Jeffrey Archer - Como los cuervos

Здесь есть возможность читать онлайн «Jeffrey Archer - Como los cuervos» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Como los cuervos: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Como los cuervos»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

No le fue fácil a Charlie alcanzar el objetivo de amasar una fortuna; sin embargo algo había en él que le hacía un predestinado al triunfo y, como apreciará el lector, este algo tiene mucho que ver con su capacidad de trabajo, astucia, coraje, ganas de aprender y un maravilloso abuelo -el de más fino olfato para la venta- que le guió con su ejemplo en sus primeros tiempos.
Desde las primeras páginas la historia se convierte en una trepidante aventura sobre el mundo de los negocios, en una ascensión ilusionada desde la humilde situación de vendedor de verduras callejero hasta la realización de un gran proyecto empresarial: es la historia de un tendero que metido a negociante termina creando una importante red de establecimientos comerciales mientras van desfilando los grandes acontecimientos de este siglo.

Como los cuervos — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Como los cuervos», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Yo no lo sabía.

Leí la nota escrita con la letra académica de Daniel: «Ahora que Cathy y yo ya no podemos casarnos, la vida carece de sentido para mí. Ocúpense del niño, por el amor de Dios. Daniel».

Debí repetir para mis adentros aquellas veinticinco palabras un centenar de veces, pero sin lograr extraerles un sentido. Una semana después, el médico confirmó en su informe dirigido al forense que Cathy no estaba embarazada y, por tanto, no había sufrido ningún aborto. Seguí rememorando aquellas palabras una y otra vez. ¿Habría pasado por alto alguna sutil deducción, o debería resignarme a no comprender jamás su mensaje final?

«When other helpers fail…»

Un experto de la policía judicial descubrió más tarde un papel escrito en la chimenea, pero se había quemado hasta reducirse a cenizas; los restos carbonizados no aportaban ninguna pista. Después, me enseñaron un sobre en cuyo interior la policía creía que iba la carta quemada. Me preguntaron si podía identificar la letra. Estudié la letra menuda y vertical con la que estaban escritas las palabras «doctor Daniel Trumper» en tinta púrpura.

No, mentí. El detective me dijo que la carta había sido entregada en mano por un hombre de bigote castaño y chaqueta de tweed, a primera hora de aquella tarde. Eso era lo único que recordaba de él el estudiante que le había visto, aparte de que parecía conocer bien el camino.

Me pregunté qué habría escrito en su carta aquella vieja malvada, capaz de impulsar a Daniel al suicidio. Estaba seguro de que el descubrimiento de su verdadero padre no bastaba para tomar una decisión tan drástica, sobre todo cuando sabíamos que la señora Trentham y él habían llegado a un acuerdo tres años antes.

La policía encontró otra carta sobre el escritorio de Daniel. Era del rector del King's College de Londres, ofreciéndole formalmente la cátedra de matemáticas.

«And comforts flee…»

Tras salir del depósito me dirigí al hospital de Addenbrooke, donde me permitieron pasar un rato junto al lecho de Cathy. Aunque tenía los ojos abiertos, no me reconoció. Durante una hora se limitó a mirar al techo con la mirada perdida, mientras yo aguardaba. Cuando comprendí que no podía hacerse nada, me marché en silencio. El jefe de psiquiatría, doctor Stephen Miller, salió de su despacho y me preguntó si podía dedicarle unos minutos.

Explicó que Cathy padecía una amnesia psicógena, también llamada a veces amnesia histérica, y que pasaría algún tiempo antes de saber hasta qué punto iba a recuperarse. Le di las gracias y añadí que permanecería en constante contacto con él. Después, regrese lentamente a mi despacho de Londres.

«Help of the helpless, O abide with me…»

Daphne me esperaba y no hizo ningún comentario sobre mi tardanza. Intenté agradecerle su infinita bondad, pero le expliqué que debía ser yo quien le diera la noticia a Becky. Sólo Dios sabe cómo asumí aquella responsabilidad sin mencionar el sobre escrito con la letra tan conocida, pero lo hice. Si le hubiera contado a Becky toda la verdad, creo que habría matado a la mujer en el acto con sus propias manos… y creo que yo la habría ayudado.

Le enterraron entre los suyos. El capellán del colegio, que habría asumido esta responsabilidad muchas veces en el pasado, tuvo que interrumpirse para recobrar la compostura en tres ocasiones diferentes.

«In life, in death, o Lord, abide with me…»

Becky y yo fuimos juntos a Addenbrooke cada día de aquella se mana, pero el doctor Miller se limitó a confirmar que el estado de Cathy no había variado; ni siquiera había hablado. No obstante, sólo pensar en la joven que yacía en su habitación, necesitada de nuestro amor, conseguía que nos preocupáramos de alguien más que de nosotros mismos.

Cuando volvimos a Londres a última hora de la tarde, Arthur Selwyn estaba paseando de un lado a otro, ante la puerta de mi des pacho.

