»Ninguno de nosotros éramos ciudadanos modelo, pero Tony Eist…, bueno, él no era normal. En los viejos tiempos habría sido capaz de alegar como coartada que estaba cometiendo delitos diferentes del que se le imputaba. Por ejemplo: “Yo jamás estuve en la guarida de Brink-Mats. Estaba ocupado zurrándole la badana a ese maldito animal de Argie.” O bien: “¿Cómo podría haber participado yo en ese asunto de la joyería de Waterloo? Estaba en el otro extremo de la ciudad, exigiendo dinero con amenazas.” Un hombre muy deshonesto Tony Eist… Así que un día Keith el Serpiente vino a verme a mi villa. Me dijo que había estado haciendo números…, y que Tony llevaba tiempo ¡apartando millones para sí! Bueno…, yo no iba a aceptar eso de buenas a primeras, ¿eh?
»Fui allí y pusimos las cosas en claro. Y me lo cargué. Y después, por si eso fuera poco, quedó destrozado por su propia cortadora de césped. Diesel. De dos plazas. Y su mujer no tuvo la sensatez de decir que ella lo había atropellado accidentalmente, sino que fue ¡y me denunció a los españoles! [ Clic. ] Sigo, pues. [ Clic. ] Mire, surgieron factores que lo complicaron todo. Yo no soy partidario de ponerme a echar las culpas a otro, o al impulso, o a como quiera llamarlo. Para mí hay demasiado de eso ya. Pero estamos hablando de hombre a hombre y…, bueno…, yo había estado acostándome con Angie, la mujer de Tony. Porque, si he tenido desde siempre alguna costumbre de la que deba lamentarme, ha sido ésta: la de tirarme a las esposas de mis compañeros. [ Clic. ] Y a sus hijas y todo, en su momento. La pequeña Debbie… ¡Y ella fue y se lo contó a Angie! [ Clic. ] Por malicia, diría yo. Oh, sí, fue por resentimiento. Los polis españoles andaban de culo husmeándolo todo, por supuesto; pero ¿qué podían hacer con aquel gran pantano que se extendía delante del césped de Tony y sin rastro de él? Así que yo y Keith el Serpiente arramblamos con todo lo que pudimos y nos largamos a Alicante, vendimos el barco y subimos a bordo de un petrolero rumbo a Belfast.
»[ Clic. ] Sigamos. Él no es diferente. ¿Él…? ¡Vamos…! [ Clic. ] Con respecto a eso de… tirarte a las mujeres de sus camaradas. Ahora, en estos tiempos, está mal considerado. Algo que no se hace. Mire…, sólo puedes hacerlo si tú…, si no le tienes miedo a nadie. Porque, de acuerdo, está mal… pero ¿qué va a hacerte el tipo en cuestión? ¿Presentarse y echártelo en cara? No. Le dan a su mujer un puñetazo o lo que sea y ahí se acaba todo. Fin de la historia. Porque, por otra parte, ellas se lo tienen bien merecido. Es el punto flaco de la mujer, eso es. Falta de fuerza. Falta de energía… Yo no me he casado, pero he estado prometido en dos ocasiones. Por una desgraciada coincidencia, las dos me dejaron y se quitaron la vida por razones que sólo ellas supieron.
»Durante el tiempo que pasamos en la…, en la “Isla Esmeralda”, Keith el Serpiente y yo viajamos a Londres en una ocasión. Yo tenía una cuenta que ajustar con un individuo que se había tomado algunas libertades conmigo años atrás, en Strangeways. Un sujeto llamado Mick. Debería haberme limitado a matarlo, ¿no? [ Clic ] Debería haber hecho picadillo al muy jodido… [ Clic ] Pero no. En vez de ello, pensé en una pelea limpia. Fui a verlo al patio de su casa [ clic ] con mis solapas llenas de cuchillas [ clic ] y llamé para que saliera. Le solté un par de verdades desagradables y demás. ¡Qué agarrada fue aquélla! No sé quién salió peor librado. Aunque yo he seguido activo desde el momento en que dejé la cama del hospital. Y luego vino el único delito que he cometido en suelo británico y por el que nunca pagué mi deuda con la sociedad. Me refiero al asunto del mercado del oro y el IVA. Yo y Keith el Serpiente estábamos convencidos de haber hallado una auténtica laguna legal, porque no había IVA para las monedas que fundíamos y revendíamos a la Casa de la Moneda. Pero Hacienda empezó a manifestar discrepancias. En todo caso, serían unos diecisiete millones en moneda actual. Pero a eso volveré luego.
