con todos estos hábiles manejos, perdiendo por un lado y ganando por otro, el fundador se aseguró en granada un fértil apoyo, y jaén se le entregó de grado nuevamente. su carácter se suavizaba por una vida familiar amable, y enamoró a los andaluces orientales con su bandera roja. en almería, en una conjura a la que yo no podría afirmar que era ajeno mi antepasado, murió asesinado ibn hud. por si era poco, lo asesinó un cliente suyo, de cuyo nombre quiero dejar constancia aquí como recordatorio de la traición, que es poco singular entre nosotros y que es plural al lado de los grandes: ibn al ramimi se llamó esta vez el traidor. desde hacía tiempo, el fundador era dueño de baza y de guadix; ahora se hizo con almería, la antigua y prestigiosa capital de los beni sumadí, tan rica y codiciada, artesanal y marinera, en cuya alcazaba, si es que salgo de aquí, tendré que ser también un día proclamado. y málaga, agotada por las veleidades y deseosa de estabilidad, se le ofreció en seguida. el reino, pues, iba alcanzando unas fronteras no muy diferentes de las que luego tuvo, y algo más dilatadas que las de hoy.
mientras, los cristianos se aclaraban también; ni nuestra historia tiene sentido separada de la de ellos, ni es sólo entre los andaluces donde ocurren las decepciones y los crímenes. jaime iel de aragón y fernando IIIel de castilla eran los que se repartían la cristiandad: poco más o menos como nos había sucedido a nosotros con nuestros dos campeones. valencia, con peñíscola y játiva y alcira, la conquistó el aragonés; murcia estaba aún gobernada por el hijo de ibn hud; un sevillano fugitivo de los almohades, ibn mafuz, se apoderó de niebla; jerez constituía un pequeño reino, el de abu halid… así las cosas, los castellanos sintieron por primera vez la pasión por granada: una pasión devastadora y prolongada hasta hoy. para conseguir su amor, aspiraron antes al de jaén. previéndolo, con un golpe de sorpresa, puesto que estaban distraídos en escaramuzas por murcia, mohamed ilos atacó en andújar y en martos. allí derrotó al infante rodrigo, hermano del rey de castilla. pero, recuperados, respondieron con violencia, y nuño gonzález, que luego había de ser muy amigo nuestro, cercó y, en menos de dos meses, nos arrebató arjona.
precisamente arjona, la cuna de esa dinastía, que, como un niño, apenas empezaba a soltarse de los brazos maternos. y, por si fuese escasa tal respuesta, el rey fernando resolvió vengarse sobre jaén. el fundador la defendía.
la cercó el castellano por hambre; cortó los pasos que la unen a la vega de granada, y se sentó a esperar rezando. durante siete meses resistió el fundador; luego, temeroso de las fieras condiciones que se le habían impuesto a murcia, se rindió. es preciso decir, en su descargo, que también desde dentro fue traicionado: los cristianos, instruidos por sus espías, atraparon más de mil quinientas acémilas con provisiones, lo que imposibilitó la resistencia. qué fácil ha sido, en la tortuosa historia de la dinastía, comprar ayudas con dinero: comparados los amigos y los enemigos, siempre han sido más constantes los segundos.
la paz se concluyó por veinte años; pero las condiciones del piadoso rey “ santo” fueron tan despiadadas que ningún documento que yo haya visto las transcribe.
acaso tampoco era discreto transcribirlas, a juicio de quienes las firmaban: los documentos se hacen para mejor exigir su cumplimiento, y hay ocasiones en que, aun antes de firmarlos, se tiene la intención de no cumplirlos. en marzo de 1246 entraron entre cánticos los cristianos en jaén. un mediodía se pronunció en su mezquita la última oración; por la tarde se había convertido en catedral. con jaén, otra ciudad inexpugnable fue expugnada: eso acaece en cuanto los atacantes son suficientemente poderosos en número y en armas para derrocar un mito. en vista de quién lo conquistó, la zona de jaén cambió de nombre: se llamó el santo reino.
esta desgracia no hizo sino ratificar lo que ya estaba escrito.
después de la batalla de las navas de tolosa, en 1212, los goznes de las puertas de andalucía rechinaron y crujieron para empezar a abrirse. el reino musulmán que subsistía - granada- sólo podría seguir subsistiendo si pronunciaba su propia sentencia de muerte: el vasallaje. nada tenía remedio, y todos lo sabíamos. antes o después, fatídicamente nos esperaba el hundimiento. vivíamos de prestado, con un alquiler demasiado alto para nuestros bolsillos, y cuanto hiciéramos sería porque se nos consistiera. si un día los cristianos se ponían de acuerdo -y temo que ese día ha llegado por lo que oí en lucena al capitán don gonzalo fernández de córdoba- no nos quedaría otro recurso que hacer el equipaje. éramos los tolerados, y la tolerancia, con altibajos y guerras menudas, fue el signo que marcó la dinastía. más aún, los cristianos permitieron que creciera por la comodidad de tener un único enemigo que se ocupase de acabar con los demás. ahora, y sólo ahora, es cuando va a darse la batalla verdadera; ahora y sólo ahora, cuando los reyes de la cristiandad, unidos no sólo por alianzas sino por matrimonio, se van a presentar delante de granada diciendo: ‘ vengo aquí por lo mío.’ ¿ yqué contestará quien represente entonces el papel de señor de la alhambra? ¿ creerá que es algo más que un papel? ¿ será al último precisamente al primero que se le obligue a tomarse en serio el personaje; al primero que se le obligue a luchar hasta la muerte, de él y del reino, por aquello por lo que sus antecesores dieron sólo una renta?
la prueba de lo que digo es que ya entonces, en los primeros tiempos de la dinastía, como se actúa en un coto de caza, jaime iy su yerno alfonso x, el hijo de “el santo”, se repartieron lo que llaman “la reconquista”. para ellos fue un asunto de familia; trazaron una raya en el reino de murcia, desde játiva a enguera, y se distribuyeron los vedados.
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