– Alguien ha irrumpido en el piso de Cathy, han forzado la cerradura -dijo, antes de que pudiera abrir la boca.

– ¿Qué iría a buscar un ladrón allí?

– La policía tampoco lo entiende. Por lo visto, no se han llevado nada.

Sin saber todavía qué había escrito la señora Trentham a Daniel, ahora se añadía el misterio de qué pertenencia de Cathy podía desear. Tras examinar yo mismo el piso, seguí tan a oscuras como antes.

Seguimos desplazándonos a Cambridge cada dos días hasta que a mediados de la segunda semana Cathy habló por fin, vacilante al principio y sin parar después, aferrada a mi mano. Luego, de súbito, se sumió en el silencio de nuevo. A veces, se frotaba el índice con el pulgar, justo debajo de la barbilla.

Esto desconcertó incluso al doctor Miller.

Éste, sin embargo, había conseguido entablar extensas conversaciones con ella en varias ocasiones, y la había sometido a juegos de palabras para comprobar el estado de su memoria. En su opinión, había anulado todos los recuerdos concernientes a Daniel o a su vida anterior en Australia. Nos aseguró que era frecuente en estos casos, y nos dijo el hermoso nombre griego de este estado mental concreto.

– ¿Quiere que intente ponerme en contacto con su preceptor de la universidad de Melbourne, o que hable con el personal del hotel Ayres, por si pueden arrojar alguna luz sobre el problema?

– No -contestó-. No la fuerce demasiado y esté preparado, porque es posible que esa parte de su mente tarde mucho tiempo en recobrarse.

Asentí con la cabeza.

«Domínese, reprima su agresividad innata», parecía ser la expresión favorita del doctor Miller.

Siete semanas después nos dieron permiso para trasladar a Cathy a nuestra casa de Londres, donde Becky le había preparado una habitación. Yo ya había retirado todas las pertenencias de Cathy del piso situado sobre la carnicería, ignorante todavía de si faltaba algo después del escalo.

Becky había guardado toda la ropa de Cathy en el armario ropero y en los cajones, e intentó dotar a la habitación del aspecto más alegre posible. Unos días antes había sacado su acuarela del Cam que colgaba sobre el escritorio de Daniel y la había colocado en la escalera, entre el Courbet y el Sisley. Cuando Cathy subió la escalera, camino de su nueva habitación, pasó frente a su cuadro sin el menor atisbo de reconocimiento.

Pregunté de nuevo al doctor Miller si debíamos escribir a la universidad de Melbourne y averiguar algo sobre el pasado de Cathy, pero volvió a manifestarse en contra de tal decisión, aduciendo que; debía ser ella la que nos proporcionara tal información, y sólo si se sentía con fuerzas para hacerlo, sin presiones externas.

– ¿Cuánto tiempo cree que pasará antes de que recobre por completo la memoria?

– Tanto pueden ser catorce días como catorce años, según mi experiencia.

Recuerdo que aquella noche volví a la habitación de Cathy, mi senté en el borde de su cama y le cogí la mano. Por primera vez, observé que el color había vuelto a sus mejillas. Sonrió y me preguntó cómo marchaba el «gran carretón».

– Hemos obtenido beneficios récord, pero lo más importante es que todo el mundo quiere verte otra vez en el número 1.

Reflexionó sobre mis palabras durante unos instantes.

– Ojalá fuera usted mi padre -dijo por fin.

En febrero de 1951 Nigel Trentham se integró en la junta. Se sentó al lado de Paul Merrick, que le dirigió una leve sonrisa. Fui in capaz de mirarle. Aunque algunos años más joven que yo, me satisfizo observar que tuviera un problema de obesidad mayor que el mío.

La junta aprobó un desembolso de casi medio millón de libras para «llenar el hueco», como Becky denominaba al solar plantado en mitad de Chelsea Terrace desde hacía diez años. Por fin, «Trumper's» se alojaría bajo un solo techo. Trentham no hizo ningún comentario. También aceptaron una asignación de cien mil libras para reconstruir el club juvenil masculino de Whitechapel, que pasaría a denominarse «Centro Dan Salmon». Trentham susurró algo al oído de Merrick.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Como los cuervos»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Como los cuervos» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Jeffrey Archer - Honour Among Thieves
Jeffrey Archer
Jeffrey Archer - Cometh the Hour
Jeffrey Archer
Jeffrey Archer - Sons of Fortune
Jeffrey Archer
Jeffrey Archer - Mightier than the Sword
Jeffrey Archer
Jeffrey Archer - As the Crow Flies
Jeffrey Archer
Jeffrey Archer - Hell
Jeffrey Archer
Jeffrey Archer - En pocas palabras
Jeffrey Archer
Jeffrey Archer - Heaven
Jeffrey Archer
Jeffrey Archer - Juego Del Destino
Jeffrey Archer
Jeffrey Archer - A Twist in the Tale
Jeffrey Archer
Отзывы о книге «Como los cuervos»

Обсуждение, отзывы о книге «Como los cuervos» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x