– Desenfocas la cuestión, papá… A mi edad… se tienen caprichos.
– ¡Basta ya! Renuncia a esa Sociedad.
– Te repito que no formo parte de ella.
El general juntó los pies.
– No te moverás del cuartel hasta que yo te lo ordene.
Dio media vuelta y se fue.
El capitán Sánchez Bravo, al quedarse solo, torció el gesto. Se quedó pensando un buen rato, mirando los tejados de Gerona a través del ventanal. Luego miró los escudos de armas y las banderas.
Súbitamente, le invadió una indefinible tristeza. Menos curtido que el coronel Triguero, la actitud de su padre le había impresionado. Por un momento recordó su formación castrense, puesta a prueba a lo largo de toda la campaña y rubricada con dos cicatrices. Cuando la terrible batalla de Teruel, en la que soportó los veinticinco grados bajo cero, sin que se le helara el espíritu, él mismo hubiera gritado "¡ladrones!" a quienes hubieran osado hablar de pasar factura más tarde. Y ahora, obsesionado por la vida a flor de piel, caía en la trampa, en tanto que otros muchos oficiales, si bien perdían un poco el tiempo jugando, vaso en mano, interminables partidas de cartas o de dominó, eran honestos y, por supuesto, incapaces de hacer nada que manchase la victoria obtenida con las armas.
Claro que el coronel Triguero opinaba que "la guerra era la guerra, pero que la paz era la paz" y que lo que les ocurría a los hombres como el general era que "les bastaba con exhibir su fajín de mando en los cuarteles".
El capitán Sánchez Bravo, presidente del Gerona Club de Fútbol, se pasó la mano por la frente. Sudaba. Le temía a su padre y le parecía estar oyendo a su madre, doña Cecilia, cuando se enterara de lo ocurrido: "Pero ¿es cierto, hijo, que te dedicas a comprar trenes? ¿Por qué, en vez de esas tonterías, no te buscas por ahí una buena chica, sabiendo la alegría que con ello le darías a tu madre?".
¡Cuánto costaba tomar una decisión! Porque en el fondo, lo que más lo emborrachaba no eran ni el alcohol, ni las mujeres, ni el afán de ganar dinero; lo que le emborrachaba de veras era la sensación de poder. La seguridad de que alguien supiera que él, el capitán Sánchez Bravo, formaba parte de la Constructora Gerundense, S. A., bastaba para concederle a ésta todas las facilidades. ¡Incluso algunos árbitros de fútbol se impresionaban al saber que él era el presidente del Club!
Decidió tomarse la cosa con calma. Se sentó, sin abandonar la Sala de Armas, y encendió un pitillo. Debía reflexionar.
Pasó por allí Nebulosa, el asistente. Lo llamó y le pidió que le limpiara las polainas, mera excusa para hablar con alguien.
El asistente obedeció y pronto se arrodilló a los pies de su capitán. Entonces éste le preguntó:
– Dime, Nebulosa. ¿Por qué no te licencias? ¿O es que piensas quedarte en el Ejército?
El asistente hizo con la cabeza un expresivo movimiento.
– ¿Qué voy a hacer, mi capitán? Me temo que no sirva ya para otra cosa…
– Ya… ¿Y tu pueblo? ¿No lo echas de menos?
– Ya no me tira el campo… Me he acostumbrado a esto -marcó una pausa-. Estoy bien aquí, con el general.
El capitán sonrió.
– Puedes llegar a sargento. O a brigada…
– ¡Ojalá!
El capitán Sánchez Bravo se repantigó en el asiento. Le gustaba pensar mientras le limpiaban las polainas.
– ¡Ay, Nebulosa! Lo que yo daría por estar en tu lugar, para tener tan sensatas aspiraciones…
– ¡Qué cosas dice usted, mi capitán!
En casa de los Alvear se planteó, con motivo de la escasez alimenticia, un problema de conciencia. Pilar, en su condición de empleada de la Delegación de Abastecimientos, disfrutaba de un reparto especial, que colmaba con creces las necesidades de la familia. ¿Era lícito aceptar aquello?
