Ha estallado la paz — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Ha estallado la paz», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– ¿Enfermo él? ¡No! En plena forma… -La muchacha añadió-: ¡Hasta qué punto! -Y miró el rompeolas, como si desde el lugar en que se encontraban pudiera reconocer la silueta de don Rosendo.

Ignacio, simulando la mayor naturalidad, preguntó:

– ¿A qué se dedica ahora tu padre?

Ana María arrugó el entrecejo. Sin duda el tema le desagradaba.

– No sé. ¡Negocios! Nunca explica nada en casa.

– Inesperadamente, añadió-: Pero se marcha a Madrid lo menos una vez a la semana.

Ignacio no quiso insistir. Y repentinamente sintió calor y le propuso a Ana María meterse en el agua. Ella aceptó y se puso un gorrito blanco. Miraron a los guardias -sentados sobre una roca, fumando- y se quitaron el albornoz justo en la orilla. Y entraron en el mar…

¡Cuántos recuerdos! Ana María, con su gorrito, se fue para adentro. Ignacio la siguió, avanzando tan lindamente que le pareció que esquiaba. Y de repente se zambulló y, como antaño, simuló asir a la muchacha de las piernas y tirar de ellas como si quisiera convertirla en sirena. Y Ana María se rió. Y su risa sonó como si 'El Niño de Jaén' tocara las castañuelas.

Fueron diez minutos de embriaguez, pues el agua, si se convierte en memoria, puede subirse a la cabeza. Flotaba allí cerca una balsa saturada de gente, pero ellos descubrieron un hueco por donde meterse, y desde arriba se lanzaron al mar una y otra vez, ensayando toda clase de figuras. A Ignacio le dio por hacer el payaso, y a Ana María por aplaudir. Y de pronto, por desaparecer. "¡Adiós!", decía. Y se sumergía, se sumergía hasta el fondo, fondo verde y claro, como lo eran sus ojos.

Terminado el baño, regresaron a la arena y se tumbaron boca abajo, un tanto distanciados, pues a Ignacio, viendo fumar a los guardias, le apeteció también hacerlo. Y reanudaron el diálogo, esta vez en tono más íntimo.

– ¿Y tú, Ana María, cómo estás? Háblame de ti… ¿Qué haces?

– ¡Huy! Muchas cosas… Quiero terminar el Bachillerato. Hago el Servicio Social. ¡Y acompaño a mi madre al cine, claro!

– Ya… -Ignacio prosiguió-: ¿Te gusta el Servicio Social?

– Nada. Es un tostón. Pero quiero aprender, ¿comprendes? -Ana María jugaba a quitarse el esmalte de las uñas-. Algún día habré de gobernar una casa… -De pronto añadió-: ¡Ah, y quiero perfeccionar mi inglés!

¿Inglés…? Ignacio se extrañó. Todo el mundo estudiaba alemán. Ana María no dio explicaciones y siguió contándole. A veces se iba sola al puerto porque le gustaba ver los barcos. "Espero que pronto lleguen otra vez transatlánticos. Creo que el único que ha venido es el que trajo al conde Ciano". También le gustaba visitar el barrio de la Catedral. Los claustros eran una delicia. Invitaban a pensar.

– Me gusta pensar, ¿sabes? Aunque también lo hago en la cama.

– ¿Y en qué piensas?

– ¡Oh! Soy muy poco original. Muchas veces pienso en lo agradable que es que la guerra haya terminado.

– En otro de sus impulsos, añadió-: ¿No sientes tú, algunas veces, como unas ganas enormes de recuperar el tiempo perdido?

Ignacio había ya hundido en la arena la colilla del cigarrillo. Él y Ana María continuaban tumbados boca abajo y sus rostros se encontraban ahora muy cerca. Milagrosamente, a la muchacha se le había quedado intacta una gota de agua en la punta de la nariz. Ignacio, con el índice, la aplastó. Entonces ella le preguntó:

– ¿Y tú, Ignacio? ¿Cuándo sabré algo de ti? ¿Qué haces?

Ignacio volvió a sonreír. Se expansionó con Ana María, a quien, inesperadamente, todo lo referente a Perpiñán y a los exiliados pareció interesarle. Aunque ello duró muy poco tiempo. De súbito la muchacha cortó diciendo: "Claro que ¡eran tan canallas!".

