En diversas investigaciones se ha descubierto que los niños/as que se inician en la alfabetización antes de ingresar a la instrucción formal provienen de ambientes letrados. En estas casas se valora la lectura y la escritura, los libros se asocian con el placer y el lenguaje escrito se utiliza para comunicarse entre sus integrantes, en acciones como el dejarse recados escritos o hacer listas de supermercado. A partir de estas observaciones se desarrolla una teoría de aprendizaje de la lectura y escritura que busca trasladar el ambiente de esos hogares a las salas de clases, creando espacios de trabajo autónomo, con mucha interacción entre pares, y ricos en materiales escritos.
Otros estudios demuestran que los niños tienen una conexión concreta y personal con lo que está impreso en el ambiente que los rodea. Ellos son capaces de reconocer una señal de “pare” en la calle, el nombre escrito de su bebida favorita o el precio del helado que quieren comprar; es por esto que se recomienda incorporar textos auténticos, tales como letreros o afiches, en la sala de clases y usarlos como recurso de aprendizaje, ya que de este modo las experiencias de los alumnos/as resultan significativas y estimulantes, porque pueden comprender mucho mejor las funciones y convenciones de lo impreso.
Al considerar la ambientación de la sala como algo más que una simple decoración hecha por el profesor/a, se estará invitando a los alumnos/as a participar activamente en este proceso y a usar sus propios trabajos como recursos de aprendizaje; para esto, las paredes de la sala van a cumplir un rol fundamental, para lo cual se debe incorporar en ellas diferentes elementos. (Ver listado en página 25)
Otro aspecto importante dentro de la ambientación de la sala es el uso y distribución del mobiliario. Para promover aprendizajes es clave tener un arreglo práctico y flexible, donde se maximice el potencial de los muebles. Es fundamental, además, que se puedan llevar a cabo actividades de grupo completo, de grupos pequeños y también individuales. Los escritorios o mesas se pueden distribuir de muchas maneras, pero lo ideal es que permitan formar pequeños grupos y que exista una alfombra grande para que todo el curso se pueda reunir y sentar con comodidad.
Finalmente, es interesante referirse a los materiales que se deben utilizar dentro de la sala de clases. En su selección hay que tener presente el contexto, los intereses y necesidades de los niños, además de los aprendizajes que se quiere lograr. Es importante que los materiales estén distribuidos en forma lógica y al alcance de los estudiantes, promoviendo así la autonomía y el mejor funcionamiento de la sala.
Los materiales deben reflejar quiénes son los niños, de dónde vienen, cuál es su cultura y su edad; igualmente, y como ya se sabe, el aprendizaje es mejor cuando es interdisciplinario, y los materiales deberían escogerse en función de este principio. Por otra parte, es importante que ellos sean de buena calidad para que así perduren en el tiempo y además puedan aprovecharse para diferentes usos.
MATERIALES NECESARIOS EN LA SALA DE CLASES
Alfabetos.
Lista con nombres de los alumnos/as.
Calendario.
Horario.
Reloj.
Tabla de asistencia.
Datos del colegio.
Cartel de cumpleaños.
Cuadro de responsabilidades.
Pared de palabras.
Recta numérica.
Papelógrafos con escrituras interactivas y lecturas compartidas.
Gráficos realizados con los niños/as (cumpleaños, edades, mascotas del curso, número de hermanos, comida favorita, etc.).
Líneas de tiempo.
Producciones y trabajos de los niños/as (debidamente editados).
Textos auténticos (boletas, boletos, afiches, avisos, recetas, cartas, tarjetas de invitación, calendario, logos, volantes, etiquetas de envases, programación de la TV, mapa meteorológico, avisos de las páginas amarillas, etc.).
Diarios, Revistas y Mapas.
Letras móviles.
Papel Craft .
Biblioteca de aula (libros de texto, libros de cuentos, diccionarios, enciclopedias, libros de poesía, biografías, etc.).
Ábaco, Tabla aditiva, Tabla multiplicativa.
Material concreto que sirva para representar números en el sistema de numeración decimal.
Pizarras pequeñas.
Tarjetas con letras y números.
Láminas de temas.
El clima de aula tiene gran importancia porque influye directamente en los aprendizajes. Un clima ordenado, estructurado y armonioso disminuye las tensiones, facilita la convivencia, invita al trabajo y potencia aprendizajes.
Tanto en el colegio como dentro de la sala de clases los estudiantes están forzados a convivir con otros. Esta convivencia puede ser mejor o peor y va a depender mucho del actuar del profesor/a el que exista un clima adecuado de respeto y compañerismo entre los integrantes del curso. Este clima tiene gran importancia, no sólo por razones sociales y cívicas, sino también porque influye directamente en los aprendizajes de los alumnos/as. Un mal clima de trabajo hace que los niños/as no quieran estar en el colegio y se concentren más en los conflictos que en los contenidos que se están desarrollando. Por otro lado, un buen clima de trabajo repercute positivamente en los resultados, tanto en la convivencia como en cuanto al avance de los niños en sus aprendizajes.
La comunicación cumple un rol fundamental en el buen funcionamiento de la escuela. Si el profesor/a crea con sus alumnos/as y alumnas un ambiente donde todos se sientan cómodos al expresar sus sentimientos y se escuchen unos a otros se logrará una sala donde exista la empatía y la amistad.
Es importante destacar que, desde esta perspectiva, la creación del clima es una de las tareas centrales al inicio del trabajo con un grupo, y también debe ser una preocupación permanente durante el proceso del curso.
El instrumento más efectivo para el profesor/a en la creación y mantención del clima es el modelaje a través del ejemplo de sus actitudes y conductas, las que serán el primer indicador de las conductas y actitudes adecuadas para relacionarse en el grupo.
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