Elena Sicre - Un ángel y un nazi

Здесь есть возможность читать онлайн «Elena Sicre - Un ángel y un nazi» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Un ángel y un nazi: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Un ángel y un nazi»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Realidad y ficción se fusionan entre las tinieblas, el infierno y el horror del holocausto judío. Una novela que pretende profundizar en las razones por las que se oscurece el alma humana y hay redención para todas ellas, incluso para las más perversas.El hombre muere, su espíritu no. Gabriel, incombustible publicista, continúa en la brecha tras su muerte. Convertido en ángel tras duros años de esfuerzo y trabajo, se propone alcanzar el éxito supremo: ascender a arcángel. Para ello, la Corte Celestial le asigna una misión imposible: que el alma del nazi Reinhard Heydrich se arrepienta en el último instante de sus crímenes de guerra.Gabriel organiza su propio ejército, liderado por su peor enemigo, el también fallecido Bene, hombre tan perverso como inteligente y expresidente de la gran multinacional publicitaria donde ambos trabajaron durante años. Hasta en tres ocasiones bajan a la Tierra en plena Segunda Guerra Mundial, para entender qué esconde el corazón de un asesino, sus orígenes y motivos.Realidad y ficción se fusionan entre las tinieblas, el infierno y el horror del holocausto judío. Una novela rigurosamente documentada y escrita desde el máximo respeto.

Un ángel y un nazi — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Un ángel y un nazi», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

—¡En realidad no fui yo! ¿A qué viene eso ahora? ¡Ya pagué en vida suficiente, señora jueza celestial! —exclamé horrorizado—. ¡Déjeme en paz! ¡Maldita sea!

—¡Desacato! ¡Llévenselo a los calabozos!

Dos maromos descomunales agarraron mi espíritu y me introdujeron en un ataúd de madera cerrado a cal y canto.

—¡De aquí no escapa ni un alma! ¡Estás más encerrado que Aladino en su lámpara! ¡Frota, frota, pedazo de idiota! —Rieron mientras me dejaban allí dentro.

Nada más morir no tuve que sentir el espanto de estar encerrado en una caja: mi espíritu había volado mucho antes. Pero ¡qué distintas y terroríficas podían resultar las cosas en el Más Allá! «¡Hay que joderse, con lo claustrofóbico que soy! ¡A Dios gracias no podré vomitar ni sentir calor o marearme y quererme morir! ¡Si ya estoy muerto! ¡Ja! —pensé, estúpido de mí—. Si no fuese así, estaría derritiéndome por el calor, como en un aparcamiento de Sevilla centro en agosto». Froté el ataúd por si los maromos me habían dado una pista de cómo salir de allí; pero nada: siendo un espectro era imposible escapar. Tan solo un demonio sería capaz de devolverme a mi cuerpo y eso ahora casi prefería que no sucediera. Pedí socorro una y mil veces con palabras ahogadas; el resto de las almas no me oían y, aunque lo hubieran hecho, tampoco les habría importado una mierda. Solo cabía esperar un milagro.

No recuerdo francamente los días que sucedieron, pero no olvidaré cuando por fin acudieron para llevarme a declarar por segunda vez. Se oyó un golpe seco y una voz:

—¡Afuera! ¡La jueza te espera! —«¿Es que estos maromos solo saben hablar en pareado? Mira que son raros»—. ¿Qué? ¿Más tranquilo?

—Sí —contesté secamente.

Escuché la sentencia de pie, con el alma angustiada y deseando salir del tribunal con mi pena a cuestas, fuera la que fuera; impaciente por ver una vez más un cielo diáfano y una noche de estrellas. Como era de esperar, consideraron la pérdida de un elegido un asunto de extrema gravedad y por ello más adelante habría de rendir cuentas ante el Altísimo, y eso era trágico… Mi futuro era cada vez menos prometedor. Me prohibieron pisar mi residencia de siempre —la Morada de los Ángeles— y me aislaron por completo de mis antiguos compañeros, los ángeles rescatadores de almas; desolado, aterrado, desterrado, despojado de mi dignidad, pero con el firme propósito de encontrar a Bene cuanto antes porque hasta que no lo hiciese estaría castigado a deambular por aquella especie de aeropuerto caminando junto a las almas en pena. Por muy peligroso, arriesgado o espantoso que fuera, mantenía la esperanza de aunar el valor suficiente para salir a buscarle adónde quiera que estuviese. «Qué efímeros la felicidad, el amor, la fidelidad y qué inmortales el llanto, el odio o la traición», pensaba a menudo.

A medida que pasaban los días, mi existencia se encontraba más vacía. El recuerdo de Benedetto me asaltaba día y noche; no podía evitar recordar lo salvajemente abantado que fue en vida y el modo en que dejó rotas nuestras existencias: la de aquella muchacha y la mía propia. Aún a sabiendas de lo cabronazo que había sido, la mala conciencia me devoraba. ¿Cómo era posible que el Diablo le hubiese engatusado tan fácilmente? ¿De verdad le había encandilado con una simple carta? Y yo, estúpido de mí… ¿Lo había perdido por segunda vez? ¿En serio? Más desesperado que incrédulo, llegué a sospechar que todo había sido un espejismo.