»En resumen, que Keith el Serpiente y yo trasladamos nuestro negocio a Dublín, y arrancamos de nuevo. Yo me establecí sin encontrar ninguna clase de dificultades. Con respecto a los irlandeses del sur, yo no sé qué piensan ni en qué tienen la cabeza la mitad del tiempo. Demasiado Danny Boy , diría yo. [31] No podían dar crédito a las medidas que Keith el Serpiente y yo estábamos dispuestos a tomar. Comoquiera que sea, pasamos siete años muy felices en Irlanda. Vino luego el negocio con el IRA y la desgraciadísima circunstancia que separó los caminos de Keith el Serpiente y mío.
»Yo jamás he querido publicidad. Hay gente muy notable en el mundo del hampa que siente una terrible debilidad por ella. Pero yo he visto caso tras caso los efectos de la publicidad. Ya sabe… Consigues el poder, quieres que eso se sepa. Todos deseamos ser el perro principal de la casa, el gran hombre, el rey bastardo… Pero las cosas no pueden funcionar de esa manera aquí abajo, donde todo se mueve en sentido contrario… Lo cierto es que yo iba conduciendo mi Mercedes y me distraje un instante. Lo siguiente que supe fue que me había salido de la calzada y había atropellado a una joven -embarazada, además-, que, desgraciadamente, murió enseguida. Bueno…, no fue un final con cánticos y danzas al efecto…, aunque no se te puede culpar por darle un golpe a alguien si vas sobrio, y mi abogado dejó muy claro que hubo algo sospechoso en mi prueba de alcoholemia. Pero entonces salió a relucir lo que era y lo que tenía. Y el IRA se dijo: Ojito con éste.
»Aún estoy en libertad bajo fianza cuando me entero de que hay planeado un secuestro. Lo cual tiene su gracia. Como prisionero de categoría A, he repartido mi pan con todos sus jefes, y no existe la más mínima posibilidad de que se les haya ocurrido secuestrarme. Pero para entonces ya estaba Scotland Yard metiendo las narices en el asunto, así que pensé que era hora de irnos de allí. Se lo dije a Keith el Serpiente: “Keith, muchacho. Es hora de largarnos.” Y él me suelta: “Yo no me he llevado por delante a ninguna embarazada. Lárgate tú.” Justo, sin duda. “Por mí está bien, amigo. Sigue tu camino, y yo tomaré el mío.” [ Clic. ] Y ésa, ¡ ésa es su idea de la lealtad…! [ Clic ] Y me puse a hacer mis preparativos para emigrar al otro lado del océano.
»Vayamos a la triste conclusión de mi amistad con Keith el Serpiente. Todo arrancó de una locura, en realidad; como tantas otras cosas, supongo. Había bebido, fui a verlo, y le di una paliza. Después fui a verlo y le dije: “Keith, amigo… Te pido disculpas, sinceramente. Lamento mucho lo que ha ocurrido, y espero que puedas perdonarme de corazón.” Luego nos estrechamos la mano y todo eso. Sé que va a costar tiempo arreglar esta diferencia… Apenas había salido del hospital cuando fui a verlo de nuevo y tuvimos otra agarrada. Le hice trizas todos sus trajes y demás. Tejidos espléndidos. De lo mejorcito… Eran mi debilidad en aquel entonces. El alcohol me soltó la lengua y empezamos a discutir. Él insistía en irritarme los nervios. La misma charla estúpida. Le digo: “¿Por qué andas siempre con putas? ¿Por qué no te buscas una mujer como Dios manda?” “¿Para qué? ¿Para que puedas tirártela tú? ¿Por qué te tiras a las mujeres de tus camaradas?” “Bueno…, lo hago siempre.” “Sí, pero… ¿por qué?” “Siempre me tiro a las mujeres de mis amigos.” “Ya, pero ¿por qué motivo?” “Porque lo hago siempre.” [ Clic. ] “Vamos a ver, Jo… ¿Quieres tirarte a mi mujer para hacerte pasar por mí?” “¡Hey!” “Dime, Jo… ¿No estarás queriendo tirarte a mi mujer para hacerte pasar por ella… ?”… Bueno, y ahí acabó todo. [ Clic ] Una de esas clásicas discusiones en círculo. Mucho bla, bla, bla.
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