En el Lycée Condorcet, Bergson obtuvo galardones en inglés, latín, griego y filosofía. Su trabajo matemático le granjeó una gran acogida y le valió un premio nacional, además de la publicación en los Annales de mathématiques . Publicó dos tesis: una sumamente especializada sobre la filosofía aristotélica y otra titulada Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia , de la que se hicieron incontables ediciones. En 1898 se convirtió en profesor de la École Normale y en 1900 se trasladó al prestigioso Collège de France.
Su quinto libro, La evolución creadora (1907), le lanzó a la fama universal. Sus charlas estaban tan abarrotadas (con « tout Paris ») que sus estudiantes se quedaban sin asiento. Se rumoreaba que la gente de bien enviaba a sus criados con antelación para reservar un sitio y, «en algunas ilustraciones de la época, vemos a gente encaramada a las ventanas para atisbar al célebre filósofo» 57. Cuando tomó posesión de su sillón en la Académie Française, recibió tantas flores y tantos aplausos que, ahogado por las aclamaciones, apenas se le oyó decir en son de protesta: «¡Pero si no soy una bailarina!». Ni siquiera la Ópera de París era lo bastante espaciosa para él 58. En 1913 su conferencia en la City College de Nueva York aglutinó a dos mil estudiantes 59.
La notoriedad universal le persiguió hasta 1922, cuando publicó Duración y simultaneidad , un libro que describió como una «refutación» de la teoría de Einstein. Se propuso sin ningún pudor superar a Einstein en ortodoxia, interpretando de una forma nueva todos los hechos científicos conocidos asociados con la teoría de la relatividad. Durante su encuentro, el texto estaba en la imprenta, y salió publicado ese mismo año, pero no surtió el efecto que el autor esperaba.
«Al judío se le dice: “No estás al nivel del árabe, porque al menos tú eres blanco y tienes a Bergson y a Einstein”», explicó Frantz Fanon, que luchó a favor de la descolonización y la independencia argelina de Francia. Para él, los dos hombres simbolizaban las tensiones raciales después de Segunda Guerra Mundial 60. Es posible que los franceses los usaran para fomentar el «supuesto complejo de dependencia de los colonizados» y demostrar la superioridad de los blancos con respecto a los negros y enemistar a judíos y árabes. Muchas veces se citaba conjuntamente a Bergson y a Einstein como iconos de la modernidad y del modernismo cultural y literario. Su popularidad se extendía por todo el planeta 61.
El enfrentamiento entre los dos intelectos fue particularmente escandaloso porque sus participantes creían que había que lograr un entendimiento en los asuntos del saber, sobre todo del científico. Todos estamos acostumbrados a «debates interminables e irresolubles sobre la mejor estructura para un gobierno, sobre la forma de arte más perfecta o sobre determinados problemas de metafísica o ética», pero esto no debería suceder en un caso que atañía «únicamente a deducciones lógicas basadas en hechos que ninguno de los adversarios podían ni soñar con rebatir» 62. Era «algo desconcertante y tal vez nunca visto» 63. Había que poner fin a algo que solo podía explicarse como «un malentendido colosal» o un «craso error». Había que hacer algo deprisa para que «todo el mundo» estuviera de acuerdo 64. Los argumentos presentados tenían el aire desconcertante de un «doble monólogo» que recordaba a esos de «la torre de Babel», repletos de «debates contradictorios en que las afirmaciones de un bando son igual de categóricas que las del otro» 65. «Bergson y los relativistas podían estar equivocados pero no pueden tener razón», explicaba un físico que dedicó la mayor parte de su vida adulta a dilucidar quién debía ser el ganador 66. Al final del siglo XX, el debate seguía siendo «un choque frontal de dos concepciones rivales» 67.
