Edgar Allan Poe - Cuentos completos

Здесь есть возможность читать онлайн «Edgar Allan Poe - Cuentos completos» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Cuentos completos: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Cuentos completos»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

El autor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849) ocupa un lugar relevante en el panteón de los escritores más admirados, imitados y estudiados de la literatura universal. Considerado por muchos como un precursor del cuento corto y de terror como género literario, Edgar Allan Poe escribió también poesía, ensayos y crítica literaria. Fascinado con lo macabro y con un especial talento para ello, Poe también exploró diversos temas y tonos en su obra, con relatos detectivescos, humorísticos, históricos y hasta crónicas periodísticas. Su obra ha inspirado innumerables homenajes e influenciado el estilo de autores como H. P. Lovecraft y Arthur Conan Doyle.Con una vida marcada por la tragedia Poe logró dejar una huella indeleble en la historia literaria de su país y del mundo, como un maestro de la naturaleza humana y de todos sus matices. El presente volumen contiene más de sesenta cuentos, reuniendo todos los relatos publicados durante su vida.

Cuentos completos — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Cuentos completos», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

—Estaba el alma de Cratino —continuó—, era pasable… La de Aristófanes, chispeante. ¿Platón? Exquisito… No el Platón que usted conoce, sino el poeta cómico; su Platón hubiera causado vómitos a Cerbero… ¡Asco! Veamos… estaba Nevio, Terencio, Plauto y Andrónico. Luego Catulo, Nasón, Lucilio y Quinto Flaco… ¡Querido Quinti! Así le decía yo mientras cantaba un seculare para alegrarme y yo lo freía colgado de un tridente… ¡tan entretenido! Pero a los romanos les falta sabor. Un griego regordete equivale a una docena de ellos, aparte de que se conserva, cosa que no aplica para un romano. Probemos su Sauternes.

Bon-Bon, a estas alturas, había resuelto mantenerse fiel al nil admirari y se apresuró a bajar la botella señalada. Sin embargo, sentía un sonido extraño, como si alguien estuviera meneando la cola. El filósofo decidió no darse por enterado de tan impúdico comportamiento de su Majestad y se limitó a darle una patada al perro y ordenarle que permaneciera quieto. El visitante continuó:

—Encontré que Horacio tenía un sabor muy similar al de Aristóteles… y usted ya sabe que la variedad me encanta. Era improbable diferenciar a Terencio de Menandro. Para mi fascinación, Nasón era Nicandro disfrazado y Virgilio tenía un detalle nasal como el de Teócrito. Marcial recordó a Arquíloco, y, sin duda alguna, Tito Livio era Polibio.

—¡Hic! —replicó Bon-Bon, mientras su Majestad continuaba.

—Sin embargo, si tengo algún penchant, Monsieur Bon-Bon… si tengo algún penchant, es un filosofo. Pero, permítame señalarle, que no cualquier demon… que no cualquier persona sabe cómo escoger a un filósofo. Los que tienen elevada estatura no son buenos, y los buenos, si no se los descascara con cuidado, pueden ser un muy amargos a causa de la hiel.

—¡Si no se los descascara…!

—Quiero decir, si no se los retira del cuerpo.

—¿Y usted, qué pensaría de un… ¡hic!… médico?

—¡Por favor, ni los nombre! ¡Asco, asco! —y su Majestad vomitó violentamente—. Únicamente probé uno… aquel miserable de Hipócrates… ¡Hedía a asafétida!… ¡Que asco! Pesqué un resfriado espantoso, lavándolo en el Estigia… y después de todo me infectó de cólera morbo.

—¡Qué… hic… qué desgraciado! —exclamó Bon-Bon—. ¡Qué aborto… hic… de una caja de pastillas! Y el filósofo soltó una lágrima.

—Después de todo —continuó nuestro visitante—, si un demon… si un caballero quiere vivir, necesita desarrollar bastante destreza. Entre nosotros, un rostro regordete muestra diplomacia.

—¿Puede explicarlo?

—Pues bien, a veces nos vemos muy restringidos en materia de abastecimiento. Usted puede imaginar que en un clima tan sofocante como el nuestro, es imposible mantener con vida a un espíritu durante más de dos o tres horas y, después de muerto, a menos que procedamos a encurtirlo de inmediato (y un espíritu encurtido no es tan sabroso), empieza a… a oler, ¿usted entiende…? La putrefacción es un asunto de temer cuando nos envían las almas de la manera tradicional.

—¡Hic! ¡Gran Dios! ¡Hic! ¿Pero cómo se las arreglan?

En este instante la lámpara de hierro comenzó a balancearse con duplicada violencia y el demonio medio saltó de su asiento, pero luego, con un suspiro contenido, recuperó la compostura, y se limitó a decirle en voz muy baja a nuestro héroe:

—Le ruego algo, Pierre Bon-Bon, que no exprese juramentos.

El filósofo engulló otro vaso, a fin de mostrar su total comprensión y aceptación. Así, el visitante continuó:

—Bueno, nos arreglamos de diversas formas. Una gran parte de nosotros se muere de hambre, algunos ceden ante el encurtido. Por mi parte, adquiero mis espíritus vivient corpore, pues me he dado cuenta de que así se mantienen muy bien.

—¿Pero el cuerpo …hic …y el cuerpo?

