apartir de aquel desastre todo cambió en granada. el pueblo, por sí mismo y por sus imanes, se convenció de que lo sucedido era un castigo con el que dios había sancionado la soberbia de mi padre.
el propósito de éste, que no era sino el de deslumbrar a sus súbditos en vista de los impuestos y de las campañas del próximo verano, fracasó. hubieron de aumentarse, con otra finalidad muy distinta, los tributos, y reducirse las pagas. la reconstrucción de lo destruido ocupó la atención de todos.
el pasado le pudo al porvenir: las muertes habían sido demasiado abundantes. la ciudad entera se sintió descontenta y sin ánimo. los militares profesionales tuvieron que vender sus armas, y hasta sus caballos, para poder comer. los astrólogos y los adivinos deducían los más negros presagios. una sombra de desaliento y de pesimismo se extendía alrededor de la sabica, de colina en colina. la tempestad, a la vez que el alarde, se llevó tras de sí las ilusiones y las esperanzas. ymi padre, incapaz de reaccionar y sin fuerzas para resarcirse del infortunio, se deslizó por una cuesta abajo que le arrastraba hacia la perdición.
ése fue el momento que aprovechó soraya para imponer su dominio. ella se convirtió en la única criatura que continuó tratando a mi padre sin recriminaciones, ni tácitas ni expresas. lo agasajaba y fingía venerarlo como el hombre fuerte que había sido. abul kasim benegas y ella llegaron a un acuerdo. mi padre, salvo momentos esporádicos, más espaciados cada vez, abandonó el gobierno en manos del visir, y se refugió en los brazos de la favorita, que ya le había dado su tercer hijo. cada día soraya le arrancaba un nuevo privilegio a costa de mi madre; cada día, un nuevo bien para sus descendientes. la prosperidad de un súbdito dependía del grado de amistad o de sumisión que lo ligase con el visir o con la joven sultana. los personajes de la corte medraban o se hundían según su devoción a ambos omnipotentes. yante tal situación, agravada por el recuerdo del pasado, nada tenía trascendencia: era fugaz la vida, y el presente nuestro único bien. yo rememoraba la enajenada avidez que me había asaltado en aquel palomar la tarde misma de la aniquilación.
para mi madre era la hora de su venganza: cuanto antes se produjera el resentimiento y el hastío del pueblo, antes se produciría su rebelión. por eso espoleaba las locuras de mi padre y soliviantaba a los insatisfechos. ydecidió entretanto casarme con moraima para poner de nuestra parte -de su parte- al honrado aliatar.
voy a contar algo que, cuando comencé a escribir estos papeles, me propuse silenciar. si mi designio es contradecir las mentiras ajenas, he de decir la verdad en lo que a mí me afecta.
desde la desgracia del gran alarde hasta la toma de alhama todo es confuso para mí; porque yo mismo estaba confuso. fue cuando me enamoré por vez primera, si es que aquello era amor, o si es que ha habido otra, o si es que uno no se enamora siempre por primera vez.
no tuve suerte, ni creo que sea una suerte enamorarse. en el amor hay siempre un amo y un esclavo, y, cuando el amor subvierte las posiciones de la realidad, todo lleva más de prisa al fracaso. ahora sé que la vida no es esto, ni aquello; ni mi vida, ni la de otro cualquiera, sino un todo, y cada uno ha de responder de ese todo, que es lo que la hace avanzar. sin embargo, entonces yo sólo tenía ojos para mi amor. los tenía vueltos hacia el interior, de modo que me era imposible fijarlos en otro sitio que en mi propia herida por la que respiraba, y los avatares del reino, tan decisivos de lo que vino luego, no conseguían despegármelos de allí. porque, cuando uno ha llegado al amor, bueno o malo, y ha bebido y jugado con él, y ha sido acribillado por él, y alguna vez se ha reído, por sorpresa, mientras convivía, ¿adónde ha de mirar?
hoy no estoy ya seguro de que el tiempo transcurra y de que no seamos nosotros los que en él nos movemos con torpeza. quizá me conviene pensar así, no sé. hay momentos que, si se intenta repetirlos o volverlos a gozar y sufrir, aunque sea sólo en el recuerdo, desaparecen por completo como si no hubieran existido jamás. mientras vivimos el presente no lo percibimos. igual que, si miramos un rostro desde demasiado cerca, no podemos abarcarlo entero: vemos arrugas que de lejos no veríamos, o el matizado color de los ojos, o la implantación de las cejas, o el sabroso alabeo de unos labios; pero ¿es eso un rostro? es preciso que el presente se transforme en pasado y que nos distanciemos de él para entenderlo. yentonces ya no existe: es sólo una turbia fuente de recuerdos, una baldía tentativa de resucitar lo que murió. ( lo que murió quizá con la esperanza de que nosotros, al evocarlo, estemos también muertos.) pienso si la muerte no será un largo día de hoy construido con todos los días pasados, con todos los antiguos días ya inmóviles, ya explicables, y ordenados igual que en un tapiz los hilos, cada uno por fin en su lugar.
si hoy presto oídos, escucho una música que viene de muy lejos, del pasado también, de cuanto ha muerto, de horas y signos distintos a los de hoy, y de otras vidas.
quizá la nuestra -y nosotros mismos no somos otra cosa que ella- no sea más que tal música. porque todos fuimos alguna vez mejores, o más felices y más dignos. no obstante, toda música cesa. hasta en nuestro recuerdo toda música cesa.
¿ de dónde surgió aquel extraño sentimiento? ¿ por qué me aguardaba, agazapado tras los mirtos, aquel día de mayo? se asegura que mayo es el mes del amor; yo no conozco un mes que no lo sea. el amor, aunque yo tardé mucho en darle nombre, se derramó como un perfume por mi vida, llenando días, meses, años, de su olor; impregnando cada pliegue de mi ropa, cada sonrisa, cada tristeza mía; tiñéndolo todo con sus tonos de flor o de llaga; apartándome y desinteresándome de cuanto no fuera él; transtornando las perspectivas y las formas; convirtiendo en esclavo al amo y viceversa. porque cada amor -luego lo he aprendido- trae su propia dicha; pero a la pesadumbre de un amor se añaden las pesadumbres de todos los amores.
qué injusto es eso. las heridas cicatrizadas vuelven siempre, despacito, a sangrar. yaquel primer amor no ha dejado de dolerme todavía.
de la nada brotó, de una tranquila noche. á fue en la galería más próxima a la última habitación del palacio de yusuf IIIque vi al irme para siempre de granada mucho más tarde. de la nada brotó, de una mañana clara. ¿ quién podría decir el instante preciso en que empieza a tramar sus telas de araña el destino? alguien se cruzó conmigo cerca de aquella habitación. primero oí una voz, no limpia ni totalmente hermosa. lo que la valoraba era que, dentro de ella, se desplegaba algo, igual que un ala que aún no ha empezado a levantar el vuelo y ya está el vuelo en ella. oí la voz. cantaba:
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