Aún hoy podemos referirnos a él como un locus classicus y concluir que «el debate histórico entre Bergson y Einstein sobre la teoría de la relatividad es… un clásico» 68. En palabras del poeta Paul Valéry, su enfrentamiento fue el grande affaire en mayúsculas del siglo XX 69. ¿Su debate cerró una «edad de oro antes del divorcio entre las dos culturas?» 70. Abrió una verdadera «caja de Pandora» que se prolongó durante los siguientes cien años 71.
Ese día, Einstein tenía motivos fundados para tener miedo de cómo iba a afectarle el ataque del filósofo. Había jurado que daría a su exmujer el dinero del Premio Nobel, que esperaba obtener, en concepto de pensión alimenticia. Pero antes de que se concediera el premio ese mismo año, algunos se preguntaban si la crítica de Bergson había proyectado «toda la doctrina de la relatividad al ámbito de la metafísica, del que […] Einstein estaba decidido a rescatarla» 72. Otros empezaron a tildar la teoría de Einstein como simplemente irrelevante para el día a día de los humanos. Alain, un autor muy leído que acabó convirtiéndose en un importante escritor antifascista, adujo que, «desde un punto de vista algebraico, toda [la obra de Einstein] es correcta; desde un punto de vista humano, es pueril» 73.
Los años posteriores a su encuentro en París se pueden comparar con los de las guerras de religión, con una diferencia fundamental: en vez de debatir sobre cómo interpretar la Biblia, pensadores de una amplia gama de disciplinas debatieron sobre cómo interpretar la compleja manifestación de la naturaleza a través del tiempo.
2
«MÁS EINSTEINIANO QUE EINSTEIN»
«Cuando Albert Einstein salió rumbo a París en marzo de 1922, sabía que iba a estar en la cuerda floja», escribió un biógrafo 1. La visita de Einstein era muy simbólica para los dos países 2. Era un periodo de tensión extrema entre Francia y Alemania, que todavía estaban recomponiéndose de la Gran Guerra (1914-1918) y se encontraban bajo el influjo de rencores persistentes y acusaciones violentas. Hablando sobre la visita, un ultranacionalista alemán y rival del físico se percató de que simplemente no era «el momento adecuado» para que Einstein fuera a Francia:
Desde el fin de la guerra los franceses han aplastado al pueblo alemán con la máxima brutalidad. Han desmembrado su cuerpo pieza a pieza, han encadenado un acto de extorsión detrás de otro, han apostado tropas de color para vigilar Renania y han hecho demandas insufribles al pueblo alemán a través de la comisión de reparación. Y justo en este preciso instante, Einstein está viajando a París para dar conferencias 3.
El científico Max Planck tildó la decisión de Einstein de viajar allí de «heroica», pero susceptible de causar todavía más problemas. «Pese a las ventajas que ofrece, [te traerá] mil enemistades escritas y no escritas», le explicó 4. Otros tenían justo la opinión contraria y creían que la visita de Einstein podía allanar las relaciones entre ambas naciones, anunciando «la victoria del arcángel sobre el demonio del abismo» 5.
Einstein había censurado la Gran Guerra; Bergson había defendido patrióticamente las acciones de su país. Einstein había cumplido cuarenta y tres años el mes anterior; Bergson tenía sesenta y dos años.
Después de que periódicos y círculos eruditos hablaran largo y tendido sobre la obra de Einstein, llegó la primera ocasión de departir sobre la relatividad «en presencia del monstruo en persona» 6. Muchos albergaban la esperanza de que, en un espacio íntimo de preguntas y respuestas, Einstein revelaría «más sus principios recónditos y sus auténticas ideas motrices que en su obra escrita» 7. Esperaban poder obtener «aclaraciones directas del propio autor» sobre los aspectos más controvertidos de su teoría 8. La perspectiva de que Einstein se encontraría con Bergson solo añadía alicientes a su visita, suscitando «un debate que, en su interés eterno, supera infinitamente la mediocre imbecilidad política [ político-nigologiques ] y las modestas controversias pecuniarias del sustento habitual que estamos acostumbrados a tener que rumiar» 9.
Читать дальше