Martina sale del correo con la encomienda y la bolsa de mercadería mas la carga de la bronca, cuando detrás le gritan: ¡Madre madre acá estoy! Martina: ¿hija, pero donde diablos estabas? Carmen no sabia que responder y complicando la situación le dice a su madre: ¡yo estaba en la esquina porque sabias que te ibas a demorar! Martina: ¿Cómo sabias no entiendo? No madre, estuve con una compañera del año pasado, cuando estudiaba corte y confección. Esto fue muy poco convincente para Martina y le sugiere explicaciones claras y rápidas. Martina: ¿ya mismo me decís que estuviste haciendo en esta media hora? Carmen no tiene otra explicación que decirle la verdad a su madre, las simples excusas no le cierran y no tiene tiempo para inventar una cuartada. ¿Qué dirías madre si tengo novio? ¿o que harías? Martina: por ahora nada porque tengo el bolso en una mano y la encomienda en la otra. Carmen: jaja.. y después quieres que diga la verdad. A una cuadra y media del correo Martina y su hija detienen su marcha y frente a frente aclaran la situación. Madre, conocí a un muchacho guapo de 19 años se llama Sixto, trabaja en una distribución de una imprenta, viene los días de semana y es de Dalmacio Vélez Sarsfield. Martina, agitada y nerviosa: ¡quiero hablar con ese muchacho lo mas pronto posible! Carmen: ¿Por qué madre? Porque quiero ponerle en claro que mi hija no es cualquier cosa, aparte sos muy pequeña para novios y si se entera tu padre ni hablar hija mía, ni hablar. Carmen: pero madre, si Sixto no tiene malas atenciones, para conmigo, me trata con respeto.
Bueno sigamos porque no vamos a llegar mas a casa y hay que cocinar. La próxima vez que venga ese muchacho que vaya a casa, así conversamos ¡estamos! Carmen: si claro, pero quiero que sea una charla pacifica no violenta, él es bueno. Yo no soy como tu padre arrebatado, se conversar, quiero dejarle en claro que las cosas deben ser serias y no sea todo esto una aventura, el también es joven todavía.
Carmen sentía una paz enorme de haber logrado el acercamiento de su relación a su madre y que seguramente a partir de ahora al menos los días de semana, podía salir sin demasiadas complicaciones. Carmen muy entusiasmada: bueno madre cuando venga Sixto la próxima vez, lo invitare a casa así hablamos y preparare unas tortas fritas. Martina: Recuerda que, por ser la primera vez, va a ser un encuentro muy serio, no de tanta liviandad. ¡Está bien madre! .
Sixto debe regresar en dos días y Carmen tenía una única preocupación, si a su madre le iba a caer bien su novio, pero ya estaba muy conforme de la charla con su madre y era una conquista que le permitía tener mayor fortaleza, para luchar contra la adversidad de su padre, que no es seguramente fácil de convencer. A todo esto, Sixto no sabia absolutamente nada y no había manera de que Carmen le podía adelantar la situación, para no tomarlo por sorpresa.
Al día siguiente suenan las manos y sale Martina a atender: ¡hola como estas Raquel! Doña Martina ¿cómo anda? Mejor que te lo diga Carmen. ¿Cómo esta amiga? Carmen muy inquietante: bien, acá ando ¿y vos? Le tuve que decir a mi madre de nuestra relación con Sixto. Raquel: y bueno, así es mejor, al menos sabiendo ella, tienes un respaldo para que te ayude a contener la reacción de tu padre, que seguramente la tendrá. Carmen: si, cada vez que pienso me atormento. Raquel: por ahora trata de hacer lo que hice yo, consensuarlo con mi madre y tal vez algún día todo deberá salir a la luz. Martina: ¡Sera posible que no pueden hablar de otra cosa que sea de novios! Bueno doña Martina no es para menos, lo de su hija es muy reciente y es necesario que la ayudemos. Martina: esta bien Raquel, pero el jovencito ese no se me va a escapar porque le voy a aclarar bien los tantos. Carmen: ya se madre, basta con ese asunto.
Al otro día Carmen le da de comer a las aves de la vecina, que se fue de viajes y observa a una de las palomas con un rollito en su pata, Carmen la toma y lee con tranquilidad, Sixto le avisa que al día siguiente llegará al pueblo a eso de las diez de la mañana y estará en el comisionado. Pero Carmen no tiene como avisarle que su madre lo requiere para charlar en su casa. Sixto tiene una visión muy diferente a Carmen, a el le parece que será todo más fácil porque lo analiza desde otro punto de vista. Sixto se independizo de sus padres y tiene un buen trabajo, pero su compañera está en una situación dependiente y recién entrando a la adolescencia.
