1. Estuvo dispuesto a dejar la gloria de su naturaleza divina y aparecer como un hombre. “ Así que por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, El también participó de lo mismo ” (He.2:14). Nótese que no dice que El hizo esto porque toda la raza humana estaba compuesta de carne y sangre, sino más bien porque “ los hijos que Dios me dio ” (He.2:13) fueron humanos. Entonces su voluntad dispuesta fue en relación con aquellos hijos, y no para toda la raza humana.
2. Estuvo dispuesto a darse a sí mismo como una ofrenda. Es cierto que Cristo sufrió muchas cosas en una forma pasiva. No obstante es también cierto, que se dio a sí mismo activa y voluntariamente a esos sufrimientos. Sin su consentimiento voluntario, estos sufrimientos no habrían tenido valor alguno. Así El podía decir verdaderamente: “ Por esto me ama el Padre, porque yo pongo mi vida... nadie me la quita sino que yo de mi mismo la pongo ” (Jn.10:17-18).
3. Sus oraciones a favor de sus hijos demuestran su deseo de ser un agente en su salvación. Ahora, Cristo ha entrado al lugar santísimo en el cielo (He.9:11-12). Su obra ahí es la de un intercesor. Fíjense que no ora por el mundo (Jn.17:9), sino por aquellos por quienes murió (Rom.8:34). Pide que aquellos que le han sido dados, vengan a donde El está y vean su gloria (Jn.17:24). Entonces está claro que no pudo haber muerto por todos los hombres.
CAPITULO CINCO
Dios el Espíritu, el agente de nuestra salvación
La Biblia habla de tres cosas en las cuales el Espíritu Santo obra con el Padre y con el Hijo para redimirnos. Estas actividades muestran que el Espíritu Santo es también un agente en nuestra salvación.
1. El cuerpo humano que Cristo tomó cuando se hizo hombre fue creado por el Espíritu Santo en la matriz de María “ y se halló que había concebido del Espíritu Santo ” (Mt.1:18).
2. La Biblia dice que cuando Cristo se ofreció a sí mismo como un sacrificio, que lo hizo por el Espíritu Santo. “ Cristo el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios ” (He.9:14). Aquí está claro que el Espíritu Santo fue en alguna manera el instrumento que hizo posible la ofrenda de Cristo.
3. Hay declaraciones también en la Escritura que muestran que la obra de levantar a Cristo de los muertos fue la obra del Espíritu Santo. “ Siendo a la verdad muerto en la carne pero vivificado en espíritu ” (1 Pe.3:18).
No hay duda de que el Espíritu Santo hizo cosas importantes al cooperar con el Padre y con el Hijo en el propósito de nuestra redención. *
Hemos visto que cada persona de la Trinidad puede ser llamado un agente de nuestra salvación. Es importante guardar en mente que, aunque para el propósito de nuestro estudio hemos distinguido entre la obra de cada persona divina, sin embargo no son en verdad tres agentes en nuestra salvación, sino solo uno porque Dios es uno. Entonces, podemos decir que la Trinidad completa es el agente de nuestra redención.
CAPITULO SEIS
La obra de Cristo es el medio usado para obtener nuestra salvación
Como ya vimos en el capítulo dos, el agente que hace algo usa ciertos medios para conseguir el fin particular que tiene en mente. En la obra particular de nuestra salvación hay dos acciones específicas que Cristo ha realizado. (Aquí no estoy tratando con el plan que ocurrió en la eternidad, que hizo que nuestra salvación fuera posible, sino solo con la realización del plan en la historia.) Los dos hechos históricos de Cristo son:
1. El ofrecerse a sí mismo en el pasado.
2. Su intercesión por nosotros ahora.
En el ofrecimiento de sí mismo se incluye todo lo que estaba involucrado en su venida para morir: El despojarse a sí mismo de su gloria celestial, el ser nacido de mujer, su humillación y obediencia a la voluntad del Padre a lo largo de su vida y su muerte en la cruz.
