Klas Östergren - Caballeros

Здесь есть возможность читать онлайн «Klas Östergren - Caballeros» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Caballeros: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Caballeros»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Cuando el protagonista, homónimo del autor, conoce al gentleman Henry Morgan comprende que ha dado con su alma gemela. A Klas acaban de robárselo todo, así que decide ponerse en manos de Henry: este le descubre un anacrónico mundo de lujo, y le revela que está planeando robar el oro del castillo de Estocolmo. Y entonces aparece Leo, hermano de Henry y poeta maldito, que acaba de salir del psiquiátrico.
¿Quién supondría que una peligrosa trama de gángsters y contrabandistas estaría a la vuelta de la esquina?

Caballeros — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Caballeros», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Tómate un schnapps. Suele ayudar en estos casos. Si quieres puedo dejarte mi abrigo.

– No, gracias. Prefiero tomarme un schnapps.

Empezó a llover con más fuerza, y un malhumorado pastor alemán se coló dentro del bar para descansar y secarse en un rincón. Era un perro callejero, al igual que tantas otras criaturas en aquella ciudad.

– ¿Y qué tipo de asunto te ha traído a esta ciudad? -preguntó Henry, que había conseguido abrir sus enrojecidos ojos y fijarse bien en aquella joven.

– Trabajo de investigación. En el Archivo Estatal de Geheimes, en Dahlem.

– ¿Y qué hace allí alguien como tú?

– Buscar a gente. Gente que ha desaparecido, pero a la que aún no se puede dar por muerta.

– Vaya. No suena muy divertido.

– No lo es.

– Y entonces, ¿por qué lo haces?

– Es trabajo de investigación -repuso Verena tosiendo por culpa de los fuertes cigarrillos.

Henry el agente secreto intentó recobrar la compostura, centrarse y pensar un poco. Y, naturalmente, le vino a la cabeza Verner Hansson, el genio del ajedrez.

– Tengo un vecino allí en Suecia, en Estocolmo. Está un poco chiflado, pero está realmente fascinado por la gente desaparecida. De pequeño era un genio del ajedrez y fundó un club para jóvenes inventores…

Verena se echó a reír de una manera extraña.

– ¡Sí, ríete! -dijo Henry-. Pero es verdad. Se volvió un poco raro y empezó a interesarse por casos misteriosos de gente que desaparecía sin dejar rastro… muchachos que salían a buscar leña una noche fría de enero. No habría más de veinticinco pasos hasta la leñera, pero esa noche…

– ¿Desaparecían? -preguntó Verena volviendo a toser.

– Para siempre -dijo Henry encendiendo otro Roth-Händle-. Mi amigo Verner tiene un archivo entero de personas desaparecidas, que incluso codicia la policía. Seguro que te caería bien.

Pidieron otra ronda de cervezas y Henry, alias Bill Yard, siguió hablando, todo lo cortésmente que era capaz de ser cuando bebía, sin darse cuenta de lo lenguaraz que estaba siendo. Verena le explicó -como más tarde, con gran esfuerzo, conseguiría recordar- que vivía en una pensión regentada por una señora anciana, y que el edificio estaba lleno de pisos viejos cuyos propietarios habían desaparecido, la mayoría durante la guerra, pero nunca habían sido declarados oficialmente muertos. La pensión estaba ubicada en Bleibtreustrasse, no lejos de Savignyplatz.

Al agente secreto le gustaba Verena. Se la veía tan seria, de una extraña y vaga manera… Él estaba borracho, pero aun así era consciente de la situación hasta el punto de querer dar una buena impresión. Quería mostrar todo su poder de seducción allí en el bar. Así que se disculpó y fue al baño para mojarse la cabeza y quitarse la cerveza del pelo. Sentía que la cara le ardía, pero tenía frío.

Cuando volvió a la barra, Verena había desaparecido. Había pagado la última cerveza de él y se había marchado. Henry se derrumbó como un saco, completamente hundido. Salió del bar grasiento y lleno de humo de Fasanenstrasse, pensando que un montón de gente parecía haber desaparecido de su vida de repente.