Estaba visto que nadie era perfecto…Los Alvear aceptaron el trato de favor, sin discutir siquiera el asunto. A lo más que llegaron fue a ceder una parte a la familia de Burgos, que lo pasaba muy mal. Ignacio se sintió algo decepcionado al respecto, especialmente pensando en su madre, Carmen Elgazu. "Muchas novenas a Santa Teresita, pero doble ración que los demás".
Tal vez fuera perdonable… Tal vez Carmen Elgazu obrara cuerdamente. Carmen Elgazu deseaba por encima de todo que no les faltara nada ni a Matías, menos fuerte que antes, ni a los chicos, ni al pequeño Eloy, que con eso de jugar al fútbol y crecer desmesuradamente, no conseguía verse saciado.
Carmen Elgazu, por otra parte, se dio cuenta de que se avecinaban días todavía más difíciles y se dedicó a sobornar maliciosamente a los dueños de los comercios vecinos, obsequiándolos, gracias a don Emilio Santos, con cigarros habanos procedentes de las secretas reservas de la Tabacalera.
Pero no paraba ahí la cosa. Inesperadamente se produjo un acontecimiento que hubiera podido resolver con mayor holgura aún el problema alimenticio de la familia. El mismo día en que el general Sánchez Bravo arrestó a su hijo, 'La Voz de Alerta' por mediación de Mateo, le propuso a Matías ser concejal del Ayuntamiento.
Matías se quedó estupefacto… y rechazó. "¿Yo concejal? Pero ¡qué entiendo yo de política! El alcalde está loco".
Pilar se irritó.
– ¿Lo ves, papá? Así no hay manera…Nos quejamos de que la gente no es honrada. Y te ofrecen un puesto a ti, que sabrías serlo, y rechazas. ¿No crees que tu obligación sería colaborar?
Matías negó con la cabeza, mientras se acercaba a la radio y la ponía en marcha, para escuchar como todas las noches la BBC de Londres.
– No insistas, hija. No me veo yo en las procesiones con chaqué y subiendo luego a Palacio a besarle el anillo a Su Ilustrísima…
Las últimas noticias que Jaime, poeta y ahora librero de ocasión, subrayó en Amanecer, fueron las siguientes:
"El coronel Beigbeder, comisario español en Marruecos, ha dirigido un mensaje deseando prosperidad a todos los pueblos islámicos".
"El Gobierno español proyecta dar gran impulso a la cría del gusano de seda".
"Churchill ha declarado, a raíz de la guerra ruso-finlandensa: Todo el mundo puede comprobar que el comunismo hace abyecta el alma de los pueblos".
"En la colección de fieras del Retiro, de Madrid, ha muerto de frío el oso polar que figuraba en él, considerado como una de las piezas más valiosas".
"El valor cívico se demuestra desenmascarando ante la autoridad al propagador de bulos".
"Existe el proyecto de invitar a los trabajadores a volar, por turnos, en trimotores de los que intervinieron en la Cruzada, para que se familiaricen con el paisaje de España".
"Se ha reanudado la fabricación de papel de fumar en las fábricas de Alcoy".
"El Führer ha dicho: Si el mundo estuviera lleno de demonios, los venceríamos".
Por fin Ignacio obtuvo la licencia. Colgó definitivamente el uniforme. En el último viaje que hizo a Perpiñán buscó a Canela por todas partes sin dar con ella. Se trajo para España, como siempre, un montón de cartas que le entregaron los exiliados, al objeto de que las echara en el buzón de Figueras, sorteando con ello la censura. Ignacio cumplió su promesa y, como en anteriores ocasiones, al hacerlo le pareció que llevaba a cabo una obra humanitaria.
En Figueras se despidió de Nati y de las demás mecanógrafas, obsequiándolas con cajas de bombones, y estrechó la mano del coronel Triguero. Éste, que le había tomado afecto, le dijo:
– ¡Apuesto a que cuando seas abogado defenderás a los pobres!
– No lo sé, mi coronel… Es pronto para hablar de eso.
– Te molestaba la vida militar, ¿verdad?
– Pues, sí… No puedo negarlo.
– ¡Bah! También tiene sus ventajillas…
– No lo dudo.
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