– Y así las hordas negras del Congo -reflexionó Policarpe-, que los belgas, en su neuropatía de los Países Bajos, se imaginan como un oleaje continuo, elevándose silenciosamente, cada vez más alto, tras un muro de fuerza y muerte que nadie sabe cómo reforzar lo bastan_te para impedir que lo arrasen todo…
– Es por su inmerecido sufrimiento -sugirió Denis-, su superio_ridad moral.
– Difícilmente. Son tan salvajes y degenerados como los europeos. Y tampoco se trata simplemente de una cuestión de números, pues aquí, en Bélgica, tenemos la mayor densidad de población del mun____________________za pública golpea a un obrero del caucho, o apenas profiere el menor insulto, las fuerzas de la marea se intensifican, elno de nuestro dominio allá abajo. Cada vez que un miembro de la fuerdo, y a nadie le sorprende demasiado. No, nosotros lo creamos, me parece, lo proyectamos desde el co-consciente, a partir del fango alucinatorio que cartografía sin descanso el inagotable e inagotado infier digue de la contra_dicción interna se debilita aún más.
Era como estar de vuelta juntos en el khágne. Todos andaban por allí en una suerte de inercia concentrada, bebiendo, pasándose cigarri__do geografía con Reclus en la Universidad de Bruselas, Fatou y Policarpe huían de órdenes de detención emitidas en París, donde incluso la intención de defender el Anarquismo se consideraba un delito.llos, y acababan olvidando a quien se suponía que amaban hasta la obsesión, si es que amaban a alguien. Denis y Eugénie habían estudia
– Como los nihilistas rusos -explicó Denis-, en el fondo somos metafísicos. Se corre el peligro de volverse demasiado lógico. Al aca_bar el día, uno sólo puede consultar a su propio corazón.
– No le hagas caso a Denis, es un stirneriano.
– Anarcho-individualiste, aunque eres demasiado imbécil para apre_ciar esa distinción.
Aunque en la pequeña phalange había centenares de ocasiones para aclarar ese tipo de matices, África era el término sobrentendido y prohibido que los mantenía unidos, firmes y resueltos. Eso y la obli_gación moral, si bien había quienes lo habrían calificado de obsesión, de asesinar a Leopoldo, el Rey de los belgas.
– ¿Os habéis dado cuenta -aventuró Denis- de cuántas y cuán va__nistros) han estado cayendo últimamente bajo el implacableriadas figuras del poder en Europa (reyes, reinas, grandes duques y mi Juggernaut de la Historia? ¿La de cadáveres de los poderosos que son derrocados en todas direcciones con una frecuencia mayor de la que podría atri_buirse al azar?
– ¿Acaso estás autorizado a hablar en nombre de los dioses del Azar? -preguntó Eugénie-. ¿Quién sabe cuál se supone que es la tasa de ase_sinatos «normal»?
– Sí -intervino Policarpe-, tal vez no sea bastante alta, todavía. Sobre todo teniendo en cuenta lo científicamente inevitable que es el acto.
El grupo había cobrado renovados ánimos con el ejemplo del jo__sa de Gales en Bruselas, en la Gare du Nord. Falló cuatro disparos a corta distancia; Sipido y su banda fueron detenidos y más tarde absueltos; y el Príncipe era ahora Rey de Inglaterra.ven anarquista de quince años Sipido, que, en solidaridad con los Bóers de Sudáfrica, había intentado asesinar al Príncipe y a la Prince
– Y los británicos -dijo encogiéndose de hombros Policarpe, el realista del grupo- siguen tratando como basura a los Bóers. Sipido debería haber prestado más atención a las herramientas de nuestro ofi__cionar un cargador más grande.cio. Se ha de valorar la necesidad de ocultarse, desde luego, pero si uno va a por el Príncipe Heredero, lo que necesita es calibre, por no men
– Pues imaginemos que ponemos una bomba, en el Hipódromo -propuso Fatou, ruborizada, con la cabeza descubierta y una falda más corta que las de las chicas del circo, aunque todos, salvo Kit, fingían no darse cuenta.