Tenía que pensar rápidamente en algo, pero estaba tan sumamente agotado —desde que volví del Otro Lado no había dormido un solo día—, que opté por buscar algún refugio donde abstraerme y meditar. Las salas de espera estaban abarrotadas de almas, cada una a cuestas con su tragedia; allí era imposible concentrarme. Por fin encontré una sala despejada: un gran ventanal permitía divisar las pistas de aterrizaje y la luz de la luna lo atravesaba. Ocupada únicamente por una chica y su novio ahorcado junto a ella, podría ser un buen lugar para relajarme. Tiraban cada uno de un extremo de una soga y discutían enérgicamente de por qué el suicidio era tan propio de cobardes.

—¿Y tú qué sabrás, desgraciada? —le increpaba él—. ¿Sabes el arrojo que hay que tener para atarse una cuerda al cuello y colgarse de una lámpara? Tú, mala mujer, nunca lo comprenderás, aunque ahora veas con horror lo que tuve que hacer por tu culpa. Ni en mil vidas que hubieses tenido me lo habrías perdonado, ¿verdad? —Ella callada, asentía, seguramente porque no encontraba las palabras precisas.

Con la confianza de que en algún momento se callarían, me senté en un banco frente a ellos y traté de intimidarles lanzándoles una mirada desafiante. Nada, continuaron con la bronca ignorándome por completo hasta que en un momento dado mi mente dejó de escucharlos. Comenzaron a rendirse mis párpados y cayeron del todo cubriendo mis ojos. Quedé absorto en mis pensamientos, roto de agotamiento y vencido por el sueño. La campana del reloj central anunció las doce.

—¡Gabriel! ¿Me oyes? Dime que sí, por favor.

—Te oigo —le contesté airado en el duermevela—, ¿qué quieres? ¿Dónde demonios estás? No puedo verte. —Me incorporé de un salto—. ¿Habéis oído eso? —le pregunté a la pareja de novios.

—No hemos oído nada —respondieron extrañados.

Alcé los ojos al techo anhelando que la mirada de Bene se cruzase con la mía con la ilusión de volver a verle. Giré atolondradamente alrededor de los bancos de la sala y miré en cada rincón mientras la extraña pareja no me quitaba ojo: «Ahora creerán que estoy loco…». Dando por hecho que la voz había sido fruto de mi imaginación, volví a recostarme en el banco.

La situación dio un vuelco al amanecer, cuando advertí que el sonido de algo repiqueteaba al otro lado del cristal desde las pistas de aterrizaje. Alguien hablaba en voz muy baja y pausada, pero no entendía nada de lo que decía. Salí, pero no vi a nadie. Desde la torre de control me hicieron señas para que abandonara la pista: agitaban una bandera roja en señal de peligro, que significaba que disponía de unos cinco minutos para salir o, en caso contrario, me detendrían; pero me resistía a marcharme. Deseaba ardientemente que se tratase del alma solitaria de Bene que hubiese venido a comunicarse conmigo.

Decepcionado, dispuesto ya a volver a la sala, y convencido de que eran alucinaciones mías, un espectro agarró mis manos. Como si una descarga eléctrica me hubiera atravesado, caí al suelo y una náusea me hizo correr a vomitar al baño. Cuál fue mi sorpresa cuando al pasar frente al espejo me percaté de que había retornado a mi cuerpo humano, pero con un aspecto muy desmejorado: los ojos inyectados en sangre, una inmensa arruga dibujaba un carril que dividía en dos mi rostro, a ambos lados se precipitaban fofos mis pómulos; el pelo oscuro era lo único que aparentemente no había sufrido tanto. La patética imagen del espejo se rompió de un golpazo, esparciéndose por el suelo en mil fragmentos. Silencio y al rato el zumbido de un abejorro se adentró en mis oídos.

—¡Qué dolor! ¡Para, por favor! —Me introduje un dedo dentro del oído izquierdo y al sacarlo observé que un líquido negro salía del orificio: no era sangre, sino una sustancia pringosa y de olor repugnante—. ¿Eres tú, Bene? ¿Estás endemoniado y has venido a torturarme? —Pero seguía sin contestar nadie. El sonido y el dolor cesaron, y alcé la voz para amenazar al que yo pensaba era el cabronazo de mi elegido—. ¡Tú, fantasma endiablado! ¡No conseguirás volverme loco! ¡Si me despiertas con el único propósito de acojonarme, acabaré contigo! ¿Te enteras?

Apoyé los codos en el lavabo, bajé la cabeza e inspiré profundamente. Conté hasta diez: uno, dos, tres… y respiré hondo. Sentí el peso de mis alas. ¡Milagro! Volvía a ser un ángel. Salí del baño enardecido, furioso: si hubiese tenido una pistola en la mano, habría disparado en todas direcciones al aseo.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Un ángel y un nazi»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Un ángel y un nazi» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Un ángel y un nazi»

Обсуждение, отзывы о книге «Un ángel y un nazi» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x