Alberto Vázquez-Figueroa - Océano

Здесь есть возможность читать онлайн «Alberto Vázquez-Figueroa - Océano» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Océano: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Océano»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Esta sugestiva novela se enmarca en la tierra árida y fascinante de Lanzarote. La familia Perdomo se dedica desde siempre a la pesca siendo el océano casi su hábitat natural. Pero su rutinaria vida se verá sacudida por su hija Yaiza. Esta hija menor, poseedora de un don sobrenatural para «aplacar las bestias, aliviar a los enfermos y agradar a los muertos», será el causante de una tragedia que cambiará la vida para siempre de la familia.

Océano — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Océano», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

La noticia tuvo la virtud de empequeсecer aún más a don Matías Quintero, o ensanchar la habitación, lo que casi venía a ser lo mismo, y esa habitación se le antojaba a Damián Centeno cada vez más tenebrosa, hedionda y asfixiante, pues resultaba evidente que el viejo no permitía que se abrieran las ventanas, por lo que se concentraban allí el polvo, la humedad y un agrio olor a sudor rancio, comidas frías y orinales olvidados.

Roque Luna se había convenido en dueсo absoluto y único ser viviente que se movía — casi fantasmagóricamente— por los pasillos, salones y patios de la casona, de la que podría creerse que también los aсos le habían caído encima de golpe y sus antaсo fuertes muros quisieran dejarse igualmente vencer por la irreversible desmoralización de sus moradores.

— No hace nada… — fue lo primero que dijo Roque Luna cuando Damián Centeno preguntó por el estado de su patrón—. Se pasa los días y las noches en la cama contemplando las paredes, y le juro que lo que en verdad me sorprende cada maсana es advertir que aún continúa con vida.

— ¿Qué dice el médico?

— Que está sano, pero que se acabará muriendo de pena y melancolía… — Se encogió de hombros como si le costara trabajo entender lo que ocurría—. No come, no bebe, y naturalmente ya ni siquiera caga… Lo que no me explico es que aún respire…

Resultaba en verdad difícil entenderlo viéndole, amarillo y esquelético, hundida la que fuera orgullosa cabeza desmelenada en una sucia almohada sudorosa; blancuzco y desvaído el antaсo fino bigote de un negro rabioso, y legaсosos y mortecinos unos ojos que ya no parecían ver más allá de los pies de la cama.

— ¿Así que ha vuelto a escapar…? — musitó quedamente con una voz que era casi un milagro que surgiera de aquel cuerpo consumido—. De mi hijo ya nadie más que yo se acuerda, pero su asesino sigue vivo y tal vez espera continuar viviendo muchos aсos… No es justo…

— Yo creo que ha muerto… — replicó sin convencimiento Damián Centeno—. Un barco no se esfuma a no ser que se hunda, y le aseguro que rastreamos el mar, palmo a palmo… ¡No estaban…!

El anciano afirmó con la cabeza, convencido:

— ¡Estaban…! — dijo—. Tenían que estar allí, ante vuestros ojos, pero no fuisteis capaces de verlos… — Permaneció un largo rato silencioso contemplando la nada con aquellas ausencias cada vez más frecuentes que contribuían a hacer dudar de su estado mental, y al fin alzó la mano y su sarmentoso y huesudo dedo indicó una pesada cómoda del más apartado rincón de la estancia—: Abre el primer cajón… — ordenó— y coge la carpeta verde…: Es mi testamento… — Le miró fijamente cuando se volvió hacia él con la carpeta en la mano—. Te he nombrado mi heredero… ¡Mi único heredero, y desde este momento dispones también del dinero que tengo en los bancos…

— ¡Pero don Matías…! — intentó protestar Damián Centeno—. No he cumplido…

— ¡Cumplirás…! — le interrumpió el viejo alzando la mano—. Irás a América, buscarás a los Perdomo y matarás a Asdrúbal y a esa sucia putita que es en realidad la culpable de todo… — Tosió como si los pulmones estuvieran a punto de caérsele al suelo—. Cuando los hayas matado, cuanto tengo será tuyo porque yo ya habré muerto… Te conozco — aсadió—. Te conozco y sé que no volverás a esta isla hasta que hayas concluido tu trabajo… ¿Lo juras…?

Damián Centeno meditó la respuesta con los ojos fijos en aquella especie de cadáver viviente y asintió:

— Lo juro.

Fue casi una sonrisa lo que trató de dibujarse en los labios de don Matías Quintero, que lanzó un suspiro de alivio:

— ¡Sé que lo harás…! — susurró—. Me aterrorizaba la idea de morirme y no cumplir la promesa que hice ante el cadáver de mi hijo… ¡Acaba con ellos, Damián…! Y si quieres hacerme el favor completo, acaba también con el otro hermano para que se extinga la estirpe de los Perdomo «Maradentro» como se extinguió por su culpa la de los Quintero de Mozaga… — Se diría que le costaba un supremo esfuerzo continuar hablando, pero la excitación le impedía guardar silencio—. No debería alimentar tanto odio cuando me consta que me queda poca vida, pero no tengo miedo a que el Seсor me pida cuentas de mis actos cuando llegue a su presencia… ¡Soy yo quien tiene que pedirle cuentas de los suyos…!

