En Documenta 11, Mona Hatoum presentó una instalación de tema doméstico: un espacio esquemático, como el de los dibujos de pelo en la muestra Cotidiana , de Zomosa, hecho de alambres y fierros. De nuevo surge la palabra “inquietante” en relación con el “intérieur” de una casa: los objetos domésticos de Hatoum estaban electrificados, y extraños resplandores de cortocircuito iban apareciendo sin patrón aparente en los diversos artefactos de uso diario, cada uno una posible trampa, cada uno un relumbre ominoso. Fantasías infantiles, fantasías adultas intercambiables en el espacio interior —ese que no se sabe si está “dentro” o “fuera”—, eso que en las apariencias de lo más acostumbrado y acogedor — heimlich — hace surgir lo más aterrador — unheimlich ; en ese sentido, también, vinculando estas obras contemporáneas a las que veremos en esta exposición.
Un segundo camino es el de vincular la obra de Zomosa con otras, producidas en Chile. Al escribir sobre casitas (las de dulce, las de pelo, las de afuera y adentro, los desplazamientos de una casa que puede estar en cualquier parte y tal vez no está en ninguna), me pareció posible imaginar que algo del trabajo de ella viene de las casitas de Dittborn, las casitas de dibujo infantil que se trasladan por todo el mundo en las Pinturas Aeropostales de él, como signo, en el viaje, de que “ningún lugar es el hogar”, y que “cualquier lugar llega a ser el hogar”, en las palabras de Zomosa referidas a su propio trabajo. Las de Dittborn están encerradas por un borde, el de los pliegues de esas pinturas que se doblan, y dentro del complejo sistema de referencia de sus imágenes son una cita portátil de las fantasías del hogar, tema que se desarrollaría de múltiples maneras diferentes en los trabajos de Zomosa.
(En su texto “Cinco segundos en el Museo Zomosa”, de 1994 —de los tiempos en que Ximena Zomosa fue su ayudante en talleres de la Universidad Católica— Dittborn escribe como si estuviera viendo hoy la primera sala de Colección de la artista : “los movimientos del corazón al salirse de sí mismo. Y descuadrarse. Estas palabras bellas son el pobre bordado del delirio...”. Hoy las palabras están enmarcadas en la seducción del dulce, y son “miedo/ duda/ silencio/ vértigo/ miseria”: la angustiada y angustiosa seducción de Ximena Zomosa).
Parece extraño decirlo de las obras de dos artistas tan diferentes, pero en ciertos rasgos del trabajo de Zomosa Dittborn aparece como precursor, de una manera curiosa, tal vez juguetona por ambas partes. Como si Ximena Zomosa, a su lúdica manera, la manera de Alicia en el país de las maravillas , se hubiera caído dentro de alguno de los cuadriculados de una pintura aeropostal, y estuviera explorando, durante un tiempo, su mundo de fantasías en el desdoblarse de las esquemáticas casitas que aparecen al desplegar esas pinturas en cualquier lugar del mundo. Y se hubiera quedado pensando también en las puntadas gruesas, en las manualidades primitivas que luego resurgirían en su trabajo con el pelo: en esa especie de exigencia de trabajar en el borde de lo mínimo, en la escasez como contraste con la irónica profusión y engañosa seducción del dulce.
Más que buscarle maestros, sin embargo, es necesario destacar la fuerte interacción de la obra de esta artista con la de otras de su generación, quienes decidieron “no dar a otros el poder del discurso sobre nuestros trabajos”: Mónica Bengoa, Paz Carvajal, Claudia Missana, Alejandra Munizaga y la misma Ximena Zomosa. El intercambio entre ellas para los fines del catálogo de una muestra colectiva 6tiene puntos luminosos en relación con la obra de Zomosa: las maternidades, el hogar como lugar de peligro (“transparencia visual y peligro táctil”, dice Munizaga), el humor, la seducción, la fragilidad, el pelo, las marcas... Sin extenderme en otros rasgos, yo quisiera subrayar aquí un cierto elemento de desafío que caracteriza este grupo: su voluntad de mirar al sesgo, irónicamente, los relatos “de filiación” de la plástica chilena, que suelen olvidar las historias de las mujeres para concentrarse en rivalidades “geopolíticas”, en territorialidades, sucesiones y fijación de fronteras 7. Me hacen recordar una frase acerca de la ironía de las mujeres, la risa de las mujeres: la mujer, “enemiga interna de la comunidad” (léase la comunidad racional, establecida por sobre las reglas de la familia), siempre puede largarse a reír 8
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