La situación era potencialmente desastrosa para la Unión, ya que el ejército de Lee se había colocado exactamente en el lugar ideal para flanquear al de Meade y arrollar sus líneas. El coronel Oates pidió que le permitieran desplegar una batería en la cima de Round Top para bombardear a las divisiones de la Unión; su intención era afianzar las posiciones confederadas en la colina en vez de continuar el avance, pero el jefe de la brigada ordenó que siguiera presionando. Oates dio diez minutos de descanso a sus hombres para que recuperasen el aliento después de la marcha y el ascenso por la loma; cuando trascurrieron, Oates ordenó que formaran en línea para atacar Little Round Top, situada un poco más al norte. Con posterioridad, Oates aseguró que su decisión de conceder un breve respiro le costó la victoria a la Confederación en Gettysburg y es posible que estuviera en lo cierto.
Los jefes del ejército de la Unión por fin se habían dado cuenta de que si la masa de tropas confederadas que se estaba concentrando en su flanco izquierdo conseguía apoderarse de los pocos centenares de metros del pedregoso, abrupto y boscoso saliente de Little Round Top, la batalla estaría perdida. El coronel Strong Vincent, de veintiséis años, que mandaba la 3.ª Brigada, a la cual pertenecía el 20.º de Maine, dirigió a sus hombres hacia la cima a paso ligero, justo cuando los proyectiles de artillería empezaban a caer entre sus filas. El regimiento de Chamberlain fue el último de los cuatro regimientos de Vincent en desplegarse en el extremo sur de la línea. Vincent dio una orden muy clara: «Tiene que defender este terreno a toda costa». Otro oficial, el coronel James Rice, dijo solemnemente: «Coronel, hoy estamos haciendo historia». Chamberlain destacó una compañía de avanzada para cubrir su flanco izquierdo, al pie de Round Top, hacia el este de la posición, con lo que todavía disponía de otros 358 hombres para defender la cota. Por un breve instante, tres de los hermanos Chamberlain estuvieron juntos en el campo de batalla, ya que además de Tom, que servía como ayudante de Joshua, también se presentó John, como un espectador civil. En ese momento, un proyectil explotó cerca y el coronel decidió que sería preferible que la pequeña reunión familiar se dispersase: «Otro disparo como ese y mamá será muy desgraciada».
Chamberlain podía ver cómo las tropas confederadas caóticamente apelotonadas al pie de la colina intentaban franquear la cañada del Plum Rum y Devil’s Den. Los escaramuzadores de Longstreet tenían una buena línea de visión hasta la cima de Little Round Top, de modo que pronto pudieron abrir fuego contra los defensores. Estos iban sufriendo un continuo goteo de bajas, una buena prueba de cuánto habían mejorado los rifles en precisión y eficacia en el medio siglo transcurrido desde las campañas de Marcellin Marbot y Harry Smith. La brigada de Vincent empezó a intercambiar disparos con los confederados. Los hombres de ambos bandos estaban agotados por las largas marchas que habían tenido que realizar antes de llegar al campo de batalla, pero los soldados de la Unión al menos tenían la ventaja de que la artillería confederada no podría seguir disparando cuando su infantería se lanzara al asalto de las posiciones federales.
Chamberlain solo ejercía como soldado desde hacía nueve meses, pero su visión táctica era realmente notable. Se dio cuenta enseguida de que su retaguardia estaba gravemente expuesta y, bajo fuego enemigo, ordenó a sus oficiales que extendieran la línea hacia la izquierda, alrededor de los peñascos al sudoeste de la colina; esa maniobra le permitiría duplicar el frente del 20.º de Maine, aunque a costa de hacer sus filas más delgadas. El nuevo despliegue del regimiento tenía forma de flecha, con las banderas desplegadas sobre una roca, justo en el vértice. Las compañías acababan de terminar la difícil maniobra cuando una tormenta de mosquetería y gritos anunció el asalto por parte de cinco regimientos confederados. En aquel momento, había dos brigadas de la Unión en Little Round Top, sometidas a un violento asalto y perdiendo a sus oficiales a toda velocidad: Vincent y otro coronel cayeron muertos en cuestión de minutos y pronto les siguieron otros oficiales.
