Dally se dejó llevar suavemente a la costa, arrastrada por el ajetreo del desembarco. Le dio la sensación de que estaba quieta. Hasta ese momento, ni siquiera había sabido de la existencia de esa ciudad. Te_nia que olvidarse de Kit por el momento. ¿Dónde estaba ella?
Seguido por miradas equívocas de la tripulación del Fomalhaut, Kit recogió su paga en Ostende y dio pasos tambaleantes por el Mue____________________bros arrojados a la playa. Y, bien mirado, también olía igual. Salió del hotel y se subió a otro tranvía, que lo llevó al centro de la ciudad a lo largo del sonal, estaba a punto de invocar el nombre de Vibe cuando se atisbo a sí mismo en uno de los espejos con marco de oro del vestíbulo, y le sobrevino la cordura. Cristo bendito. Tenía el aspecto de unos escompuesto que habría una habitación reservada esperándole. Pero en el hotel no tenían noticia de él. Tomándoselo casi como una ofensa perlle de los Pescadores, se subió al tranvía eléctrico y se dirigió hasta el lejano Continental, donde, por no se sabía qué razón, daba por suBoulevard van Iseghem, antes de girar un par de veces a la iz____________________de había salido, Kit se apeó y, sin saber muy bien qué hacer, entró en un pequeñonos que él. En el Quai de l'Empéreur, casi en el mismo sitio de donquierda y encaminarse de vuelta hacia los muelles. Las multitudes que veía tenían una apariencia mucho más presentable en términos urba estaminet y se sentó en un rincón con un vaso de cerve_za de doce céntimos dispuesto a repasar su situación. Llevaba encima suficiente dinero para pagarse el alojamiento de una noche en algún sitio antes de averiguar cómo llegar a Gotinga.
Sus cavilaciones se vieron interrumpidas por una violenta discusión que había estallado en el rincón opuesto, entre una pandilla de desarra__po tan numeroso de seguidores de esa religión en peligro reunidos en un mismo lugar. Y, todavía más raro, tenía cada vez mayor certeza de que ellos parecían haberle reconocido, y no es que se intercambiasen señas y contraseñas masónicas, pero aun así…pados, mejor dicho, desastrados, de variadas edades y nacionalidades, cuyo único lenguaje común Kit reconoció instantáneamente como el de los Cuaterniones, aunque no recordaba haber visto jamás un gru
– ¡Por aquí, Kellner!, media pinta de Lambic para ese tipo de ahí con algas en el traje -exclamó un individuo alegremente desquiciado con un sombrero de paja ajado que parecía haber encontrado en la playa.
Kit hizo lo que esperaba que fuese el signo universal de que se anda corto de fondos dándole la vuelta a unos imaginarios bolsillos de pantalón y encogiéndose de hombros.
– No te preocupes, esta semana todo corre a cuenta del departa____________________tó como Barry Nebulay, de la Universidad de Dublín, le hizo sitio y Kit se unió a la políglota pandilla.viendo ecuaciones de bicuaterniones, pero si les enseñas una cuenta de gastos, por fortuna para nosotros, se quedan en blanco. -Se presenmento de matemáticas del Trinity; puede que sean unos brujos resol
Durante toda la semana anterior y la presente, no habían parado de llegar cuaternionistas a Ostende para celebrar una de sus irregu____________________cripción y el exilio eran castigo insuficiente.gracia, habían acabado encarnando, a los ojos de la religión científica establecida, una fe subversiva, más aún, herética, para la que la prostonas cuyos nombres eran difíciles de recordar o partes de animales ocultas por salsas opacas -que ahí, en Bélgica, eran sobre todo formas variopintas de mayonesa-, cuyas combinaciones de colores iban hasta el añil y el aguamarina, con frecuencia bastante vividos, de hecho… Sí, pero ¿qué otras opciones les quedaban, si es que les quedaba alguna? Habiendo sido inseparables desde la ascensión del electromagnetismo en los asuntos humanos, los seguidores hamiltonianos, caídos en desvaban miles de ecos; observados con suspicacia por camareros que, en cazuelas descomunales de aleación de acero, les