–¿Estás bien? –le preguntó ella.
–Sí –dijo –Yo sólo… me siento raro quedándome aquí. No quería que fuera raro por la mañana. Pensé que quizás sería mejor que me fuera. Pero al menos no está la incomodidad añadida del sexo.
–Quizás ese fue mi plan todo el tiempo –bromeó.
–¿Debería salir rápido y fingir que esto no ha sucedido? –preguntó Moulton.
–Creo que me gustaría que te quedaras. Voy a preparar café.
–¿Sí?
–Sí. Creo que realmente me gustaría eso.
Se puso la camisa y entró en la cocina. Ella fue a preparar el café mientras Moulton se ponía su propia camisa.
–¿Así que es jueves? –dijo él–. No sé por qué, pero se siente como si fuera sábado.
–¿Es porque lo que hicimos anoche suele estar reservado para los viernes por la noche? ¿Una forma de empezar el fin de semana?
–No lo sé –dijo él–. Hace tiempo que no hago algo así.
–No te creo – dijo mientras preparaba la cafetera.
–En serio. Desde el primer año de secundaria, creo. Ese fue un buen año para mí en términos de sesiones de besos sin sexo.
–Bueno, aparentemente no perdiste el ritmo. Anoche fue… bueno, fue mucho más de lo que esperaba cuando me recogiste.
–Lo mismo digo.
–Pero me alegro de que haya pasado –añadió rápidamente–. Todo.
–Bien, tal vez podamos hacerlo de nuevo. ¿Este fin de semana, tal vez?
–Tal vez –dijo ella–. Pero mi moderación ya se siente debilitada.
–Tal vez ese era mi plan después de todo – dijo con una sensual sonrisa.
–Ella se sonrojó y miró hacia otro lado rápidamente. Estaba un poco sorprendida por lo mucho que le gustaba verlo en un estado tan seductor.
–Mira –dijo ella–. Necesito darme una ducha. Siéntete libre de tomar cualquier cosa de la nevera si quieres desayunar. Pero no hay mucho ahí.
–Gracias – dijo, parecía incapaz de apartar sus ojos de ella.
Ella lo dejó en la cocina y fue al dormitorio, el cual estaba conectado al baño más grande. Se desnudó, abrió el grifo y se metió en la ducha. Casi se sintió con ganas de sonreír por cómo había pasado la noche. La había hecho sentir como una adolescente, disfrutando de la sensación de que él estuviera allí con ella y sintiéndose lo suficientemente cómoda con él como para saber de qué no la iba a presionar con el sexo. Había sido romántico de una forma extraña y hubo dos momentos en los que ella casi se retracta de su decisión de no acostarse con él. Con un regocijo al que no estaba acostumbrado, secretamente esperaba que él decidiera reunir el valor para unirse con ella bajo el agua.
Si lo hiciera, todas las restricciones se irían por la ventana, pensó ella.
Estaba a punto de salir de la ducha cuando lo oyó entrar en el baño.
Más vale tarde que nunca, pensó. Todo su cuerpo se puso tenso de emoción y ella se encontró instantáneamente ansiosa por que él se le uniera.
–Oye, Chloe.
–¿Sí? –preguntó ella, un poco provocativamente.
–Tu teléfono acaba de sonar. Tal vez estaba siendo entrometido… pero miré. Era del número de la oficina.
–¿En serio? Me pregunto si ha surgido algo.
Luego escucho el sonido de otro teléfono celular. Este estaba más cerca, probablemente en la mano de Moulton. Chloe se asomó por fuera de la ducha, tirando ligeramente de la cortina a un lado. Intercambiaron una mirada antes de que Moulton contestara su teléfono.
–Aquí, Moulton –respondió. Salió del baño y entro al dormitorio. Al darse cuenta el por qué, Chloe cerró el grifo. Ella agarró una toalla del estante y salió, sonriéndole cuando él la miró mientras ella se envolvía rápidamente con la toalla. El hecho de que se hubieran besado durante una hora y media anoche no significaba que ella estuviera de acuerdo con que la viera completamente desnuda.
