desde esa hora, nos han permitido luchar como si fuésemos los verdaderos propietarios del reino; ellos, de cuando en cuando, han bajado a ensanchar sus territorios, a fortalecerse con nuestro dinero, a educar a sus hijos, a refinarse con nuestras costumbres. nos han dejado cultivarles la tierra, y pagarles los tributos con lo que obteníamos. nos han dejado mentirnos y soñar. pero estábamos en precario, y un dueño más osado o menos comprensivo nos pondría los muebles en lo ancho de la calle.
ya se han divertido lo suficiente con nosotros; ya han cazado y corrido bastante; ya están hartos de cazar y correr; ya han cambiado de tono. quizá todo esto se ve sólo desde el lado de acá, desde esta perspectiva que da el lentísimo paso de los siglos; pero, aunque día a día se hubiese visto como yo hoy lo veo, ¿qué puede hacer un pueblo sino seguir de pie, sino intentar seguir de pie mientras dure la vida?
mohamed “el fundador” entró en granada. la hizo su capital.
quiso ordenar el reino. sabía que eso es una lenta tarea. yo también lo sé ahora: un campo se conquista en una sola mañana de suerte; luego hay que sembrarlo y aguardar la cosecha contando con el sol y con la lluvia, y con las heladas y el pedrisco y los incendios y las inundaciones. el primer mohamed, para ello, necesitó tranquilidad y paz, y tuvo que pagarlas; necesitó mucho obediencia, y tuvo que imponerla. por fortuna los escarmientos le formaron un pueblo dispuesto a obedecer. supo emplear la amenaza cristiana como arma: no era inventada, pero él la empleó bien. instauró con rigor el orden público, que después de las guerras queda tan malparado. acogió a los exiliados de las ciudades vencidas: abrió las puertas de granada y los instaló en el albayzín para tenerlos enfrente de la sabica, bien visibles y bien vigilados, porque multiplicaban los brazos de su pueblo, pero también el avispero. venían a bandadas de murcia y de valencia; lloraban por sus vidas perdidas y anhelaban reconstruirlas. solía ser gente trabajadora -más que la granadina-, que se arrobaba ante la belleza de su nueva ciudad. [ yo he visto llegar después a muchos como ellos: con toscos almazares secan sus lágrimas; en una cesta al brazo acarrean sus recuerdos, y en un burrito, sus mujeres mezcladas con aperos, y, tras él, una recua de hijos silenciosos. los vencidos, sean del bando que sean, tienen siempre los mismos ojos húmedos.] “ el fundador” fue, sobre todo, riguroso en el cobro de impuestos.
ellos y los botines eran su única fuente de ingresos: no podía descuidarlos. exigía su pago a los ciudadanos como el precio de la seguridad que les vendía: una inamovible condición para ser defendidos. para recuperar los impuestos impagados correspondientes a plazos anteriores, detuvo y torturó a los recaudadores hasta que confesaron nombres, cómplices y escriños; el recaudador mayor de almería, por ejemplo, abu mohamed ibn arús, murió a consecuencia de esas torturas. la decisión tomada era irrevocable: administrar su reino minuciosa y férreamente, como quien administra una finca privada: con el mismo derecho absoluto y el mismo amor también e idéntica responsabilidad. un mediodía subió hasta la fortaleza de los reyes ziríes, los que habían terminado de tan mala manera: aquella fortaleza que construyó el judío del que me habló el médico ibrahim. subió hasta ella, y dijo: ‘ ésta será mi casa.’ ala espera de días mejores, durmió en una tosca tarima en lo que hoy es torre del homenaje. ( igual que yo en lucena y en porcuna, pero él allí era el rey.) entre sus blancas y severas bóvedas, bajo sus cúpulas primitivas, alimentó su destino, y se alimentó con su pasión de mando, tan poco nutritiva para quien no la siente. fue construyendo el reino en torno suyo, a su medida, como quien se hace un traje. y, en cuanto al exterior, para precaverse contra su propio soberano -el de castilla, al que naturalmente odiaba-, con la remota expectativa de sacudírselo a la primera oportunidad, se inclinó hacia sus hermanos musulmanes del magreb. es decir, puso la fe por encima de la vecindad; creyó en la religión, pero sin fanatismo, salvo que el fanatismo le beneficiara; la entendió y la usó como algo pertinente y razonable, de lo que se ha de echar mano cuando conviene.
porque la religión, si no es un oficio amoroso interior, es un flameante espejismo, una llamada de socorro, o un grito de guerra: como tal ha sido utilizada, lo es y lo será por todos los políticos.
el rey fernando IIIpuso su siguiente blanco en sevilla; asediarla y penetrarla requirió sus fuerzas íntegras; se le aproximó por tierra y por agua; hasta el almirante vasco bonifaz bajó del norte. era un bocado que merecía la pena. “ el fundador” mohamed formaba entonces parte de las ‘fuerzas íntegras’ del “ santo”: lo ayudó en la conquista de sevilla.
la religión, por consiguiente, en este caso, pasó a segundo plano: había otras presiones más urgentes.
en otro ramadán (se conoce que los cristianos son dados a aprovecharse de nuestros ayunos), tras seis meses de sitio -para ellos era diciembre de 1248- se rindió la ciudad de la giralda. cuando “el fundador” volvió a granada, lo aclamaron sus ciudadanos: ‘¡ vencedor! ¡ vencedor!’; pero él, sabiendo muy bien lo que decía, contestó una vez y otra: ‘ no hay más vencedor que dios.’ yese resumen de un pecado fue en adelante el lema de nuestra dinastía.
pero, receloso del poder de castilla, “el fundador” situó otra vez la religión en primer plano: se obligó con un pleito homenaje al califa de bagdad; sumisión por sumisión, eligió someterse al grande más lejano. sin embargo, la relación no duró mucho: en cuanto vio que los almohades recuperaban su firmeza en el norte de áfrica, volvió a ellos sus ojos y sus homenajes; se unió al sultán de marraquech, al rachid. pero se le murió en seguida, y no dudó un momento en dirigirse hacia los emires de berbería y túnez, que eran los enemigos de al rachid.
las cosas como son: para los débiles, y aun para los que comienzan a dejar de serlo, los gestos de sometimiento son los más eficaces; y a la eficacia, no a las hazañas ni a la epopeya, es a lo que han de aspirar. para ser cabeza de ratón es bueno practicar siendo primero cola de león, y tener una idea exacta de la propia valía: más exacta aquélla cuanto ésta más pequeña.
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