Al otro día, Carmen intercepta a Sixto antes de llegar al comisionado, le avisa que se prepare para hablar con su madre. Después de efectuar la distribución del material, Sixto se dirige al domicilio de Carmen, golpea la puerta y la joven sale a recibir a su novio con un beso y abrazo, mientras Martina se arrima a la puerta, Carmen: ¡Madre te presento a Sixto! Sixto: ¡Hola doña como esta! Martina: bien, pase ¿Qué anda haciendo por estos pagos? Sixto: bueno, vengo a este pueblo a traer formularios impresos para el comisionado y el correo a veces a la comisaria también. Martina: ¡Que bien! ¿Cómo conoció a mi hija? - Saludándola en la calle, porque un día venia con bolsones pesados y trate de ayudarla. Martina: ella es fuerte, otras veces a traído cosas mas pesadas. Carmen: bueno madre fue una atención. Martina: ¡tú te callas! Estoy hablando yo. ¿Qué pretensiones tiene usted Sixto con mi hija?- Nada mas que conocerla y veremos que sucede el día de mañana. Martina, muy seria y terminante: escúcheme Sixto, Carmen es nuestra única hija y no queremos que nadie la utilice ni se burle de ella, solo tendrá media hora para estar con ella, porque yo no se si mi marido aparece de sorpresa y se acaba todo. Esta bien doña Martina ¿y los fines de semana? Martina: no para nada, los fines de semana esta mi esposo y no quiero problemas. Sixto: bueno señora esta bien, Carmen acompaña a Sixto, charlan en la vereda unos 3 minutos, Sixto le entrega a Carmen una caja con una paloma mensajeras de un amigo suyo, para que la joven pueda comunicarse y luego se marcha sin saludar a Martina. Carmen: ¡Fuiste muy dura con Sixto! Martina: acá las condiciones las pongo yo y gracias que puede venir a casa hija.
Carmen: esta bien madre. Esta vez Sixto se fue confundido, por un lado, había conocido a su madre protectora y por otro lado imaginaba el frente de tormenta de su padre, que quizás le traiga conflictos. A la mañana siguiente Carmen escribe una carta, un tanto aliviadora para Sixto, de algúna manera pidiéndole perdón por el encuentro desafortunado con su madre. Luego Carmen se dispone a salir de compras y por supuesto esta vez su madre no la acompaña, pero en el trayecto hacia el almacén la intercepta un chico con una mirada hostil, como pidiendo explicaciones. Carmen: ¡Lautaro que casualidad encontrarnos por aquí! Lautaro: ¡estoy enfadado! Carmen: ¿con quién? Contigo. Yo te aprecio mucho y me duele verte con un muchacho que no es de estos pagos. Carmen: es una amistad que no te debe importar. Lautaro: ¡mientes! ¡mientes! Es tu novio. Carmen: Si fuera así ¿Qué te importa? Lautaro: gruñe despacio y se marcha.
Lo que le estaba ocurriendo a Lautaro era un gran celo, por su amistad con ella y si bien era de un perfil conflictivo, Lautaro también tenía su sensibilidad.
Se asoma la noche del viernes y Francisco se encuentra ya en su casa, totalmente olvidado de la discusión de la semana anterior. A la tarde del día siguiente Francisco deja el carro preparado para ir al bar y encontrarse con su gente del pueblo conocida y ponerse al día con los chismes y anécdotas. En esos instantes Lautaro pasa por el frente de la casa de Carmen y cuando ve al carro lo confunde con el de Sixto y no hace mas que observar y tramar algo. Al rato se produce un revuelo en los vecinos, todos gritan y los caballos saltan como langostas, el carro estaba en llamas y nadie sabía por qué. En esos instantes sale Francisco y como no podía desatar los caballos saca un cuchillo y corta las riendas librándolos del fuego. Francisco no se equivocaba en el autor del hecho, pero si en que la jugada era para él. Francisco estaba convencido que el mensaje era para el y así lo asumió, aunque no podía hacer nada sin mas que la denuncia policial. Al otro día el comisario inspecciona el carro y descubre que para arder tan rápido debió utilizarse algún combustible. Al investigar un niño había comprado combustible 15 minutos antes, fiado a nombre de una tal Clara. Nuevamente el comisario don Miranda cita a esta mujer para declarar con su sobrino.
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