Y también en la intercesión de Cristo por nosotros se incluye su resurrección y su ascensión, puesto que estas son la base de ella. Sin estas, la intercesión no sería posible. Veremos estas dos cosas con más detalle en el próximo capítulo, pero quiero hacer algunos comentarios ahora. Estos dos hechos tienen la misma intención. El ofrecimiento y la intercesión son con el propósito de “ llevar muchos hijos a la gloria ” (He.2:10). Los beneficios propuestos por estos dos hechos son para las mismas personas; Cristo ora por aquellos por quienes El murió (Jn.17:9). Sabemos que su intercesión es eficaz; “ Yo sabía que siempre me oyes ”, dijo Cristo en Juan 11:41. Por consiguiente, todos aquellos por quienes el murió, tienen que recibir todas las cosas buenas obtenidas por su muerte. Y esto a su vez, destruye la enseñanza de que Cristo murió por todos los hombres.
CAPITULO SIETE
El sacrificio de Cristo y su intercesión son el único medio para realizar nuestra redención
Es importante notar que en las Escrituras, el sacrificio de Cristo y su intercesión están vinculados. Por ejemplo:
Cristo justifica a aquellos cuyas iniquidades El llevó (Is.53:11).
Cristo intercede por aquellos cuyos pecados El llevó (Is.53:12).
Cristo fue resucitado de entre los muertos para justificar a aquellos por quienes El murió (Rom.4:25).
Cristo murió por los elegidos de Dios y ahora ora a favor de ellos (Rom.8:33-34).
Por consiguiente, es obvio que Cristo no pudo haber muerto por todos los hombres; porque si lo hubiera hecho, entonces todos los hombres serían justificados, cosa que evidentemente no existe.
Sacrificar e interceder son dos deberes de un sacerdote. Si el sacerdote fracasa en alguno de ellos, entonces falla en su fidelidad como sacerdote a favor de su pueblo. Jesucristo es señalado tanto como nuestra propiciación (sacrificio), como también nuestro abogado (representante). (1 Jn.2:1-2) La Biblia habla de El como ofreciendo su sangre (He.9:11-14) y también como intercediendo por nosotros (He.7:25). Puesto que El es un sacerdote fiel, tiene que realizar ambos deberes perfectamente. Así dado que sus oraciones siempre son escuchadas, no puede estar intercediendo por todos los hombres porque no todos son salvados. Por lo tanto, debe estar claro que no pudo haber muerto por todos los hombres tampoco.
Siempre debemos acordarnos de la manera en que Cristo intercede ahora por nosotros. La Escritura dice que es por medio de presentar su sangre en el cielo. (Heb.9:11,12,24) En otras palabras el intercede presentando sus sufrimientos al Padre. Por lo tanto, los dos actos, sufrimiento e intercesión deben estar relacionados con las mismas personas, de otro modo sería en vano usar el uno como la base del otro.
Cristo mismo une su muerte y su intercesión como el único medio de nuestra redención en su oración en Juan 17. En esta oración se refiere al ofrecimiento de sí mismo en la muerte y ora por los suyos, los que el Padre le había dado. Nosotros no podemos separar estos dos actos puesto que Cristo mismo los une. El uno sin el otro sería inútil de todas maneras, como Pablo lo argumenta: “ si Cristo no resucitó, (y por lo tanto no estaría intercediendo) vuestra fe es vana; y aún estáis en vuestros pecados ” (1Cor.15:17).
Entonces no hay ninguna seguridad de salvación para nosotros si separamos la muerte de Cristo de su intercesión. ¿De que serviría decir que Cristo murió por mí en el pasado, si no intercede por mí en el presente? Somos salvos de la condenación de nuestros pecados sólo si Cristo nos justifica ahora. Yo podría ser condenado todavía si Cristo no rogara ahora por mí. Así, está claro que su intercesión debe ser por las mismas personas por quienes El murió y por lo tanto, no podría haber muerto por todos.
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