[181]Sobrarbe subrayaba… al lugar y hora: la malicia insinúa que Tadeo y Bocanegra, juntos tan tarde y en lugar tan íntimo, bien podrían compartir la inclinación sexual de Sobrarbe.
[182]mi recién extinto superior jerárquico: es decir, Tadeo Requena; la afectación burlesca de Sobrarbe rezuma resentimiento; nótese el amaneramiento de todo su discurso, con sus diminutivos, su extravagante símil («como el tierno recental a la ubre materna»), su exageración de emociones extremas («y casi me caigo de espaldas»), etc.
[183]¿Hasta qué punto interviene el factor azar en la Historia?: Vuelve el motivo diltheyano de la novela. Recuérdese que Ayala, al escribir esta novela, era profesor de graduandos en Filosofía y Letras y, por tanto, quizás los ayudaba a buscar temas de tesis doctorales.
[184]la nariz de Cleopatra: es un azar de la historia trivial que la nariz de Cleopatra no fuera corta; véase la nota 6 de la pág. 168.
[185]su precipitación… le hizo precipitarse de cabeza: este juego de palabras, al acumular oclusivas bilabiales, imita con onomatopeya la caída estrepitosa de Cortina, ridiculizado por su distracción.
[186]prescindiendo de las palabras vagas en que vinieron envueltos: Pinedo busca en vano la objetividad científica. Según el Tratado de sociología (II, 81), «la elección, previa a toda crítica, del hecho memorable, lleva ínsito ya el juicio histórico, la genuina operación de historiar se realiza en esa elección, burlando las pretensiones de […] y objetividad científica. Y esto se descubre bien al considerar la inepcia de esa erudición que aplica todo el aparato de la critica histórica a verdaderas trivialidades, cuyo esclarecimiento en nada modifica el saber histórico genuino».
[187]dos personalidades… en la tragedia de nuestro país: según el Tratado de sociología (II, 81-2), «el historiador que, persuadido de que el centro de su tarea está en la averiguación de la realidad de los hechos, elige con inconsciente tino aquellos que poseen auténtica significación histórica, lo hace guiado por los criterios tradicionales y por el conjunto de las apreciaciones vigentes en su tiempo, en las que participa con su buen sentido vulgar».
[188]parvenú: en francés, un advenedizo. El rápido encumbramiento del coronel Pancho Cortina amenaza la autoridad del general Malagarriga, que ha aparecido ya en la pág. 125, quejándose por teléfono a Tadeo de no haber sido notificado del ascenso.
[189]para que éste se alzara con el santo… la limosna: para que Cortina se quedara con todo el botín.
[190]el Primer Damo de la República: expresión equívoca cuya intención satírica se presta a varias interpretaciones: Cortina habría podido ser objeto de amor de la Presidenta, o del Presidente, o de ambos.
[191]Si la función crea el órgano, también el órgano puede crear la función: según las Meditaciones del Quijote de Ortega (1914, I, 322), «la ciencia biológica más reciente estudia el organismo vivo como una unidad compuesta del cuerpo y su medio particular: […] el proceso vital no consiste sólo en una adaptación del cuerpo a su medio, sino también en la adaptación del medio a su cuerpo. La mano procura amoldarse al objeto material a fin de apresarlo bien; pero, a la vez, cada objeto material oculta una previa afinidad con una mano determinada».
[192]le prometí llevarle todo, dinero y manuscrito: el humor de la situación estriba en su repetición de un episodio anterior, cuando, también por intimidación, Sobrarbe entrega manuscrito y dinero a Pinedo.
[193]con la muerte en el cuerpo: la expresión de Pinedo completa la de Tadeo al aludir a la intoxicación de Bocanegra: «Mi disparo, después de todo, no ha hecho más que precipitar la muerte que ya Bocanegra tenía dentro del cuerpo».
[194]¡ya estoy yo como el Tadeo Requena!: Pinedo reconoce en el odiado Tadeo su alterego. Pronto imitará a Tadeo al cometer magnicidio por miedo: Estelle Irizarry, 199.
[195]mano bienhechora y libertadora que puso el cascabel al gato: frase épicoburlesca que recuerda a Don Quijote al decir a Maritornes: «Tomad, señora, esa mano, o por mejor decir, ese verdugo de los malhechores del mundo» (I, cap. 43, pág. 285). El tono heroico lo desinfla el texto de Ayala al añadir el lugar común, procedente de una conocida fábula, «poner el cascabel al gato», o sea, «realizar algo embarazoso» (María Moliner, 1,544). El elemento cómico aumenta con la conciencia de que Olóriz es el gato que acaba de sufrir la última «muerte de perro» de la novela.