servían verduras autócban en esplendor desde el terciopelo francés a la albañilería nativa, elesierto americano, en las yermas alturas alpinas de Suiza; reuniéndose furtivamente en hoteles de ciudades fronterizas, celebrando comidas en salones alquilados, en vestíbulos de hoteles cuyas paredes, que variapletamente, en el mejor de los casos habían acabado cayendo en la irrelevancia, de modo que esos días podía encontrárselos vagando por el mundo, dispersados, bajo los cielos amarillos de Tasmania, en el detes-, los auténticos cuaternionistas, aun sin haber sido derrotados comlarmente espaciadas Convenciones Mundiales. Tras las desavenencias transatlánticas de la década de 1890 conocidas como las Guerras Cuaternionas -de las que Kit sabía que Yale, como sede de los Vectores Gibbsianos, había figurado como uno de los principales beligeran
El Grand Hotel de la Nouvelle Digue quedaba bastante retirado, en el interior del Boulevard van Iseghem, lejos del dique que le daba nombre, y resultaba atractivo sobre todo para los de cartera pruden____________________ñera, así como en colchas, cortinajes y pantallas de lámparas.tivos, pensionistas, amantes abandonados que imaginaban haber dado con las antesalas de la muerte. En realidad, las apariencias casi siempre engañan. Las habitaciones estaban implacablemente amuebladas con objetos de bambú falso confeccionados en pino, pintados con colores exóticos como el rojo chino, y la superficie de las mesas era de mármol barato, puede que sintético. En una tentativa de captar los matices del Art Nouveau belga en toda su modernidad, se encargaron de incluir motivos híbridos de mujer/animal en los accesorios del lavabo y la bate, entre ellos el surtido habitual de turistas de temporada baja, fugi
Kit miró alrededor.
– Muy bonito. De lujo.
– A estas alturas -dijo Barry Nebulay-, nadie presta mucha aten_ción a quién es o no huésped registrado. No debes de ser el único que pulula por aquí gratis.
Kit, que había decidido probar suerte en el Casino para pagarse el viaje a Gotinga, se encontró durmiendo en un rincón entre monto__dos cuyos nombres, si llegó a oírlos alguna vez, no tardó en olvidar.nes de despojos cuaternionistas y una población fluctuante de refugia
En el pasillo vivía una célula de nihilistas belgas -Eugénie, Fatou, Denis y Policarpe, vestidos al estilo «Jóvenes Congoleños»-, individuos que despertaban un interés inagotable en la Garde Civique belga, así como en los hombres del servicio de espionaje francés que visitaban regularmente Bruselas. Cada vez que Kit se cruzaba con alguno de esos jóvenes -lo que parecía ocurrir con más frecuencia de lo que el azar explicaría-, siempre había un instante de intenso reconocimien_to, casi como si de hecho él, en el pasado, sin saber muy bien cómo, hubiera pertenecido a la pequeña phalange, hasta que había sucedido algo, algo demasiado espantoso para recordarlo, al menos tan trascen_dental como el destino del Stupendica, después de lo cual todo, ade____________________nimiento el Digue, de casi ocho metros de alto y bordeado de hoteles elegantes, con el mar al otro lado, batiendo con furia, más alto que la ciudad, le asaltaba incontenible la imagen de una fuerza consciente, en busca de un punto débil, destinada a inundar el paseo marítimo y a asolar Ostende.pezando una nueva vida, a partir de cero-, ese estado ingrávido en el que se movía resultaba lo bastante peculiar como para temer que se volviera peligroso en cualquier momento. Cuando miraba con detevencerle de que había escapado a la maldición de Vibe y estaba emmamente. Aunque suponía un verdadero alivio no sentirse abrumado más que por el peso de su propia ropa -y aunque casi era posible conmás del recuerdo de lo sucedido, se había ido desvaneciendo, no sólo sumiéndose en el olvido sino perdiéndose también a lo largo de otros ejes del espacio-tiempo. Era una sensación que tenía a menudo últi
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