Amin Maalouf - Samarcanda

Здесь есть возможность читать онлайн «Amin Maalouf - Samarcanda» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Историческая проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Samarcanda: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Samarcanda»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Samarcanda — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Samarcanda», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Pues bien, sea. Permaneceremos juntos en nuestra casa y si mi destino es morir contigo me resignaré.

Yahán se yergue.

– ¡Yo no me resigno! Estoy en este palacio rodeada de tropas que me son fieles, en una ciudad que desde ahora me pertenece; lucharé hasta el final y si muero será como una sultana.

– ¿Y cómo mueren las sultanas? ¡Envenenadas, asfixiadas, estranguladas! ¡O dando a luz! No es con la pompa como se escapa de la miseria humana.

Se observan en silencio durante largo rato. Yahán se acerca, roza los labios de Omar con un beso que quiere hacer ardiente y se abandona un instante entre sus brazos. Pero él se aparta, su despedida le resulta insoportable. Y suplica una última vez:

– Si aún atribuyes a nuestro amor el menor valor, ven conmigo, Yahán. La mesa está preparada en la terraza, un viento suave nos llega de los montes Amarillos, dentro de dos horas estaremos embriagados e iremos a acostarnos. Diré a los sirvientes que no nos despierten cuando Ispahán cambie de dueño.

XXII

Esa noche, el viento de Ispahán lleva un lozano perfume de albaricoque, pero ¡qué muertas están las calles! Jayyám busca refugio en su observatorio. Generalmente le basta entrar en él, dirigir su mirada hacia el cielo, sentir en los dedos los discos graduados de su astrolabio para que las preocupaciones del mundo se desvanezcan. Esta vez no. Las estrellas están silenciosas; no hay música, ni murmullos, confidencias. Omar no las acosa; deben de tener buenas razones para callarse. Se resigna a volver a su casa. Camina lentamente con una caña en la mano, golpeando con ella de vez en cuando alguna mata de hierba o una rama rebelde.

Ahora está tendido en su habitación con las luces apagadas; sus brazos estrechan desesperadamente a una Yahán imaginaria y tiene los ojos rojos por las lágrimas y el vino. A su izquierda, en el suelo, una garrafa, una copa de plata que coge de vez en cuando con mano cansada para beber largos tragos, pensativo y desengañado. Sus labios dialogan consigo mismo, con Yahán, con Nizam. Con Dios sobre todo. ¿Quién sino Él podría salvar aún ese universo que se descompone?

Sólo cuando llega el alba, Omar, agotado, con la mente nublada, se abandona al fin al sueño. ¿Cuántas horas ha dormido? Un retumbar de pasos le despierta; el sol ya alto se filtra por una rendija de la colgadura obligándole a protegerse los ojos. Entonces ve en el umbral de la puerta al hombre cuya ruidosa llegada le ha molestado. Es alto, con bigote, su mano acaricia con gesto maternal la guarnición de su espada. Lleva en la cabeza un turbante verde chillón y sobre los hombros la corta capa de terciopelo de los oficiales de la Nizamiyya.

– ¿Quién eres? -pregunta Jayyám bostezando--. ¿Y quién te ha dado derecho sobre mi sueño?

– ¿El señor no me ha visto nunca con Nizam el-Molk? Yo era su guardaespaldas, su sombra. Me llaman Vartan el Armenio.

Omar se acuerda ahora, lo que no le tranquiliza nada. Siente como una cuerda que le va apretando desde la garganta hasta las tripas. Pero si tiene miedo no quiere demostrarlo.

– ¿Su guardaespaldas y su sombra, dices? ¿Entonces eras tú quien tenía que protegerlo del asesino?

– Me había ordenado que permaneciera lejos de él. Nadie ignora que quiso esa muerte. Aunque yo hubiera podido matar a un asesino, habría surgido otro. ¿Quién soy yo para interponerme entre mi señor y su destino?

– ¿Y qué quieres de mí?

– Anoche nuestras tropas se infiltraron en Ispahán. La guarnición se nos unió. El sultán Barkyaruk ha sido liberado y desde ahora esta ciudad le pertenece.

Jayyám se levanta de un salto.

– ¡Yahán!

Un grito y una interrogación angustiada. Vartan no dice nada. Su semblante inquieto contrasta con su aspecto marcial. Omar cree leer en sus ojos una monstruosa confesión. El oficial murmura:

– ¡Me hubiera gustado tanto salvarla! ¡Me hubiera sentido tan orgulloso de presentarme en casa del ilustre Jayyám trayéndole a su esposa indemne! Pero llegué demasiado tarde. Los soldados habían degollado a toda la gente del palacio.

Omar avanza hacia el oficial y lo agarra con todas sus fuerzas, sin conseguir, sin embargo, hacerle vacilar.