El 15.º de Alabama de Oates había supuesto que la retaguardia del despliegue de la Unión se encontraba indefensa pero, mientras avanzaban a la carrera los últimos metros hasta la cima, cayó sobre ellos una granizada de balas proveniente del ala izquierda de la posición de Chamberlain. «Una y otra vez se repitió ese enloquecido asalto –escribió uno de los oficiales de Maine–, para ser rechazado en cada ocasión por la cada vez más debilitada línea, que se agarraba con desesperación al saliente rocoso». Chamberlain dijo: «En ocasiones, había a mi alrededor más enemigos que hombres de mi regimiento; brechas en las filas abriéndose, tragando y cerrándose de nuevo con brusca, convulsa energía […]. Por todos lados, furiosos, inarticulados rugidos, gritos de desafío, de ánimo y de desesperación». Los hombres de Maine fueron obligados a retroceder en algunos puntos, pero, de alguna forma, fueron capaces de reunir la energía suficiente para recuperar el terreno perdido. Los soldados rasgaban el papel de los cartuchos con sus dientes, cargaban y disparaban enloquecidos, mientras otros peleaban cuerpo a cuerpo con los atacantes. Chamberlain reforzó la línea con todos los hombres a su disposición, incluyendo los enfermos, los cocineros, los músicos y hasta dos amotinados del 2.º de Maine que habían arrestado aquella mañana. Envió a su ayudante, su hermano Tom, a reforzar la escolta de las banderas del regimiento.
Los confederados, exhaustos tras una marcha de cuarenta kilómetros y muy debilitados por el terrible choque, tuvieron que retroceder para reagruparse. Chamberlain recorrió las filas de su unidad, mientras supervisaba la recogida de los muertos y heridos y reformaba sus maltrechas líneas. Su tranquilidad de ánimo se comunicaba a los hombres. Un trozo de metralla le había hecho un corte en el pie derecho y tenía una contusión en la pierna izquierda porque una bala le había aplastado la vaina de la espada contra ella. Por un momento, al ver que las filas de guerreras grises del 15.º de Alabama volvían a la carga, vacilando entre los árboles, casi dudó por un momento de que pudieran mantener la posición. Pidió que le enviaran refuerzos con urgencia, pero lo único que consiguió fue que sus vecinos del 83. erde Pensilvania extendieran su línea hasta el flanco derecho del 20.º de Maine.
Chamberlain tuvo que afrontar una nueva crisis cuando algunos hombres comenzaron a gritar que trajeran más municiones. Habían comenzado la acción con sesenta cartuchos cada uno y, tras vaciar las cartucheras de muertos y heridos, habían agotado todas las disponibles. Algunos de sus hombres se preparaban para aguantar la carga de los de Alabama a culatazos. En ese momento tomó la decisión táctica más importante de su vida. Gritó: «¡Calen bayonetas! ¡Avancen!» y ordenó al capitán Ellis Spear que cargase colina abajo con toda el ala izquierda del regimiento, ejecutando un movimiento pendular de barrido. El ala derecha se mantuvo en su posición hasta que el regimiento pudo alinearse correctamente y, en ese momento, también se lanzó hacia adelante. Los sorprendidos confederados se detuvieron en seco, comenzaron a retroceder y, al final, se dieron a la fuga. Uno de los oficiales de Alabama disparó su Colt a la cara de Chamberlain, justo antes de que el coronel del 20.º de Maine le pusiera la punta de su espada en la garganta y le obligara a rendirse. Docenas de los hombres que poco antes asaltaban la colina tiraron sus armas al suelo y se rindieron con las manos en alto. Hubo un intento de los confederados de resistir delante de un pequeño muro, pero la Compañía B, que Chamberlain había destacado al comienzo de la acción, apareció detrás de este y comenzó a disparar contra la retaguardia. «Corrimos como una manada de ganado salvaje», reconoció con amargura el coronel Oates. Dos coroneles confederados, uno de ellos malherido, depusieron las armas. Chamberlain describió cómo su regimiento, «girando como si fuera una gran puerta sobre sus goznes» colina abajo de las laderas de Little Round Top, «limpió el frente de atacantes». Atravesando la línea de la Unión en la base de la colina, los hombres del 20.º de Maine querían seguir avanzando, pero Chamberlain los detuvo detrás de la línea del 44.º de Nueva York. Tras dos horas de acción, solo le quedaban unos doscientos hombres y desde su posición podía ver reagruparse a los supervivientes de los regimientos de Texas y Alabama. Es una extraordinaria prueba de su capacidad de mando el hecho de que fuera capaz de reagrupar a sus soldados y volver a formar a su regimiento sobre la cima de Little Round Top. El 20.º de Maine, que había comenzado la batalla con 358 hombres, tuvo 40 muertos y 90 heridos. Además de las bajas que había causado a las fuerzas de Lee, también había tomado 400 prisioneros.
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