Ignacio cambió entonces de tema y dijo:

– Pero lo que quiero es que me licencien y terminar pronto la carrera.

– ¿Terminarla?

– ¡Claro! Cada noche estudio hasta las tantas… En septiembre me examino. El veintiséis.

– De tercero, ¿no es eso?

– Sí… -Ignacio volvió a mirar a la muchacha sorprendido, como cuando le oyó pronunciar el nombre de Mateo-. ¿Cómo es posible que te acuerdes?

– ¡Ah, ja!

Él, complacido, siguió explicando:

– Tercero, en septiembre. Ello significa que en junio del año próximo puedo tener el título en el bolsillo.

Ana María se acercó un poco más a Ignacio. "Abogado…", murmuró. Se había llevado un granito de arena a la boca y su sabor salado le agradaba. Sus ojos tenían ahora el color de la felicidad, de las mañanas claras.

Volvió a la realidad y preguntó:

– Y luego… ¿piensas ejercer?

– Por supuesto -respondió Ignacio-. Hay que defender a la gente ¿no crees?

Ana María apuntó:

– Los abogados a veces tienen que acusar…

– ¡No, no, de ningún modo! En la placa de mi puerta pondré: "Si quiere usted acusar a alguien, llame a otro despacho".

Ana María se rió y al hacerlo se tragó sin querer el granito de arena salada que paladeaba con tanta fruición.

A continuación preguntó:

– Pero ¿cómo vas a ejercer de abogado… a tu edad?

Ignacio se mostraba muy seguro.

– No pienso ejercer en seguida. Antes tendré que pasarme dos años lo menos haciendo prácticas.

– ¿Dónde?

– Lo normal. En el bufete de otro abogado que tenga prestigio y me pueda enseñar.

Ana María asintió:

– Claro, claro…

La muchacha parecía tan interesada por todo aquello, que Ignacio añadió:

– Luego, cuando mi cara inspire ya confianza… ¡adiós, muy buenas! A trabajar por mi cuenta.

– Marcó una pausa y concluyó-: Y a ganar dinero.

Ana María lo miró con un signo de interrogación. E Ignacio pensó para sí: "¿Por qué soy capaz de ser sincero con Ana María y en cambio disimulo siempre con Marta?".

– No te extrañe que te hable así, Ana María. He dicho lo que siento; estoy decidido a ganar dinero.

– Aupado, prosiguió-: Estoy cansado de vivir con estrecheces, ¿comprendes? En una casa sin calefacción y con muebles anticuados.

Ana María hundió por un segundo la frente en la arena. Luego la levantó:

– Pero tú no acostumbras a quejarte, ¿verdad?

– ¿Quejarme? No… ¿Por qué? Pero estoy dispuesto a no ser una lágrima. Quiero ser eficaz.

– Ignacio reflexionó y añadió-: No quiero que mis hijos lleguen a los dieciséis años como yo, siendo botones de un Banco.

Ana María había mudado la expresión.

– A veces… ganar dinero cuesta caro.

Ignacio la miró.

– Sé a lo que te refieres. Pero no es cuestión de exagerar.

– Se pasó el dorso de la mano por la frente para secarse el sudor-. Se puede triunfar sin lesionar a nadie. Es cuestión de aprovechar las oportunidades.

Era evidente que Ana María había oído muchas veces un lenguaje parecido… Secóse también el sudor de la frente. ¿Cómo conciliar aquello con la placa que Ignacio pensaba poner en la puerta?

– Esta decisión tuya… -apuntó, con cautela-, ¿es producto de la guerra?

Ignacio asintió.

– En parte, sí. Era un crío y me dieron un fusil. Eso cuenta ¿no? -Ana María callaba e Ignacio, notándolo, agregó-: ¡Por favor, no me mires como si proyectara atracar joyerías o abrir cajas de caudales! Simplemente, me he cansado de andar vacilando por ahí y ahora he tomado varias determinaciones; y una de ellas es ganar dinero.

Ana María optó por no dramatizar las cosas.

– ¿Qué otras determinaciones has tomado, si puede saberse?

El muchacho contestó, con la misma seguridad que antes:

– Apartarme de la política.

La muchacha jugueteaba ahora con el gorrito blanco.

– ¿Te sientes defraudado?

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Ha estallado la paz»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Ha estallado la paz» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Ha estallado la paz»

Обсуждение, отзывы о книге «Ha estallado la paz» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.