Llevaba en Berlín más de dos semanas y no había recibido una sola señal, una sola indicación de cuál se suponía que debía ser su gran contribución a la libertad. Se había hospedado en el hotel que le habían ordenado. Todo había resultado perfecto y, que él supiera, no había despertado ninguna sospecha. Henry el agente secreto había interpretado el papel de un turista, y a esas alturas ya había paseado arriba y abajo por las calles de todos los barrios de la ciudad. Kreutzberg, Schöneberg, Tempelhof, Steglitz, Wedding, Charlottenburg… se los conocía todos by heart , como decían los ingleses. Y había visto el Muro, Die Mauer. Había visto el húmedo, chorreante y macizo muro que partía la ciudad en dos como una especie de terror arquitectónico. Atravesaba edificios, cruzaba por en medio de calles y plazas: los ladrillos eran mudos, y las lágrimas del silencio totalitario resbalaban por ambos lados.

Pero no había recibido la más mínima señal. Henry empezaba a sospechar que algo iba mal, que algo había ocurrido. Sin embargo, él era solo un pequeño engranaje en una maquinaria gigantesca. La Liga Girrman no era el único grupo dedicado a aquella forma de «beneficencia» y autosacrificio que consistía en ayudar a pasar personas de un bando a otro.

Al cabo del tiempo, Berlín se había convertido en un lugar bastante aburrido. Henry había escuchado suficiente buen jazz y había ido a todos los clubes de la ciudad, ya que oficialmente estaba allí para estudiar la escena musical. Pero incluso la música puede empezar a palidecer cuando uno se siente realmente abatido.

Aquel día en que salió del bar de Fasanenstrasse bastante ebrio después de la discusión con Franz y bastante defraudado después de la desaparición de Verena, Henry se tambaleó por las calles bajo la lluvia hasta llegar al hotel para acostarse. Se sentía borracho y enfermo, febril y débil a la vez, y lo único que quería era dormir.

– Buenos días, señor Yard -dijo el recepcionista en un pésimo inglés-. Hay una carta para usted -añadió, y le entregó un sobre.

Henry se puso muy nervioso, y se le pasó la borrachera camino de la habitación. Entró, se sentó con el abrigo mojado en la cama y abrió el sobre.

«Muy buena actuación, Bill Yard. Confiamos en ti. Tendrás noticias nuestras dentro de dos días. Dinero por adelantado. Franz.»

Henry leyó y releyó las palabras por lo menos quince veces. Después pasó sus dedos por los billetes nuevos de dólar, el equivalente a unas cinco mil coronas. No podía creer lo que veían sus ojos. Todo empezó a darle vueltas y se quedó dormido.

Al día siguiente tuvo que hacer grandes esfuerzos para recordar lo sucedido. Había dormido profundamente y sin soñar en toda la noche, con la ropa puesta, y ni siquiera recordaba qué aspecto tenía Verena Musgrave. Era pelirroja y pecosa, y tenía una nariz bastante grande, judía. Pero eso era todo. Había algo vago y difuso en ella. Le interesaba mucho más que aquel condenado Franz, con su dinero y sus hazañas de manco.

Después de almorzar, Henry bajó hasta Bleibtreustrasse para buscar la pensión que estaba cerca de Savignyplatz. El suelo temblaba y retumbaba bajo sus pies cuando los trenes del U-Bahn, el metro, pasaban por los túneles. Le costó bastante encontrar el camino, porque nunca usaba planos. Henry solía orientarse por el sol, pero estaba nublado. Berlín es una ciudad hundida y plana, con pocos monumentos que sirvan de referencia. Y lo de guiarse por el sol, ni soñarlo.

Andaba por las calles leyendo los carteles y preguntándose quién habría sido capaz de acordarse de los nombres de todas las calles bombardeadas después de la guerra. Algunas avenidas habían sido rebautizadas en homenaje a los nuevos héroes. Otras se habían restaurado, y tal vez sus nombres fueran la única indicación de la anterior existencia de unas calles que habían sido reducidas a ruinas y escombros humeantes, sin carteles ni números. La realidad eran ruinas y escombros humeantes, pero los nombres seguían vivos como las ideas, como los conceptos. En el subconsciente colectivo de los berlineses estaba la imagen de una ciudad con direcciones y plazas, y seguramente tras declararse la paz se sentaron con un plano en blanco para rebautizarlo todo de nuevo. Ni siquiera los órganos estalinistas pudieron acabar con un idioma.

Cierto es que aún había multitud de pensiones de aspecto ruinoso en Bleibtreustrasse. También había muchas señoras que las regentaban, entre ellas una anciana polaca muy parlanchina que llevaba su negocio con celo polaco. No tenía a ninguna Verena viviendo en su edificio, pero dejó caer que podía conseguirle otras muchas chicas con otros nombres.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Caballeros»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Caballeros» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Caballeros»

Обсуждение, отзывы о книге «Caballeros» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.