– ¡Y has venido para anunciarme esto!

El otro sigue con la mano sobre la guarnición de su espada. No ha desenvainado. Habla con voz neutra.

– He venido por otra cosa muy diferente. Los oficiales de la Nizamiyya han decidido que debes morir. Cuando se hiere al león, dicen, es prudente terminar con él. Me han asignado la misión de matarte.

Súbitamente Jayyám se siente más sereno. Permanecer digno en el momento último. ¡Cuántos sabios dedicaron su vida entera a alcanzar esa cima de la condición humana! No aboga por su vida. Por el contrario, siente a cada instante el reflujo de su miedo. Y sobre todo piensa en Yahán y no duda de que ella también haya sabido ser digna.

– ¡Jamás habría perdonado a aquellos que han matado a mi mujer! ¡Toda mi vida habría sido su enemigo, toda mi vida habría soñado con verlos un día empalados! ¡Hacéis bien en deshaceros de mí!

– Yo no opino así, señor. Éramos cinco oficiales para decidirlo, todos mis compañeros quisieron tu muerte, yo fui el único que me opuse.

– Hiciste mal. Tus compañeros me parecen más prudentes.

– Te he visto con frecuencia con Nizam el-Molk. Os sentabais a hablar como padre e hijo y él nunca dejó de quererte, a pesar de las artimañas de tu mujer. Si hubiera estado entre nosotros no te habría condenado y a ella también la habría perdonado, por ti.

Jayyám examina detenidamente a su visitante, como si en ese momento acabara de descubrir su presencia.

– Puesto que eras contrario a mi muerte, ¿por qué te eligieron para venir a ejecutarme?

– Fui yo quien lo propuso. Los otros te habrían matado. Yo tengo la intención de dejarte vivir. ¿Crees, si no, que me hubiera quedado a dialogar así contigo?

– ¿Y qué explicación les darás a tus compañeros?

– No daré ninguna explicación. Me marcharé. Mis pasos seguirán a los tuyos.

– Lo anuncias con tanta calma que parece una decisión muy madurada.

– Es la verdad misma. No estoy actuando por una cabezonada. Fui el más fiel servidor de Nizam el-Molk y creía en él. Si Dios lo hubiera permitido, habría muerto por protegerlo. Pero desde hacía mucho tiempo había decidido que si mi señor desaparecía no serviría ni a sus hijos ni a sus sucesores y que abandonaría para siempre la carrera de la espada. Las circunstancias de su muerte me han obligado a prestar mis servicios una última vez. Estoy involucrado en el asesinato de Malikxah y no me arrepiento de ello; había traicionado a su tutor, a su padre, al hombre que lo había elevado a la cúspide; por lo tanto, merecía morir. He tenido que matar, pero no por ello me he convertido en un asesino. Jamás habría derramado la sangre de una mujer. Y cuando mis compañeros proscribieron a Jayyám, comprendí que había llegado para mí el momento de partir, de cambiar de vida, de transformarme en ermitaño o en poeta errante. Si quieres, maestro, recoge algunas cosas y abandonemos esta ciudad lo antes posible.

– ¿Y para ir adónde?

– Tomaremos la ruta que quieras, te seguiré a todas partes como un discípulo y mi espada te protegerá. Volveremos cuando la agitación se haya calmado.

Mientras el oficial prepara las monturas, Omar recoge apresuradamente su manuscrito, su escribanía, su cantimplora y una bolsa llena de oro. Atraviesan de parte a parte el oasis de Ispahán hasta el arrabal de Marbin, al oeste, sin que los soldados, que son numerosos, amaguen con molestarles. Una palabra de Vartan y las puertas se abren y los centinelas se apartan respetuosamente. Esta complacencia no deja de intrigar a Omar, que sin embargo evita interrogar a su compañero. Por el momento no tiene otra elección que confiar en él.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Samarcanda»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Samarcanda» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Aminatta Forna - Ancestor Stones
Aminatta Forna
Amin Maalouf - Samarkand
Amin Maalouf
Amin Maalouf - Leo Africanus
Amin Maalouf
Amin Maalouf - Disordered World
Amin Maalouf
Jonathan Stroud - The Amulet of Samarkand
Jonathan Stroud
Amin Maalouf - Los Jardines De Luz
Amin Maalouf
Carla Amina Baghajati - Muslimin sein
Carla Amina Baghajati
StaVl Zosimov Premudroslovsky - AMIN’NY ANDRO. Ny mahamenatra
StaVl Zosimov Premudroslovsky
Amin Rismankarzadeh - Darkness Monster
Amin Rismankarzadeh
Отзывы о книге «Samarcanda»

Обсуждение, отзывы о книге «Samarcanda» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.