Tristemente, le hizo desear haber terminado con Steven antes. Si esto era lo que se había estado perdiendo al salirse del mundo de las citas por él, se había perdido demasiado.
Habían terminado de comer, pero se quedaron a tomar unas copas más. Fue otra oportunidad para que Moulton mostrara su cuidado y afecto, ya que se detuvo en el segundo trago mientras Chloe se tomaba un tercero. Incluso le preguntó si ella se sentiría más cómoda tomando un taxi, por si se sintiera incómoda con él conduciendo.
La llevó de vuelta a su apartamento, llegando a su calle un poco después de las diez. Ella estaba lejos de estar borracha, pero estaba un poco alegre, lo suficiente como para preguntarse acerca de cosas que de otra manera no consideraría.
–La pasé muy bien –dijo Moulton–. Me gustaría hacerlo de nuevo muy pronto si no crees que se interpondrá con el trabajo.
–Yo también, gracias por finalmente invitarme.
–Gracias por decir que sí.
Nunca fue una maestra en el arte de la seducción, ella respondió a esa comentario acercándose a él y besándolo. Al igual que el beso del restaurante, comenzó lentamente, pero luego comenzó a crecer. De repente la mano de él estaba en su rostro, deslizándose hasta la nuca para acercarla. El apoyabrazos estaba entre ellos y se encontró a si misma inclinando su cuerpo para poder apoyar su mano en el pecho de él.
No estaba segura de cuánto tiempo había durado el beso. Fue lento y salvajemente romántico. Cuando se separaron, Chloe se encontraba sin aliento.
–Como ya hemos cubierto el hecho de que nunca he salido en citas –dijo–, tendrás que perdonarme si hago mal la siguiente parte.
–¿Qué parte?
Ella dudó por un momento, pero los tres tragos la animaron.
–Quiero invitarte a entrar.. Diría que es para tomar café u otra bebida, pero eso sería una mentira.
Moulton parecía genuinamente sorprendido. Era una mirada que la hizo preguntarse si la había malinterpretado.
–¿Estás segura? –preguntó.
–Eso sonó mal –dijo ella, avergonzada–. Lo que quise decir es que… me gustaría hacer esto sin un apoyabrazos entre nosotros. Pero no voy a… no voy a acostarme contigo.
Incluso en la luz tenue, ella pudo ver como él se sonrojaba con ese comentario.
–Nunca hubiera esperado que lo hicieras.
–Entonces… ¿quieres entrar?
–En realidad, realmente quiero.
Y dicho esto, la besó. Esta vez, fue un poco más juguetón. En el medio del beso, le dio un codazo al apoyabrazos en broma.
Ella se separó de él y abrió la puerta. Mientras caminaban hacia la entrada de su edificio, ella no podía recordar la última vez que se había sentido tan… tan en el aire.
En el aire, pensó sonriendo. Era una palabra que Danielle había usado una vez para explicar lo que se sentía al bajar de la altura física en que un orgasmo provocaba. El recuerdo de repente hizo que Chloe sintiera calor por todo el cuerpo, tomando la mano de Moulton al entrar al edificio.
Tomaron el ascensor y cuando las puertas se cerraron, Chloe se sorprendió a sí misma al llevarlo contra la pared del ascensor y besarlo. Ahora, siendo capaz de ponerle las manos encima, lo agarró por la cintura y lo acercó a ella. Este beso fue un poco más apasionado, insinuando lo que ella quería hacerle en ese momento.
Él estaba igual de ansioso, sus manos estaban en la parte baja de la espalda de ella. Cuando él la apretó más cerca de él y sus cuerpos se encontraron, ella soltó un pequeñísimo jadeo. Fue un poco embarazoso.
El ascensor se detuvo y ella se alejó. Ya se podía imaginar las caras de las personas con las que compartía el edificio si la pillaban besándose en el ascensor. Se sintió aliviada a ver que Moulton parecía un poco fuera de sí y respiraba pesadamente.
Ella lo condujo por el pasillo, cuatro puertas hasta su apartamento. Entonces se le ocurrió que aparte de Danielle, Moulton sería la única persona que habría visitado su apartamento.