—¡El cuerpo, el cuerpo! ¿Y qué, con el cuerpo? ¡Oh, ah, ya, ya! Pues bien, mi estimado, la transacción no afecta al cuerpo para nada. He realizado incontables adquisiciones de este género en mis tiempos y los implicados nunca sufrieron el menor inconveniente. Sirvan como ejemplo Nerón, Calígula, Caín y Nemrod, Dionisio y Pisístrato… además de otros mil que nunca sospecharon lo que era tener un alma en los últimos momentos de sus vidas. Sin embargo, señor mío, esos hombres eran el ornamento de la sociedad. ¿Y también está A… a quien usted conoce tan bien como yo? ¿No se encuentra él en posesión de todas sus facultades mentales y físicas? ¿Quién puede escribir un epigrama más agudo que él? ¿Quién razonaría con más ingenio? ¿Quién…? ¡Pero, basta ya! Tengo este contrato en mi bolsillo.

Diciendo esto, sacó una cartera de cuero rojo y extrajo de ella gran cantidad de papeles. Bon-Bon llegó a ver parte de algunos nombres en varios documentos: Maquiav… Robesp… Maza… y las palabras Calígula, George, Elizabeth. Su Majestad seleccionó una delgada tira de pergamino y procedió a leer el siguiente párrafo:

“A cambio de algunos dones intelectuales que no es necesario especificar y a cambio, además, de mil luises de oro, yo, de un año y un mes de edad, por medio de la presente cedo al portador de este contrato todos mis derechos, títulos y pertenencias de esa sombra llamada “alma”. (Firmado) A…”.

(Entonces, su Majestad leyó un nombre que no me creo autorizado a revelar de una forma más inequívoca.)

—Él era un personaje muy sagaz —resumió—, pero, igual que usted, Monsieur Bon-Bon, estaba equivocado acerca del alma. ¡El alma… una sombra! ¡Ja, ja, ja! ¡Je, je je! ¡Ji, ji, ji! ¡Imagínese una sombra fricassée!

—¡Imagínese… hic… una sombra fricassée! —duplicó nuestro héroe, cuyas dotes se estaban iluminando considerablemente ante la seriedad del discurso de su Majestad.

—¡Imagínese… hic… una sombra fricassée! —repitió—. ¡Que me ahorquen… hic… hic…! ¡Y si yo hubiera sido tan… hic… tan necio! ¡Mi alma señor… hic!

—¿Su alma, Monsieur Bon-Bon?

—¡Sí, señor! ¡Hic! Mi alma es…

—¿Dígame, señor mío?

—¡No es ninguna sombra, que me ahorquen!

—¿Usted quiere usted decir que…?

—Sí, señor. Mi alma es… hic… ¡sí, señor!

—¿Usted no querrá asegurar que…?

—Mi alma est… hic… sustancialmente calificada para… hic… para un…

—¿Un qué, señor mío?

—Un asado.

—¡Ah!

—Un souflée.

—¡Eh!

—Un fricassée.

—¿De verdad?

—Ragout y fricandeau… ¡Vamos a ver, mi buen amigo! ¡Se la dejaré a usted… hic… haremos un trato! —y el filósofo palmeó a su Majestad en la espalda.

—Tal cosa no es posible —dijo este último sosegadamente, mientras se levantaba de su asiento.

El metafísico se quedó mirándolo.

—Tengo suficiente provisión por el momento —señalo su Majestad.

—¡Hic! ¿Cómo?

—Y, a la vez, no tengo fondos disponibles.

—¿Qué?

—Además, no es correcto de mi parte que…

—¡Caballero!

—…que me aproveche…

—¡Hic!

—…de su afligida y poco elegante situación en este momento.

Y con estas palabras, el visitante hizo un saludo y se retiró —sin que se pueda señalar de qué manera exactamente—. Pero en un bien calculado esfuerzo por lanzar una botella al “villano” se rompió la delgada cadena que colgaba del techo y el metafísico quedó tendido por el golpe de la lámpara al caer.

Manuscrito hallado en una botella

Qui n’a plus qu’un moment à vivre

N’a plus rien à dissimuler2.

Quinault-Atys

Acerca de mi país y mi familia tengo poco que explicar. Un trato injusto y el paso de los años me han alejado de uno y enemistado con la otra. Mi patrimonio me permitió recibir una educación poco común y una inclinación contemplativa permitió que convirtiera en metódicos los conocimientos rápidamente adquiridos en tempranos estudios. Pero por sobre todas las cosas me proporcionaba gran placer el estudio de los moralistas alemanes; no por una desatinada admiración a su elocuente locura, sino por la facilidad con que mis rígidos hábitos mentales me permitían detectar sus falsedades. Frecuentemente se me ha reprochado la aridez de mi talento; la falta de imaginación se me ha imputado como un crimen; y el escepticismo de mis opiniones me ha hecho notorio en todo instante. La verdad, temo que una fuerte inclinación por la filosofía física haya teñido mi mente con un error muy común en esta época: hablo de la costumbre de relatar sucesos, aun los menos adecuados de dicha referencia, a los principios de esa disciplina. En definitiva, no creo que haya nadie menos propenso que yo a alejarse de los severos límites de la verdad, dejándose llevar por el ignes fatui3 de la superstición. Me ha parecido conveniente sentar esta premisa, para que la increíble historia que debo narrar no sea considerada la fiebre de una imaginación desbocada, sino la experiencia auténtica de una mente para quien los ensueños de la fantasía han sido letra muerta y nula.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Cuentos completos»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Cuentos completos» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Cuentos completos»

Обсуждение, отзывы о книге «Cuentos completos» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.