— Si se está muriendo es porque usted lo quiere… — le hizo notar Damián Centeno—. Le bastaría con salir de aquí, comer un poco y respirar aire puro.

— ¿Y para qué?

— Mientras continúe con vida puede alimentar la esperanza de ver muerto a Asdrúbal Perdomo…

Don Matías negó muy suavemente.

— Yo tengo una enfermedad que ningún médico entiende… — dijo—: No quiero salir de esta habitación, ni ver el sol, ni escuchar una risa… — Tosió de nuevo y se diría que se complacía por la áspera intensidad y virulencia de su propia tos—. Aborrezco la idea de que fuera de estos muros la vida continúe como si nada hubiera ocurrido. Aquí, a solas, me hago la ilusión de que el mundo se ha reducido a estas cuatro paredes… Estas cuatro paredes y los «Maradentro», que son los únicos habitantes que quedan sobre el planeta… — Se sumergió en uno de sus largos silencios y mirándose las manos como si le sorprendieran y no las reconociera como suyas, aсadió—: Me estoy volviendo loco: Mi cuerpo y mi mente se consumen al mismo tiempo, y por eso mismo he querido hacer testamento dejándotelo todo… Sé que no volverás a poner los pies en esta casa ni tocarás nada de lo que me pertenece hasta que hayas cumplido tu juramento. ¡Esa es ya la única cosa en la que puedo creer en esta vida…! — Cerró los ojos, fatigado—. ¡Y ahora márchate…! — rogó—. Mírame por última vez; recuerda cómo era cuando me conociste; recuerda que fui el único que siguió siendo siempre tu amigo y márchate… ¡Márchate, por favor!

Damián Centeno hizo lo que le pedía. Observó unos instantes aquel moribundo al que se diría ya encerrado en su propio mausoleo; comprendió que la agria pestilencia a orines y sudor no era en realidad más que el hedor que precedía a la muerte, y abandonó la estancia buscando con ansia el patio, el jardín y el aire libre.

Tomó asiento en uno de los muros de las viсas aferrado a la verde carpeta que no había abierto y permaneció allí hasta que Roque Luna vino a acomodarse junto a él.

— ¿Cómo lo ha visto…?

— Muerto… — agitó la cabeza—. Yo, que le conocí en la guerra cuando era un hombre que sabía imponer respeto a toda la Legión, jamás pude imaginar que un día sería capaz de suicidarse de este modo: sin violencia…

— A veces pienso que su único deseo es ver cómo la muerte le va ganando terreno palmo a palmo… — admitió el otro—. La muerte se llevó a todos los de esta casa, uno por uno, y él, que es el último, juega a dejarse arrastrar voluntariamente, como si quisiera privarle del placer de quitarle la vida… Se la está dando centímetro a centímetro.

— El no es el último… — le hizo notar Damián Centeno—. El último eres tú…

Roque Luna negó convencido:

— No. Yo no tengo nada que ver con todo esto… Los últimos fueron el chico, Rogelia y él… Yo nunca pertenecí al «clan» de los Quintero de Mozaga…

— ¿No sientes miedo después de lo que has visto…? ¿No te impresiona dormir en un caserón tan repleto de difuntos…? Tal vez el fantasma de Rogelia aparezca cualquier noche…

— A mí me asustan los vivos, sargento, no los muertos… — Sonrió levemente—. Me gusta esta casa… Con difuntos o sin ellos. Me gusta vagar sin que nadie me ordene lo que tengo que hacer, bebiéndome el vino de la bodega y cortándome gruesas lonchas de jamón de la despensa… Cuando quiero hablar con alguien bajo al pueblo o me paso la noche con las putas de Tahiche, pero la mayor parte del tiempo prefiero estar a solas, disfrutando del hecho de que Rogelia no pueda surgir de pronto de una puerta gritando que arregle un muro, cargue un saco, o le haga el amor sin ganas… Estoy bien aquí… —concluyó—. Y aunque resulte cruel decirlo, no me importaría que el viejo tardara veinte aсos en consumirse.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Océano»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Océano» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Alberto Vázquez-Figueroa - Tuareg
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - Centauros
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - Negreros
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - Piratas
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - Maradentro
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - Yáiza
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - La Iguana
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - Piratin der Freiheit
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - Ikarus
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - Viaje al fin del mundo - Galápagos
Alberto Vázquez-Figueroa
Alberto Vázquez Figueroa - Delfines
Alberto Vázquez Figueroa
Alberto Vázquez-Figueroa - Bora Bora
Alberto Vázquez-Figueroa
Отзывы о книге «Océano»

Обсуждение, отзывы о книге «Océano» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.