No era una gran conversación para escuchar a hurtadillas. Principalmente era Moulton escuchando lo que le decían y diciendo un par de veces:
–Está bien… sí, señor.
La llamada duró alrededor de un minuto y cuando terminó, asomó cómicamente la cabeza en el baño.
–¿Puedo entrar?
Como estaba envuelta en una toalla que cubría todos sus partes privadas, ella asintió.
–Sí. ¿Quién era?
–Era el Subdirector García. Dijo que intentó llamarte, pero que debías no haberlo escuchado mientras dormías –él le sonrió y luego continúo–. Me dijo que te llamara o que viniera a despertarte. Nos quieren en un caso.
Se río al salir del baño y entrar al dormitorio.
–¿Crees que lo de anoche afectará la forma en la que trabajamos juntos?
–Podría hacer que me colara en tu habitación de motel fuera de horario. Aparte de eso… no lo sé. Ya veremos.
–¿Me sirves una taza de café? Necesito vestirme.
–Esperaba poder usar tu ducha.
–Por supuesto. Aunque hubiera sido mejor si me lo hubieras pedido hace diez minutos, cuando aún estaba allí.
–La próxima vez, sabré qué hacer –dijo.
Cuando se fue a la ducha y Chloe comenzó a vestirse, se dio cuenta de que era feliz. Bastante feliz, de hecho. Agregándole un caso encima de todo lo que había pasado anoche… parecía como si su día no hubiera sido para nada devastado por la repentina aparición de su padre.
Pero si hay algo que le había enseñado el vivir con una historia familiar tan quebrada, era que nunca escapas verdaderamente de ella. De una forma u otra, siempre parece que te alcanza.
Más o menos en el mismo momento en que a Chloe se le recordaba lo que era perderse en un hombre, su hermana estaba en el medio de una pesadilla.
Danielle Fine estaba soñado con su madre de nuevo. Era un sueño recurrente que había estado teniendo desde los doce años o más y que parecía tomar un significado diferente en cada etapa de la vida que Danielle atravesaba. El sueño era siempre el mismo, sin cambiar nunca ni un detalle, ni la trama.
En el sueño, su madre la perseguía por un largo pasillo. Sólo que era la versión de su madre que ella y Chloe habían descubierto aquel día cuando eran niñas. Sangrando, con los ojos muy abiertos y sin vida. Por alguna razón, dentro del sueño siempre había asumido que se había roto una pierna en la caída (aunque no había informes oficiales de ningún tipo que sugirieran tal cosa), así que la versión de su madre de su sueño se arrastraba por el suelo en busca de su hija.
A pesar de su lesión, su madre muerta siempre estaba pisándole los talones, a sólo unos cuantos centímetros de agarrar su tobillo y tirarla al suelo. Danielle huía de la espantosa visión aterradora, con los ojos fijos en el final del pasillo. Y allí, en una puerta que parecía estar un millón de años luz de distancia, estaba su padre.
Él siempre estaba arrodillado, abriéndole sus brazos con una gran sonrisa en el rostro. Pero había sangre goteando de sus manos y en un momento de pánico onírico que siempre la despertaba, Danielle dejaba de correr, atrapada entre su madre muerta y su padre maníaco, insegura de cuál era la dirección más segura.
Ahora no era diferente. El sueño llegó a una conclusión estrepitosa, sacudiendo a Daniell y despertándola. Se sentí en la cama lentamente, estaba tan acostumbrada a este sueño que ahora sabía que era un sueño incluso antes de estar completamente despierta. Aún dormida, miró el reloj y vio que eran las 11:30. Sólo había estado dormida una hora antes de que el sueño la sorprendiera.
Se recostó de espaldas, sabiendo que tardaría un momento en poder volver a dormirse. Ella intentó sacudirlo, habiendo aprendido hace muchos años el cómo sacarlo de su mente recordándose a sí misma de que no había nada que pudiera haber hecho para evitar que su madre muriera. Incluso si se hubiera sincerado con todos sus pequeños secretos sobre las cosas que había visto, oído y experimentado en relación a la personalidad tóxica de su padre, no había nada que pudiera haber dicho o hecho para mantener con vida a su madre.
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