Es una pena que no planeo perder el tiempo con un recorrido, pensó ella.
Ese era otro pensamiento que la hacía sentirse un poco avergonzada. Nunca se había sentido tan físicamente necesitada cuando se trataba de un hombre. Después de un tiempo, el sexo con Steven se había transformado en algo previsible y esperado. Y si era honesta consigo misma, las veces que había quedado satisfecha habían sido pocas y muy lejanas. Y debido a eso, ella realmente no tenía ganas de tener ningún tipo de intimidad con él.
Chloe abrió la puerta y entraron. Encendió la luz de la cocina y colgó su bolso en uno de los taburetes del bar.
–¿Hace cuánto tiempo estás aquí? –preguntó Moulton.
–Seis meses más o menos, supongo. No tengo mucha compañía.
Moulton se acercó a ella y puso una mano en su cintura. Cuando se aproximaron para besarse, fue lento y con un propósito. Sólo tardó un momento en presionarla contra la barra suavemente y su beso se hizo más profundo. Chloe se sintió sin aliento de nuevo, sintiendo un nivel de deseo que no había sentido desde que tuvo relaciones por primera vez en la escuela secundaria.
Ella rompió el beso lo suficientemente lejos, como para llevarlo al sofá, donde se sentaron uno al lado del otro e inmediatamente continuaron. Se sentía bien simplemente estar con un hombre de esa manera, especialmente con uno que la hacía sentir así. Si incluía la parte de su relación con Steven en la que la intimidad física prácticamente se había enfriado, no había sido besada ni tocada así por un hombre en aproximadamente un año y medio.
Eventualmente, después de lo que se sintió como simples segundos pero que en realidad eran más bien cinco minutos, ella se inclinó sobre él y no tuvo más remedio que acostarse. Chloe se acostó encima de él y cuando lo hizo, una de las manos de él encontró su camino hasta la parte posterior de su camisa. Ese pequeño contacto piel a piel empujó a Chloe a un abismo que no veía venir. Ella suspiró contra él y él respondió deslizando su mano más arriba de la espalda de ella y pasándola por el costado de su sostén.
Ella se enderezó, sentándose a horcajadas sobre él y le sonrió. Su cabeza le daba vueltas y cada músculo de su cuerpo le pedía más.
–Lo que dije fue en serio –dijo ella casi disculpándose–. No puedo acostarme contigo. No tan pronto. Sé que puede parecer anticuado…
–Chloe, está bien. Dime cuando debemos parar y estaremos bien. Avísame cuando haya agotado mi bienvenida.
Ella le sonrió. La respuesta fue casi suficiente como para hacerla cambiar de opinión. Pero estaba convencida de que no debían apresurarse. Sentarse encima de él en su sofá ya estaba sobrepasando sus límites.
–La bienvenida no se agotará –le dijo–. ¿Parecería una loca si te pidiera que te quedaras? Nada de sexo, pero… ¿realmente dormir juntos?
La oferta pareció sorprenderlo. Supuso que era bastante extraño.
¿Y sabes por qué le preguntas eso? Era la voz de Danielle en su cabeza, siempre burlona, pero también útil al mismo tiempo. Es porque papá apareció hoy y se derrumbó tu mundo. Quieres a Moulton aquí para no estar sola esta noche.
–Lo siento –dijo ella–. Esto parece contradictorio y tonto y…
–No, está bien –dijo Moulton–. Eso suena bien. Sin embargo, tengo una cosa para pedirte.
–¿Qué cosa?
–Más besos, por favor –dijo con una sonrisa.
Ella le devolvió la sonrisa y lo complació gustosa.
***
Se despertó más tarde cuando Moulton se bajó del sofá. Se levantó apoyándose en su codo. Se le había salido la camisa durante la sesión de besos, pero eso fue todo. Había sido raro quedarse dormida en su sofá con los pantalones puestos, pero estaba extrañamente orgullosa de su moderación. Miró el reloj de la pared y vio que eran las 5:10 de la mañana.
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