Sabiendo exactamente por qué estaban allí, no perdieron el tiempo y subieron directamente al piso de arriba. El dormitorio principal era fácil de descubrir, la habitación al final del pasillo. A través de la puerta abierta, Chloe ya podía ver salpicones rojos en la alfombra y las sábanas.
Sin embargo, se sintió aliviada al descubrir que la escena del crimen no se veía tal mal como se veía en las fotos que el Director Johnson les había mostrado. En primer lugar, el cuerpo había sido retirado. En segundo lugar, las manchas de sangre estaban hace más tiempo, lo que las hacía más pálidas.
Se dirigieron hacia la cama, con cuidado de no pisar ninguna salpicadura de sangre que quedaban. Podían ver las áreas de sangre en las que accidentalmente habrían pisado los forenses e investigadores. Chloe miró hacia el otro lado de la habitación, donde había un cómoda y había un pequeño televisor de pantalla plana montado a la pared. Probablemente estaba viendo la televisión cuando sucedió, tal vez purgando su mente de los recuerdos de la reunión de la escuela secundaria…
Chloe fue abajo y echó un vistazo. No veía señales de que la entrada haya sido forzada ni indicios de que algo hubiera sido robado. Miró alrededor de la sala de estar, la cocina y el dormitorio de huéspedes. Incluso salió a la terraza trasera para echar un vistazo. Había una pequeña mesa de patio en la esquina. Había un cenicero en el centro, bajo la sombrilla.
Chloe lazó un humm como sonido de curiosidad cuando vio lo que contenía el cenicero. No había colillas en el recipiente, sino algún otro tipo de ceniza y papel. Se inclinó sobre él y olfateo ligeramente. El aroma de la marihuana era inconfundible. Trato de juntar las piezas en su mente, tratando de descifrar si esto podía ser relevante de alguna forma.
Chloe se exaltó cuando sonó su teléfono. Moulton, salió a la terraza trasera para unirse a ella, vio su expresión de sorpresa momentánea y sonrió. Ella puso los ojos en blanco y contestó la llamada sin reconocer el número.
–Aquí habla la agente Fine –contestó.
–Aquí habla Claire Lovingston. Pensé que querrían saber que acabo de recibir una llamada de una de mis amigas, Tabby North. Ella era una de las amigas íntimas de las cuales Jerry les habló. Me preguntó si alguien más de la policía había venido a hablar conmigo. Le dijo que el FBI acababa de visitarme y a ella le gustaría hablar con ustedes.
–¿Tiene información para darnos?
–Honestamente… no lo sé. Probablemente, no. Pero esta es una comunidad bastante pequeña. Creo que sólo quieren llegar al fondo del asunto. Estoy segura de que le será de gran ayuda.
–Genial. Envíeme su número después de esta llamada.
Chloe terminó la llamada y le informó a Moulton.
–Era Claire. Dijo que una de las otras amigas de Lauren la llamó para ver su algo más había sucedido. Le gustaría hablar con nosotros.
–Bien. No te mentiré… he tenido suficiente de este lugar. Ese dormitorio me está dando escalofríos.
Era una buena manera de explicarlo. Chloe todavía podía ver las imágenes en su mente, así que ver la escena sin el cuerpo era como mirar un viejo lugar abandonado que no debía ser visto.
Aun así, volvieron al dormitorio y se tomaron el tiempo para revisar el lugar, miraron en el baño, en el vestidor, incluso debajo de la cama. Después de no encontrar nada de interés, dejaron la casa y momentos después, el barrio de Farmington Acres. Chloe pensó nuevamente que era increíblemente pintoresco, el vecindario perfecto para criar una familia y crear un futuro.
Tabby North era una pelirroja que tenía el tipo de cuerpo que Chloe suponía que iría al gimnasio al menos cuatro días a la semana; también era un cuerpo al cual no le vendrían mal algunas comidas de más, en la humilde opinión de Chloe. Era hermosa de una manera muy obvia, pero parecía que si venía un viento muy fuerte, se volaría.
Chloe y Moulton se encontraron con Tabby en su casa y descubrieron que había invitado a otra amiga cercana, una mujer que parecía ir al mismo gimnasio que Tabby. Esta otra mujer era Kaitlin St. John, y estaba llorando cuando llegaron Chloe y Moulton. Se reunieron en la terraza trasera de Tabby, dónde ella les ofreció una jarra de limonada de lavanda. Chloe no podía evitar los pensamientos que se agolpaban en su cabeza, todo parecía muy pretencioso, estas mujeres que se acercan rápidamente a los cuarenta, con sus diminutas cinturas y sus modernas bebidas saludables.
Estos pensamientos ciertamente no son la razón por la que Johnson declaró que pensaba que tenías un don para estos casos ocurridos en pequeños vecindarios, pensó para sí misma.
Para ser educada, bebió la limonada. Y a pesar de sus pensamientos negativos, era realmente deliciosa.
–Supongo que ya han hablado con la policía –preguntó Chloe.
–Sí –dijo Tabby–- Y aunque entiendo que están haciendo lo mejor que pueden, era claro que no tienen ni idea de lo que estaban haciendo.
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