María Janer - Pasiones romanas

Здесь есть возможность читать онлайн «María Janer - Pasiones romanas» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Pasiones romanas: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Pasiones romanas»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

En lugar de subir al avión que debe llevarlo de vuelta a su hogar, un hombre decide en el último momento desafiar al destino y emprender una travesía muy diferente. ¿Podrá recuperar en Roma a la mujer que dejó marchar años atrás? Ignacio no puede saber cuánto queda en Dana de la pasión que los arrebató y se truncó tan injustamente, pero prefiere el vértigo de esta decisión irreflexiva a la atonía en la que ha entrado su vida. Con esta inolvidable historia sobre la fascinación y el infortunio del amor, sobre los golpes ocultos del destino, María de la Pau Janer nos ofrece una magnífica novela, llena de sensualidad, de emociones y de personajes que alcanzan nuestra fibra más íntima.

Pasiones romanas — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Pasiones romanas», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Se dio cuenta de la necesidad de marcharse. Hay distancias que no curan, que resultan insuficientes. Aun cuando estaba agotada, no podía pararse en la primera estación. Tenía que continuar el viaje, porque todavía estaba demasiado cerca de casa. En la recepción, le informaron de que a las trece y veintinueve salía un tren hacia Marsella. Tuvo el tiempo justo para cerrar la maleta, que no había llegado a deshacer, y llegar a la estación. Andaba de prisa, pero aun así tuvo que correr en el último tramo. Miró por la ventanilla, desde un vagón que iniciaba la ruta despacio. Suspiró, aliviada por saber que había mucho camino que recorrer. ¿Por qué Marsella? Lo ignoraba. Quién sabe si era por el mar.

Tenía una sensación permanente de ausencia. No percibía la lejanía de los otros, sino la suya propia. Era curioso, porque nunca antes lo había experimentado: la sensación de no existir realmente. A veces olvidamos algo importante. Una cita que no habíamos anotado en la agenda, el aniversario de alguien, las llaves de casa.

También era posible olvidarse de uno mismo, dejarse ir en cualquier esquina. Lo comprendió poco después de que Ignacio decidió abandonarla. Tenía que haber una correlación entre los dos hechos. Cuando él se fue, debió de irse ella también sin saberlo. Aunque la vida continuara aparentemente idéntica, el mundo era distinto. No ocupaba un lugar en aquel universo incomprensible. Iba por las mañanas a la radio, hablaba con los compañeros, se refugiaba en casa de sus padres, andaba por las calles. Hacía lo mismo de siempre, pero no estaba. Difícil de entender, difícil de describir. Se sentía cómoda en el vagón. Viajar en tren es algo parecido a existir y no existir. Empiezas una ruta de vías idénticas, de paisajes que la velocidad hace semejantes, de rostros que cambian en cada estación.

Camino de Marsella, observó a las personas que ocupaban los otros asientos. Había mujeres de aspecto cansado, hombres serios. Las horas relajaban sus facciones, porque el agotamiento transforma los rostros. Hace que los párpados empequeñezcan los ojos, dibuja surcos de fatiga. Se preguntó qué historias ocultaban; quién sabe si felices o desgraciadas. No le importaba en exceso. Cuando vivimos obsesionados por el dolor, prescindimos del resto de la gente. Su curiosidad, antes despierta, estaba adormecida. Los miró sin verlos. Con indiferencia, se daba cuenta de los movimientos que se producían en el vagón: alguien que subía, alguien que bajaba. De vez en cuando, le llegaba el eco de unas palabras, fragmentos de conversaciones que no intentaba descifrar.

La estación de Saint-Charles es inmensa, perfecta para sentirse perdido. En el alto techo, un entramado de vigas de hierro. Una escalera mecánica conducía a la salida. El entorno era hostil. Fuera la esperaba una escalinata de piedra. La maleta empezó a hacerse pesada; los escalones se multiplicaban ante sus ojos. Se sentó en el suelo, indecisa antes de dejarse engullir por las pendientes de las calles, por las construcciones caóticas. Era una ciudad dura, áspera. Marsella portuaria, donde se imponía la mezcla de razas. Un buen lugar para meterse en el caos. Vio rostros como máscaras, coches destrozados, bares que no invitaban a sentarse. Bajó la cuesta, arrastrando la maleta. Atravesó el boulevard d'Athénes, hasta la rue Gambetta, un paseo más ancho. Se paró en el hotel Royal, el primero que encontró por el camino. No perdió mucho rato en registrarse. Una mujer con cara de pocos amigos le preguntó cuánto tiempo se quedaría. La observó desde muy lejos.

– Todavía no lo sé. Acabo de llegar.

– ¿No sabe cuántas noches tengo que reservarle?

– Tres noches, quizá cuatro.