– O en el Pabellón de Baño Real -dijo Policarpe-. Cualquiera pue_de alquilarlo por veinte francos.
– ¿Quién tiene veinte francos?
– Algo de la familia del pícrico podría servir -prosiguió Fatou, mientras desplegaba mapas y diagramas por la diminuta habitación-. Por ejemplo, polvo de Brugère.
– Yo siempre he sido partidario de la pólvora de Designolle -mur_muró Denis.
– O podríamos contratar a un pistolero americano -dijo Eugénie mirando intencionadamente a Kit.
– Por favor, mademoiselle, sólo con acercarme a un arma ya ne_cesitaría zapatos de acero para protegerme los pies.
– Anda, Kit, a nosotros puedes contárnoslo. ¿A cuántos bandidos has… agujereado para que los atravesara la luz?
– Resulta difícil decirlo, no empezamos a contar hasta que lleva_mos más de una docena.
En la cúspide del crepúsculo, se encendían las luces y las farolas por las calles para hacer frente a las sombras acechantes de fuerzas semi-visibles… Más allá del Digue, las olas rompían estruendosas contra la playa invisible. Policarpe había traído absenta, azúcar y todo lo demás. Era el dandi de la falange, y lucía, siguiendo el estilo de Monsieur Santos-Dumont, un sombrero Panamá a cuya ala se afanaba en aplicar el desarreglo preciso, dedicándole el tiempo que otros jóvenes invertirían en acicalarse el bigote. Sus amigos y él eran absintheurs y absintheuses, y pasaban muchas horas sentados cumpliendo con los complicados ri__dianoche.tuales de la bebida. La Hora Verde con frecuencia se alargaba hasta me
– O, como decimos por aquí, l'heure vertigineuse.
A eso de la medianoche, se oyeron un par de voces discutiendo en italiano al otro lado de la puerta, y la discusión se prolongó du____________________do, elnes habían robado de los astilleros Whitehead de Fiume los planos ultrasecretos de un torpedo tripulado de baja velocidad que pretendían montar ahí, en Bélgica, para ir con él tras el yate real del Rey Leopolrante un rato. Hacía poco, los Jóvenes Congoleños habían unido sus fuerzas con un par de renegados navales italianos, Rocco y Pino, quie Alberta. A Rocco, siempre serio, puede que le faltara algo de imaginación, mientras que Pino, que parecía personificar cuanto tie____________________lado: la incapacidad de Rocco para imaginar nada prometedor en lo no regulado -aunque pudiera funcionar de vez en cuando- servía para moderar las fantasías exuberantes pero poco provechosas de Pino.formaban un equipo perfecto para un trabajo con un torpedo tripune de inmoderado el temperamento de los italianos del sur, se veía a menudo distraído por la estolidez mental de su socio. En teoría, con
El Siluro Dirigible a Lenta Corsa representaba un breve pero ro____________________te simplificados, aunque el factor de lalos matemáticos de la trayectoria y de la puntería se veían enormemenmántico capítulo en la historia de los torpedos. Con unos blancos limitados a objetos inmóviles, tales como barcos anclados, los cálcu virtu personal adquiría una se____________________nocidas de los puertos hasta queto sin que lo detectaran a través de defensas con frecuencia descoñalada importancia, pues el equipo tenía que trasladar el letal artefac tocara físicamente el casco del objetivo buscado, y tras iniciar una confusa secuencia de cuenta atrás, debían exfiltrarse tan rápido como pudieran antes de que estallara la carga. El uniforme de faena solía ser un traje de buzo de caucho vulcanizado para mantener el calor durante horas en aguas gélidas, pues el torpe_do se deslizaba casi siempre bajo la superficie pero muy cerca de ella, como también, por fuerza, debían hacerlo Rocco y Pino.
– ¡Menuda noche! -exclamó Pino-, Hay Garde Civique por todas partes.
– Cada vez que te das la vuelta te encuentras sombreros de copa y uniformes verdes -añadió Rocco.
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