– ¿Tres o cuatro? -Parecía impaciente.

– Acabo de bajar del tren. Vengo desde muy lejos, y estoy cansada.

– Todo el mundo viene de lejos; todos están cansados. -Se encogió de hombros con un gesto de indiferencia, como si la historia no fuera con ella.

– Tres noches serán suficientes. No me quedaré demasiado en esta ciudad.

– Estoy segura. -Su sonrisa era una mueca-. El documento de identidad, por favor.

– Sí. -Se lo dio como una autómata-. ¿Podrían subirme la cena a la habitación?

– No tenemos servicio de habitaciones.

– Tendría suficiente con una ensalada o un bocadillo.

– Tengo unas bolsas de patatas fritas. Es lo único que le puedo ofrecer.

– De acuerdo.

Habitación cuatrocientos quince, un pasillo interminable. Se echó en la cama sin desvestirse. Con un movimiento brusco, se había quitado los zapatos, mientras retiraba la colcha de un color indefinido. Las sábanas le parecieron relativamente limpias. Dejó la maleta en una banqueta, la bolsa de patatas en el suelo. Se durmió en seguida. Fue un largo sueño, que duró casi doce horas. Nadie la interrumpió, ni oyó el ajetreo de la ciudad. No hubo pasos, ni conversaciones. Una oscuridad solemne se imponía. Tuvo frío, porque el aparato de calefacción estaba estropeado, y no había cogido las mantas del armario. A pesar de los huesos doloridos, no se movió. Parecía el cuerpo muerto de un alma muerta.

Estuvo muchas horas en la habitación. A veces, dormía; otras, miraba el techo manchado de humedad. Salía a dar una vuelta y a estirar las piernas. Comía un bocadillo en un bar, compraba algún periódico que sólo hojeaba. Llevaba unos pantalones vaqueros y un jersey, el rostro sin maquillaje, los cabellos sujetos. Andaba sin mirar a ninguna parte, sin ver a nadie. La calle era de una dureza difícil de describir, que se parecía a su estado de ánimo. Pasearse entre rostros indiferentes no resultaba incómodo. El primer día, al despertar, su impulso inicial fue marcharse de nuevo. Suspiraba por coger otro tren, pero las fuerzas le fallaban. Partir siempre resultaba agotador. Sabía que antes de continuar el trayecto tenía que recuperarse. Vivía con una sensación de absoluta transitoriedad: todo significaba un paréntesis, nada era definitivo. Le gustaba saberlo. Cuando somos incapaces de decidir, la imposibilidad objetiva de una elección nos tranquiliza. Marsella no era su destino. Lo supo desde el principio. Cuando volvía al hotel, la recepcionista la saludaba con un gesto. Inclinaba la cabeza, iniciaba un movimiento de cejas, dibujaba una sonrisa. No había indicios de la hostilidad inicial, sino un intento sutil de aproximación. Pero Dana no se paraba a hablar, aun cuando intuía la curiosidad de la otra, una soledad paralela a la suya. No se preguntó cómo se llamaba, ni qué vida llevaba. Continuaba su desinterés por la gente.

Volvió a la estación. No habían pasado muchos días, había perdido la cuenta. Se acomodó en un vagón haciendo un gesto de complacencia. Apoyó la cabeza en el respaldo, mientras respiraba profundamente. Le resultaba grato refugiarse en el tren. Lejos de cualquier lugar concreto, las vías se prolongaban entre ciudades. En el último momento decidió que se iba a Niza. Como siempre, dudaba hasta el final. La duda había sido una constante en su existencia. Volvería a ver el mar, en un ambiente distinto de aquel aire agresivo que había respirado por las calles de Marsella. Buscaba una ciudad con un paseo marítimo, lleno de palmeras y farolas. Un mar con el mismo azul de Palma, matizado con un punto plateado. Recobrar la sensación de placidez que la hiciera pensar en el orden y la calma. Ver jóvenes con patines recorriendo el paseo.

Encontró edificios elegantes, con soberbias fachadas. Desde la estación Central, recorrió la rué Berlioz. Las casas tenían un aspecto confortable incluso desde fuera. Adivinó en seguida el contraste abrupto con Marsella. Eran ciudades muy distintas. Pertenecían a extremos opuestos, a concepciones y a historias diversas. Una, embrutecida, casi salvaje; la otra, refinada en exceso. Pensó que había aprendido a conocer las ciudades. Se podían percibir los lugares, como las personas o los perfumes. Sólo hace falta acercarse con atención, el instinto al acecho. Sin quererlo, recordaba el olor a Ignacio. Una vez se lo había dicho:

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Pasiones romanas»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Pasiones romanas» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Pasiones romanas»

Обсуждение, отзывы о книге «Pasiones romanas» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.